¿Con qué fin mide el Ayuntamiento el ruido de ocio?
Las mediciones de ruido de ocio en Bilbao que han dado lugar a la ampliación de las zonas afectadas no son un avance: es la prueba de un fracaso político. El Ayuntamiento reconoce ahora nuevas zonas prioritarias, pero lo que está admitiendo es que el problema se ha extendido como una mancha de aceite, sin adoptar medida alguna.
Desde hace años, el vecindario viene denunciando esta situación y alertando de que la zona afectada no deja de ampliarse. Primero fue Uribitarte, y ahora nuevas áreas se suman a una lista que no para de crecer. Todo ello confirma lo que ya estaba sobradamente estudiado: el problema no era de falta de diagnóstico, sino de falta de voluntad para actuar. El Consistorio nos habla de “medias anuales” de ruido, lo que no deja de ser un engaño estadístico para intentar minimizar el daño. El ruido real no se vive en abstracto: se sufre noche tras noche y día tras día durante los largos fines de semana en la villa.
Lo más grave es que, mientras el Ayuntamiento nos entretiene con mapas, índices y perímetros, sigue gastando dinero público en volver a medir lo que ya estaba demostrado desde el año 2018. Bilbao no necesita más estudios para saber que existe un problema serio de ruido de ocio en el espacio público. No necesita más excusas ni más dilaciones. Necesita medidas reales, inmediatas y eficaces. Necesita voluntad política para intervenir y poner solución a un problema que afecta gravemente a la salud.