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La última ofrenda

ORIR, dejarse arder en su casa antes de ser desalojados de ella es la última ofrenda a la justicia que está dispuesta a hacer la familia Salhiya. Vecinos de Jerusalén, la ocupación del Gobierno israelí les quiere fuera de la ciudad triplemente santa y un millar de veces inmolada. Los Salhiya aún creen que la vida humana debería tener algún valor, al menos para retrasar lo inevitable. Porque la suya es una causa perdida como la de miles de palestinos antes que ellos. La indolencia es un potente narcótico y el velo de la impunidad flota en Palestina. No querer saber es condenar.