Saber

02.03.2021 | 01:01
Saber

UN dicho popular nos dice que el saber no ocupa lugar, aunque no es del todo exacto. Siempre queda registrado en alguna neurona. Además, ahora ya no es tan necesario. Es más útil usar el apéndice de nuestro cerebro, ese artilugio llamado teléfono móvil. ¿Para qué memorizar una fecha de cumpleaños, un teléfono móvil o el DNI? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué conocer la capital de Burkina Faso? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué estudiar la tabla periódica? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué memorizar? Consultar el teléfono es suficiente.

No. Nunca es suficiente. La creatividad y la intuición se desarrollan a partir de muchos conceptos, ideas y definiciones asimiladas que se solapan entre sí creando nuevas conexiones, las cuales amplifican nuestro conocimiento. Si la educación es saber qué hacer cuando no sabemos lo que hacer, es muy difícil tomar decisiones si hemos perdido la capacidad de usar el cerebro. Bien, eso es un debate conocido. De hecho, los gurús de Silicon Valley no quieren que sus hijos usen el móvil. Lógico y normal. No es solo el hecho del atontamiento mental. Hay algo peor: la adicción. ¿Qué ocurriría si el alcohol, el tabaco o las drogas fueran gratis? Se consumiría más. Como todas las consultas en las pantallas provocan reacciones semejantes en el interior nuestro cerebro, terminamos todos enganchados.

El tema de las redes sociales tiene una implicación más profunda. Enseña cómo la definición importa, ya que cuando afirmamos que son "sociales" les damos una visión no ajustada a la realidad. En verdad, son redes pero de pescar. Meditemos acerca de los mejores momentos de nuestra vida. Todos ellos son compartidos con alguien. Es complicado tener una felicidad plena consultando de manera permanente el móvil. Nadie se arrepiente, antes de morir, de no haber estado durante más horas consultando pantallas. Tampoco se arrepiente de no haber comprado un Ferrari o una joya más cara.

En este sentido, existen tres corrientes de pensamiento peligrosas. Uno, no es necesario saber ni desarrollar la memoria ya que todo está en el teléfono móvil. Bien, esta afirmación ha sido rebatida en el apartado anterior. Dos, hay que especializarse en algo muy concreto: así son los nuevos tiempos económicos. Sin ser falsa, esta afirmación no es correcta. El pensamiento multidisciplinar importa. Enseña a hacer asociaciones que no son simples a la vista. No consiste en estudiar carreras de ámbitos que no tengan nada que ver unos con otros; consiste en esforzarse por conocer otros ámbitos de conocimiento. Nada más, nada menos. Tres, el efecto tertuliano. Si queremos saber mucho de todo terminamos sin saber nada de nada. Ya comentaba Marlon Brando que "lo curioso de ser famoso es que te preguntan de todo y tus opiniones son tenidas en cuenta como si fueses un experto".

Esto es peligroso, ya que al final acudimos a simples ocurrencias, las cuales vienen determinadas por sesgo de disponibilidad (comentamos las ideas que están más de moda) y el sesgo de confirmación (solo nos fijamos en aquello que confirma nuestros pensamientos preestablecidos).

El saber está emparejado con el desarrollo humano. Hay una regla que demuestra la neurociencia: creer saber envejece, querer saber rejuvenece. La curiosidad, conocer, estudiar, aprender y desaprender nos lleva siempre a tener la sensación de crecer y hacer que nuestra vida merezca la pena. No está montado así el sistema de hoy: estamos rodeados de estímulos para consumir pronto y pedir prestado, no en comprar más tarde y ahorrar para el futuro.

Sin embargo, saber es fundamental. Amplía nuestro pensamiento y la visión del mundo. Nos aporta certezas generando nuevas dudas. Sin embargo, este coste siempre merece la pena. Así, querer saber sirve para aproximarnos a las grandes preguntas, aquellas que siempre nos han empujado a llegar hasta la sociedad de hoy. ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? ¿Cómo podemos mejorar la situación económica y sanitaria de la comunidad? ¿Cómo aumentar la calidad y la cantidad de nuestros años de vida? Si hubiésemos consultado estas preguntas a un teléfono móvil, no hubiésemos tenido respuestas. No nos imaginamos a los grandes líderes o científicos de todos los tiempos como Jesús, Einstein, el matrimonio Curie, o Hipatia de Alejandría pendientes de una simple pantalla. Los vemos como personas curiosas que siempre aprendieron para así poder enseñar y viceversa en un feedback sin fin.

Las opciones son muchas: astronomía, física, literatura, arte, matemáticas, senderismo, deporte, espiritualidad, arqueología, arquitectura, religión, psicología, sociología, economía, tecnología, medicina o estadística. Todo ello no está reñido con el entretenimiento: existen múltiples espectáculos de música, cine, danza o teatro conmovedores.

La expresión homo sapiens sapiens nos dice que "el hombre sabe que sabe". No podemos olvidarlo, como mi inolvidable alumno Ramiro Giménez Cara a quien van dedicadas estas líneas. Falleció en clase con tan solo 97 años.

Sabía que la actitud, no la aptitud, es lo que determina nuestra altitud.

Y quería seguir sabiendo.

Economía de la Conducta. UNED de Tudela

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