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El mestizaje de la ternura

La presidenta de Madrid canta al “mestizaje” en medio de la nación que trata de cicatrizar la herida. La pomada del perdón siquiera tardío y a destiempo siempre será mejor que el irritante ensalzamiento de quien obró sin escrúpulos. Volquemos sobre la historia, aprendamos de nuestros graves errores, pero no ensalcemos la hora en que el indígena fue apresado, herido o muerto y la mujer forzada. Si esa era la forma de fecundarnos, de enriquecernos mutuamente, mejor no hubiera ocurrido. 

Estamos reencontrándonos tras una historia en la que nos hemos herido en exceso. En medio del actual proceso de mutuo acercamiento, no conviene glosar a quien sólo su recuerdo genera tanto malestar. Hernán Cortés entró en Ciudad de México con la fuerza de sus superiores armas. Eran otros tiempos en los que la violencia dominaba las relaciones humanas, pero no debiera caber la nostalgia de esa época, ni de sus, a veces, tan crueles actores, máxime si ese recuerdo enrarece los vínculos del presente.

El genuino mestizaje está llamado a ser libre y tocado de ternura, sin daga en cinto, sin cañones a la puerta, sin sangre y fuego por las calles… El mestizaje es positivo, va en la correcta dirección de la historia, apunta hacia el alto ideal de unidad en diversidad, siempre y cuando sea libre y voluntario, nunca impuesto. El que ejercimos en México lamentablemente así lo fue.