Desde Seúl a Santutxu

08.02.2021 | 01:09
José Manuel Etxaniz Makazaga.

aUNQUE la OMS (donde dije digo, digo Diego), todavía se muestre reticente y no descarte otras vías de contagio, a estas alturas existe consenso casi generalizado en el mundo científico de que la principal forma de transmisión del virus SARS-CoV-2 son los aerosoles, definiendo a estos como una suspensión de partículas de <5 ?m en el aire (o en un gas), que es lo suficientemente pequeña para alcanzar los bronquiolos y alvéolos respiratorios. De ahí la importancia del uso de mascarillas, de la correcta ventilación de las estancias que asegure la mejor calidad del aire que respiramos y del mantenimiento de un mínimo de dos metros distancia física entre personas no convivientes.

En un edificio de 16 pisos que alberga a 65 familias del bilbaino barrio de Santutxu se produjo hace unos días un brote de covid-19 con tres muertos, cinco hospitalizados y, tras el cribado del vecindario realizado por los técnicos sanitarios, 33 vecinos han dado resultado positivo. Los vecinos se quejan de la falta de limpieza del ascensor. No creo que sea el origen del problema. Un caso similar, que podría servir de orientación a los epidemiólogos bilbainos, ocurrió hace unos meses en Seúl (Corea del Sur) y lo publicó la revista científica International Journal of Infectious Diseases en su edición del pasado 16 de diciembre, firmado por el Dr. Seo Eun Hwang, de la Facultad de Medicina de Seúl, y sus colaboradores.

Se trata de la aparición de un brote de covid-19 a lo largo de una línea vertical, en un edificio de viviendas, más bien una colmena, de Seúl, construido en 1988, que cuenta con quince pisos y en cada uno de los pisos, entre 15 y 21 apartamentos. En el trabajo describen pormenorizadamente la investigación llevada a cabo por los sanitarios. Así, sabemos que disponen únicamente de dos ascensores y dos entradas en las esquinas del edificio, que cuenta con un conducto de ventilación natural a lo largo de cada una de las dos líneas verticales, desde la parte inferior hasta la azotea, conectado a cada apartamento a través del orificio del baño, careciendo de un extractor de aire con compuerta de contracorriente, es decir, un bloqueo físico para que el aire acceda al cuarto de baño desde el respiradero, porque en el momento de la construcción del edificio no era obligatorio.

Todo comenzó el pasado 23 de agosto de 2020 cuando una mujer, su esposo y la hija de ambos, que vivían en el sexto piso de un bloque de apartamentos, dieron positivo al covid-19. Al día siguiente, un niño de 19 meses que vivía justo en el piso de abajo también acusó la enfermedad, así como una la vecina del cuarto, también en la misma línea vertical que los dos hogares anteriores.

Las autoridades sanitarias decidieron hacer una PCR a todos los vecinos del edificio, en total 437 personas de 267 hogares, diagnosticando un total de diez casos en siete hogares. Curiosamente, todos los diagnosticados negaron conocerse y, por lo tanto, carecían de contactos interpersonales. También manifestaron que habían usado máscaras fuera de su domicilio, incluso en los elementos comunes como pasillos y ascensores. Dos negaron que los utilizaran. Los desagües del inodoro no estaban conectados con los del lavabo y bañera, lo que imposibilitaba en última instancia que un aerosol contaminado de virus por heces existentes en las alcantarillas, pudiera llegar a través del desagüe al cuarto de baño. Me extiendo en los detalles que especifican los autores en su trabajo, para dejar en evidencia la exhaustiva investigación de los inspectores sanitarios, auxiliados con planos del edificio.

La variación en la dirección del movimiento del aire en el espacio vertical depende de la temporada. En verano, como la temperatura dentro es menor y la densidad mayor que en el exterior, el aire del interior del edificio se desplaza hacia la parte inferior, recibiendo una fuerza descendente; esto se llama efecto de pila inversa.

Todo parece indicar que la primera persona infectada liberó el virus mientras se duchaba, al toser, cantar o, simplemente, respirar. El virus se combinó con el vapor de agua y se convirtió en aerosol en un ambiente naturalmente húmedo, lo que favoreció su supervivencia y transmisión; el ventilador mecánico en el baño pudo forzar el escape de los aerosoles al resto de los pisos, principalmente a los inferiores, y fue inhalado por las personas usuarias de los baños del resto de los apartamentos cuando se ducharon.

La primera conclusión rápida es que si tenemos constancia de que en nuestro bloque hay algún positivo, tendríamos que ir al baño de nuestra casa con mascarilla. Lo que nos faltaba. Otra conclusión sería no cantar, pero, sobre todo, asegurarnos de que el bloque dispone de un extractor con compuerta de contracorriente.* Doctor en Veterinaria

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