OPINIÓN

“Es cosa de la ETA”

Nafarroa, esa nueva trinchera que va a ser el comodín de todos los acosos. Vamos a oír nombrar mucho a Nafarroa aunque de ella ni saben ni les interesa. Las reglas del juego democrático funcionan mientras les beneficien, y ahora no les benefician

09.02.2020 | 11:52

NAFARROA tiene nueva presidenta, algo que te guste mucho o poco, y venga el conjunto acompañado de un "¡Ay!", representa un evidente alivio frente a lo que va implantando la derecha un poco por todos lados y que representa una seria amenaza a un sistema de derechos y libertades que no ha sido fácil construir. Solo puedes desear que las cosas no se tuerzan porque la amenaza de los empujones es cierta.

Nafarroa tiene nueva presidenta, gracias a los votos y a los pactos de gobierno entre partidos, basados en un programa de actuaciones concretas, pero "es cosa de la ETA", no de los navarros que no forman parte del "frente de derechas". Está claro que Nafarroa no es uniforme y más plural de lo que se dice, pero eso también "es cosa de la ETA". Para mí que entramos todos, pero igual es un caso de miopía la mía. En realidad, todo lo que no les gusta a los profesionales de esa navarridad que a muchos nos pone en fuga, lo es.

Cualquier voz disidente está animada por el amparo del crimen y si se trata de ocupar puestos de gobierno gracias a los votos y a coaliciones que ellos mismos se permiten, entonces ya es el acabose, el apocalipsis de las pistolas.

Los portavoces se emplean a fondo y nutren su discurso con enormidades muy aplaudidas por los navarroides de lejos que conocen Nafarroa de sus gorroneos y pelotazos -no les saques de la mesa puesta que pagan otros porque el resto no les interesa-, o por los que son alguien mientras se apliquen a echar bencina a esa hoguera desde sus palestras mediáticas. Nafarroa y los navarros en general, y muchos en particular, les importan un carajo.

Nafarroa, esa nueva trinchera que va a ser el comodín de todos los acosos. Vamos a oír nombrar mucho a Nafarroa aunque de ella ni saben ni les interesa. Las reglas del juego democrático funcionan mientras les beneficien y ahora no les benefician, entonces entra en juego la mentira, la ocultación maliciosa, la mala fe, como cuando se ha tratado de apagar los pufos económicos perpetrados mientras gobernaron entre cuadrilleros o de admitir que en ese terreno ha habido avances indiscutibles por lo que al saneamiento económico, la inversión pública necesaria, el empleo o a la sanidad se refiere... que es lo que importa, no lo olvidemos.

Había mucho por hacer y algo se ha hecho, pero no, "es cosa de la ETA", porque el progreso, la justicia y la libertad son ellos y solo ellos, aunque les siga un centelleante buscapiés de arbitrariedades, corrupciones y delitos.

¿Entenderán que estemos hartos de esa monserga etarra que oculta la falta de ideas y de aceptación de los más elementales principios democráticos? Lo dudo. Te guste o no, mucho o poco, Bildu es un partido legal que, si no me equivoco, opera dentro de la legalidad. Pero pedir que admitan eso es mucho pedir. Lo necesitan porque sin enemigos son poca cosa. No hay que esforzarse mucho para ver que la oposición de este frente de derechas a lo que ya representa la actual presidenta de Nafarroa va a ser ruidosa y bullanguera, propia de profesionales de la camorra. El bureo de estos días solo ha sido un ensayo con actores ya muy usados en su papel de buscarruidos.

No negaré que haya insalvables antipatías, como la que suscita la presencia de parásitos sociales en el púlpito ideológico de la peor derecha, pero eso forma ya parte de la vida nacional: un asco insalvable que se precipita en encono, desprecio, ausencia de respeto mutuo e insultos en morteradas con los que al parecer se convive tan ricamente.

Apuntillar es un signo de cultura democrática, esto es, que en realidad este es un país con mucho sol, más tinto de verano, pero en el que se convive a cara de perro como si esto fuera un atractivo más para disfrutar porque si no, no se entiende.

No es difícil verlo, aunque sí lo sea mantenerse al margen, no contagiarse, no afilar la navaja, no entrar en el juego de las respuestas a bote pronto...

Ah, sí, se me olvidaba, algo de verdad importante: a ver cuánto dura la fiesta.

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