Del derecho a una vida

17.12.2019 | 18:58
Columnista José Luis Úriz Iglesias

VUELVO la vista atrás al no tan lejano 1992, en el que la pérdida de mi hermano por este monstruo me hizo implicar de lleno con quienes llevaban años en una desigual lucha, en concreto con la Comisión Ciudadana Anti Sida. Una época cruel en la que la ignorancia se llevó por delante una parte cualificada de nuestra juventud. La más sensible, creativa y rebelde, especialmente en la música y las artes.

Entre ellos, Javi, líder del grupo de rock Retales que se pateó los garitos de Madrid a finales de los 70 y principios de los 80. Jugaron inconscientemente a la ruleta rusa, intercambiando entre ellos la muerte que se llevó por delante a cuatro de sus cinco componentes.

Recuerdo de ese 1992 los esfuerzos por convencer al Parlamento de Navarra, del que en aquel instante formaba parte, para que aprobaran medidas que intentaran frenar la expansión de la pandemia. O la terquedad de aquel gobierno de Navarra de UPN empeñado en no entender que el uso del preservativo era una de las medidas más eficaces. Incluso, no sin cierta vergüenza ajena, aquel episodio que nos hizo ser noticia nacional, cuando descubrimos que el entonces consejero de Salud había dado orden de quitar el preservativo de un kit antisida cuya distribución se aprobó por el Parlamento después de una ardua lucha política.

No ha pasado demasiado tiempo de aquello y aunque todavía hoy siguen existiendo en nuestra sociedad reductos conservadores que defienden la abstinencia sexual como forma de evitar el contagio, algo hemos avanzado. Pero no conviene bajar la guardia . Hay síntomas para no hacerlo que se detectan especialmente entre los jóvenes. Por eso, este 1 de diciembre debe servir también para alertar a las autoridades de ese peligro: ni un paso atrás en esta difícil lucha.

Hay que continuar igualmente con el apoyo a las víctimas. Uno de los mayores problemas es la estigmatización de las personas afectadas, que aún se detecta desde sectores importantes de nuestra sociedad. Apoyo que debe ir dirigido no sólo a su atención sanitaria, también a la social, e incluso a la cultural o económica. Se ha avanzado bastante en este terreno desde aquel 1992, pero aún nos queda mucho camino que recorrer.

Pero no podemos, no debemos, quedarnos sólo en la atención de los más próximos, tenemos que alzar nuestra mirada y dirigirla a la tremenda e injusta situación en el Tercer Mundo, en especial en ese continente masacrado por las guerras, el hambre... y el sida: África. Sin olvidar el sudeste asiático, parte del Caribe y los países del este europeo.

Allí, cada día más de 8.000 personas mueren de sida. Cada hora, cerca de 600 personas se infectan. Y, lo que resulta aún más dramático, cada minuto un niño muere a causa del virus. En África la irresponsable actuación de las industrias farmacéuticas, impide que los medicamentos genéricos que existen y resultan mucho más baratos se puedan repartir. Constituye una forma de crimen colectivo, de genocidio encubierto, que debemos denunciar contundentemente. En tantos lugares con la colaboración de sectores de la Iglesia católica, empeñados en hacer campañas irresponsables contra el uso del preservativo.

Afortunadamente, el Papa Francisco está cambiando el sentido de la marcha de una jerarquía que marchaba de espaldas a la realidad, pero lamentablemente ese cambio va demasiado despacio.

Mucho se habla en la época actual de la defensa de los Derechos Humanos, pero ¿no es el principal el derecho a la vida? ¿Cómo consentimos entonces esta vulneración en masa? ¿Seguiremos mirando hacia otro lado, siendo cómplices de esta situación, cuando nos enseñan esas terribles imágenes?

Defiendo la relativa eficacia de los denominados días internacionales de?, porque cumplen la función de recordar, de volver a denunciar. Este nuevo 1 de diciembre también debe cumplirla. A quien ha tocado de cerca esta terrible enfermedad no le hace falta. Cada día pasa por la memoria imágenes del ser querido que ha sido arrebatado. La maldecimos mil veces. Pero para el resto de la sociedad sí resultan necesarios, aunque sólo sea para que no se olviden de que existe.

Por eso es necesario manifestar solidaridad con quienes la sufren, así como apoyo a las organizaciones que colaboran a pie de obra para hacerles la vida más fácil y prevenir que nuevas personas acaben sufriéndola. También denunciar y maldecir a todos aquéllos, sean gobiernos, industrias, instituciones religiosas, o políticas que impiden poner medios eficaces para evitar su progresión, ya sea abaratando las medicinas o con medidas preventivas eficaces como el uso del preservativo.

Este 1 de diciembre de 2019 es otro más en la lucha contra el sida. Nuevamente, el lazo rojo lucirá en las ropas, pero no debe quedarse exclusivamente en eso, ni ser solo durante este día. Que la implicación, la lucha, se traslade a los 365 días del año.

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