Hace tiempo que quien creía amigo me pidió le prestara un libro, lo que hice sin problemas pues soy de natural generoso. Pasados unos meses le recordé el préstamo y quedamos en un bar, lugar habitual de quedar los vascos. En la taberna comentó que se le había olvidado, no le di importancia, tomamos una cerveza, la pagué yo y vuelta a casa para quedar semanas después, ocurriendo lo mismo salvo que esta vez se metió un gin-tonic a mi cuenta. Tras ponerme serio, me comentó que, total, yo ya lo había leído, y le dije que se suponía que él también, y que me gusta tener conmigo lo que mío es. En fin, a la última lo conseguí y la ronda la volví a pagar.

Viene a cuento este recuerdo tras leer que el Gobierno Vasco ha logrado transferencias nuevas, alegrándome especialmente de los seguros agrarios, materia que trabajé para transferirla durante años para lograr nada. Se ve que ahora los de aquí son más listos, o quizás los que la tenían secuestrada están más necesitados. Y es que desde 1979, año de aprobación del estatuto de autonomía de Euskadi, todas las materias en él contempladas pertenecen al País Vasco, pero todos los españoles gobiernos se las han tomado al estilo de mi supuesto amigo, como si les hubieran sido prestadas, y no han querido soltarlas salvo que previamente hubieran hecho pagar rondas al PNV- estoy por ver a Bildu abonar votos en Madrid por transferencias a Euskadi- para lograr sus proyectos y presupuestos. Un día como hoy, Aberri Eguna, resulta especialmente relevante, y triste, evocar que Euskadi lleve 47 años apoquinando con votos en Madrid para intentar recuperar, de quienes sin serlo se llaman amigos, las (sus) competencias logradas por un referéndum en 1979, que nos llevan a hacer País y que deberían permitir avanzar en ir construyendo Aberri.