LA última polémica –por decir algo– en la política en el Estado es especialmente esperpéntica, es decir, es una metáfora a la –mala– altura de Valle-Inclán en la que los espejos deformantes devuelven el sentido trágico de la vida española. Más o menos. El caso es que la ministra María Jesús Montero describió al portavoz popular Miguel Tellado como “ese con gafas y poco pelo”. La chorrada ha alcanzado límites grotescos, claro –se ha llegado a decir que Montero ofende a los miopes y calvos–, y ha servido para que el PP sacuda de lo lindo al PSOE. Esto da para una película berlanguiana: No me tomes el pelo, que no te veo.