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Luis Javier Tellería

Girando

En la noria gigante de Gasteiz aparece ama y la situación nos lleva a hablar de puertas giratorias. Le cuento que del anterior currelo en que tuve reuniones con sindicatos recordaba que dos de una gran empresa se criticaban porque el otro colocaba más trabajadores que ellos. Los nuevos currelas los elegían los sindicatos, que lo harían bien, pero ellos optaban en su entorno próximo.

Me dice que más que puertas giratorias eso es giro vertical, como el que conoció en cooperativas y otras compañías, en que los descendientes tenían prioridad para colocarse en la empresa. Me explica que padres, madres y cuñados como mecanismo de la noria giratoria para colocar a conocidos en la empresa es algo que hemos visto habitualmente y nunca nos ha escandalizado, incluso nos ha parecido razonable fichar a gente avalada.

Cuando le pregunto sobre los políticos, me dice que ellos también tienen relaciones a lo largo de su vida profesional pública, y cuando la terminan tienen derecho, como cualquiera, a continuar su actividad laboral y, lógicamente, como muchas otras personas, tiran de conocidos previos o estos tiran de ellos y terminan currando en sitios a los que son llamados o en los que los admiten porque han llamado a la puerta y, aunque está mal que a veces sea un favor, suele ser puro conocimiento previo. También me explica que suelen ir a puestos de cierta relevancia porque llevan muchos años en política, años que si hubieran dedicado a la empresa que dejaron, hoy podrían ser sus jefes.

Termina diciéndome que no le desasosiega mientras no contradigan su militancia política, pero que le perturba, lo mismo que Bildu felicite a Trump en su primera elección, que alguien asociado a un partido que denuncia lo hecho por ese tipo, agradezca al déspota abrir la puerta a una Venezuela mejor.