Ya iremos a lo del expríncipe inglés cuando se pasen las arcadas de todo el asunto. Pero la autopsia de hoy no puede eludir la fascinante -de un modo insano- situación vivida en Madrid con Isabel Díaz Ayuso y sus ‘pocholos’ -en Euskalherria, potxoloak, por su ego regordete-. Como al parecer iban como los huevos camperos, en cartones de media docena, el cese de uno ha provocado la dimisión de otros cinco, fieles a la fe en su líder -un tal Antonio Castillo- más que al sistema democrático. 

Castillo, cuya influencia sobre ‘los pocholos’ la habría querido para sí Charles Manson con sus acólitos, fue el ojito derecho de la presidenta y logró que ésta, entre cañita y cañita, le dejara manejar el área de Educación en Madrid. El visionario sostenía que no hace falta aprender inglés, con todos los hispanohablantes que hay en el mundo. El endógamo lingüístico fue construyendo líos allí donde podría haber habido soluciones y estrelló su predicamenteo contra el PP fetén de Madrid; no se debe navegar a la deriva en ese MAR.

La gota que colma

EH Bildu, en la estrategia de UPN

Asociaciones de municipios. Tras 40 años de priorizar la utilidad de la asociación vasca de municipios Eudel sobre el ego político de los partidos, EH Bildu revela para qué se incorporó, después de décadas de boicot estéril a través de Udalbiltza e impide actualizar el presupuesto para las herramientas de apoyo y gestión a los consistorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Bildu le hace a Eudel lo que UPN pretendía con la Federación Navarra de Municipios y Concejos: boicotearla por interés político ajeno a los presupuestos. En Nafarroa quedó en pataleta en el polvo; en Euskadi, sobre las cabezas de los ayuntamientos.


Ahora sí, vamos con Andrés, Epstein y los demás. Han pasado décadas para que empiece a asomar su impunidad. Pero tenemos prohibida la catarsis. Que la clase abusadora ajena dé con sus huesos en una mazmorra no nos libera de nuestros propios sátrapas. La posición de poder atrae a los acosadores como la mierda a las moscas.

No se sabe si es que están especialmente dotados para trepar mimetizados en las estructuras políticas o que algunas de éstas acaban premiando este perfil. Ya sea director de la policía, alcalde del PP o del PSOE, jefe de redes digitales de Vox o diputado de Sumar, el caso es que los presuntos siempre son los propios, y violadores, los ajenos. Y así nos va. Mención aparte para la horda. Para esos agentes que han difundido en chats el nombre de la compañera denunciante del director adjunto de la Policía. Se ve que en la OPE en la que sacaron plaza no había prueba de buena persona.