Quizás no se hayan percatado, pero esta semana, la palabra clave es SUPER, mejor dicho, el prefijo super, que en la mayoría de los casos se utiliza para expresar, “superioridad”, “excelencia”, “grado sumo” y/o “exceso”. Como dice Leticia Sabater, nos lo estamos pasando, superchachi.
Así, esta semana tuvimos conocimiento de una práctica engañosa que induce a error al consumidor final por parte de una empresa que utiliza como marca el nombre de una comarca, Goierri, en el momento de comercializar unos productos, en este caso alubias, pero hace lo mismo con las nueces, sin que se garantice al cliente del origen goierritarra del producto adquirido. Es la superatracción que lo local activa en una importante parte de los consumidores que buscan adquirir algo propio, de la tierra, de cercanía. Además, si esta práctica, es reforzada, por el punto de venta, recurriendo, a los superpoderes de la ikurriña, la bandera nacional vasca, indicando a través del a ikurriña que dichas alubias son locales, como se suele decir, tenemos el engaño superredondo.
Algo parecido ocurre con los productos, principalmente hortalizas, provenientes del Sahara occidental, que la Unión Europea ha permitido que se introduzcan en su mercado interno etiquetados como producto marroquí, lo que más allá de evitar la referencia a un pueblo ocupado a la fuerza por el reino alauita, para así superar el rechazo que ello pueda suponer para una parte de la población europea, y de paso, evitar los aranceles que le corresponderían.
Ahora bien, para super, tenemos a los supermercados de la cadena Mercadona que van como un tiro, tanto en el Estado español como en Portugal, y tanto es así que la firma valenciana en el año 2025 ha alcanzado casi el 30% de cuota de mercado, exactamente el 29,5% con lo que el superpoderoso Juan Roig tiene la misma cuota de mercado que las siguientes seis cadenas de supermercados todas juntas. No me extraña, por tanto, que las empresas agroalimentarias se maten a codazos para poder entrar en el grupo de empresas proveedoras de Mercadona, como es el caso de nuestra empresa láctea Iparlat, de base cooperativa, dado que, como suele decirse coloquialmente, fuera de Mercadona “hace mucho frío” y, ya se sabe que, con las cosas de comer no se juega.
Algo similar le ocurre a la Unión Europea que, ante las bravuconadas, guerra de aranceles y amenazas varias del matón de patio que es el presidente de los EE.UU., Donald Trump, en su opinión, el superlíder del mundo mundial, se ha lanzado, deprisa y corriendo, tras el supergolpe del parlamento europeo al tratado de Mercosur, a firmar un nuevo tratado de libre comercio, con una superpotencia como India que, discretamente, a la chita callando, pone sobre la mesa, un mercado abierto a su superpoblación que ronda los 1.500 millones de personas. Eso sí, en este caso, la UE se ha cuidado muy mucho de dejar fuera del acuerdo, productos, no super, si no hipersensibles como la carne de vacuno y los lácteos. Así, se comprende pues, que los productores europeos hayan acogido supertranquilos la firma de este acuerdo.
Por cierto, este jueves, 29 de enero, fue denominado por los medios de comunicación, como el superjueves de las movilizaciones agrarias y así, en este contexto, la ciudadanía vasca observaba cómo los tractores de los baserritarras surcaban las calles de Bilbao y Vitoria-Gasteiz, con muchas razones y lemas, puesto que sobraban los motivos para movilizarse, pero reconociendo que el rechazo al acuerdo de Mercosur era el mínimo denominador común de todas las tractoradas. Creo, en mi humilde opinión, que el rechazo a Mercosur, trasciende al acuerdo en sí, va mucho más allá de los puntos acordados y de su letra pequeña, habiéndose convertido en la espoleta de las movilizaciones de un sector productor europeo que se siente ninguneado, desamparado y abandonado por sus autoridades europeas que han priorizado unos sector económicos sobre otros y que no han dudado en sacrificar, el sector primario, en el altar de los acuerdos comerciales en beneficio de otros sectores más poderosos.
Ahora bien, no se crean que este planteamiento es exclusivo de las autoridades europeas, puesto que aquí mismo, en nuestra Euskadi, he llegado a escuchar al consejero de Economía y Trabajo, además de vicelehendakari, el socialista Mikel Torres, Torres, que públicamente reconoce el daño que Mercosur infringirá al sector primario si el acuerdo sale finalmente adelante, y por ello afirma que “habrá que poner una serie de medidas de ayudas al sector primario en Euskadi. Ya lo hemos hablado en el Consejo de Gobierno y lo estamos preparando en el caso de que eso llegue. Es un acuerdo importante y positivo, pero es verdad que al sector primario le puede hacer un poco más de daño”. Literal.
Una vez más, primero se aprueban medidas y acuerdos que hacen daño al sector, para después, sacar una supertiríta a modo de ayudas para que, a la postre, el sector primario siga dependiente de las ayudas. Mejor dicho, superdependiente.