Gracias, Santa Casa de Misericordia
Vivimos en una sociedad que a menudo da por hecho el trabajo de quienes cuidan de nuestros mayores. Por eso considero justo reconocer públicamente la labor de quienes, con profesionalidad y vocación, convierten una residencia en un hogar. Hoy, desde la tristeza por la pérdida de nuestra ama, queremos dar las gracias a todo el personal de la Casa de la Misericordia de Bilbao. Gracias por cuidarle. Gracias por acompañarla. Y gracias por hacernos sentir que estaba exactamente donde debía estar. Nuestra madre, ingresó en la residencia después de una delicada operación. Nos preocupaba especialmente cómo sería su calidad de vida en aquella nueva etapa, pero la realidad superó todas nuestras expectativas. Ella recibió los cuidados profesionales que necesitaba, pero también algo igual o más importante: cariño, cercanía, respeto y una atención permanente que hicieron que se sintiera acompañada y querida hasta el final de sus días.
El mes pasado cumplió 102 años. Un aniversario que pudimos celebrar gracias a la dedicación de quienes la cuidaron durante más de año y medio. Sabemos que alcanzar esa edad es un privilegio, pero también sabemos que recorrer ese último tramo de la vida con dignidad, bienestar y afecto no ocurre por casualidad. Eskerrik asko!