Ella frisaba los 40 y llevaba varias semanas reconcomiéndose porque sentía que su marido le engañaba con otra. Un día que su pareja dejó un rato el teléfono sobre la mesa para acercarse a la cocina, indagó con urgencia y encontró una foto de él con otra señora posando frente a San Mamés, sacó una foto con su móvil y dejó todo en orden.
Los siguientes días los pasó fatal, pensando si él estaría con ella o en la oficina, o si cada vez que decía que comía fuera de casa lo hacía en alguna habitación de hotel. Un continuo sinvivir de sospechas y celos. Una tarde que estaba sola quiso experimentar con la famosa foto, entró en un portal de IA y le pidió que generara una imagen de la pareja besándose, esperó inquieta un par de minutos y ahí aparecieron su marido y la anónima achuchándose en medio de la calle.
A partir de ese momento olvidó la foto robada y solo visionaba la nueva imagen, llevándole el beso hacia una rabia superlativa con harta frecuencia. Estaba a punto de estallar, cuando una noche, mientras el marido contestaba unos wasaps y veían juntos la tele, de repente él comentó: “Mira, la foto que nos sacó Patxi a mí y a la subdirectora que vino de la central de Fránkfurt y que se empeñó en conocer San Mamés”. Ella se descompuso y se puso a llorar contándole a su pareja que había tenido un día muy duro. En la cama borró las fotos que guardaba en su móvil.
Y luego dicen que la inteligencia artificial es perniciosa, que genera ideas falsas y que, lo mismo en el ámbito político que en el social o en el personal, nos equivoca y confunde. El problema, al menos hoy en día, es que nuestra inteligencia es la perversa, esa Inteligencia Natural creadora de las ideas pérfidas y mentirosas que la artificial inteligencia termina por convertir en realidades ficticias.