Iritzia

Estimular la diversidad en las empresas

09.02.2020 | 00:54

DESDE nuestras instituciones públicas se está haciendo un esfuerzo especial para atraer profesionales vascos que trabajan fuera, a fin de contribuir a mejorar la competitividad y proyección internacional de nuestras empresas. Sin embargo, si no dedicamos esfuerzos semejantes a impulsar la diversidad en nuestro entorno social y empresarial, difícilmente conseguiremos retener a estos profesionales que tanto está costando traer.

Pero ¿cómo puede ser si como en Euskadi no se vive en ninguna parte y, por otro lado, tenemos ya empresas con una presencia internacional muy fuerte?

Para dar respuesta a esta pregunta, me remonto al 2008, año en el que me incorporé, junto con otras 15 personas, al Global Samsung Strategy Group en Seúl, una consultoría interna del grupo Samsung que cumple entre otras cosas la función de "plataforma de aterrizaje" para jóvenes que atraen de universidades internacionales de todo el mundo. Fue una experiencia que me permitió vivir de primera mano el proceso de cambio que habían iniciado tanto la empresa, como el país en general.

Corea del Sur, como Euskadi, se caracteriza por una economía muy industrial con empresas muy internacionalizadas como Samsung, LG, Hyundai o Kia, por mencionar algunas. Cuenta también con una sociedad que durante generaciones ha mantenido una fuerte unidad para luchar contra invasores externos y una cohesión social que ha sido clave para conseguir el crecimiento económico que ha tenido el país, que ha pasado de tener un PIB inferior a Kenia en 1950 a ser una de las economías más fuertes, con un PIB bastante superior al del Estado español en 2018.

Sin embargo, se trata de una sociedad que tradicionalmente ha sido muy homogénea y jerárquica, en la que los mayores mandan y los jóvenes obedecen. Esta cultura se traslada también, por supuesto, a las empresas, con lo que no es de sorprender que algunos de los que llegaron a Samsung entonces no esperaran mucho tiempo para buscar alternativas que les permitieran volver a Occidente.

Samsung, siendo consciente de la necesidad de cambiar las estructuras tradicionales, decidió invertir millones de dólares en traer el mundo a Corea, creando un entorno cada vez más diverso que hiciera que, poco a poco, la empresa fuera cambiando su forma de actuar y pensar. Esta inversión se complementó con un cambio radical al nivel más alto de la organización, relevando a aquellos que habían liderado el crecimiento de la empresa hasta el éxito de entonces y dando oportunidades a la siguiente generación.

Este cambio también se está percibiendo en la sociedad coreana. Hace diez años, el sueño de cualquier estudiante universitario era entrar en Samsung o en otro de los grandes conglomerados empresariales y tener un trabajo asegurado de por vida. Hoy en día, los jóvenes buscan incorporarse a empresas más pequeñas o crear su propia empresa a través de las numerosas ayudas que proporciona el gobierno.

Este empuje por introducir una mayor diversidad en la sociedad ha hecho que Seúl se haya convertido en una ciudad mucho más internacional de lo que era hace una década. En 2009, a los occidentales aún nos miraban con curiosidad por ser "diferentes". Sin embargo, hoy en día el interactuar con extranjeros de forma habitual se ha convertido en algo normal, un cambio que ha ocurrido de forma vertiginosa en pocos años.

¿Y por qué este cambio y por qué tan rápido? Porque los líderes de los diferentes estamentos del país entendieron que, si no conseguían romper con sus formas tradicionales y fomentar una mayor diversidad en la sociedad y en las empresas, no podrían atraer y retener el talento necesario para que el país pudiera seguir creciendo.

A una escala menor, la situación de Euskadi no es muy diferente. El retorno de alguien que ha vivido y trabajado fuera es una experiencia difícil, más aún si viene con una pareja que no es vasca

Por supuesto que es muy importante seguir fomentando el euskera y nuestra cultura, pero al igual que han hecho los coreanos, considero crítico el introducir una mayor diversidad en nuestra sociedad y en nuestras empresas para poder seguir creciendo como país. Y eso requiere de programas que a la vez que promocionamos la internacionalización de nuestras empresas, ayuden a traer el mundo a Euskadi.

Al final, a todos nos interesa que estas personas y familias que vengan de fuera (sean o no vascas) vean Euskadi como un sitio donde puedan establecerse y educar a sus hijos en un entorno multicultural e internacional.

Para ello hace falta mejorar el nivel de inglés en nuestra sociedad. Es indispensable, además, animar a los jóvenes a que exploren el mundo y vivan temporadas en el extranjero. Es preciso, quizá, que las empresas tengan menos miedo a contratar e integrar en sus equipos perfiles internacionales. Es primordial también que la educación ofrezca una mayor diversidad cultural e internacional en sus programas, a la vez que cultivan nuestra identidad y nuestra lengua.

Algunos de estos pasos ya se están dando, pero es necesario acelerar el proceso para que la siguiente generación no se encuentre con que Euskadi y sus empresas han perdido competitividad y creatividad en un mercado global en el que países como Corea del Sur seguirán avanzando en la gestión del cambio y en su adaptación a la nueva realidad a una velocidad muy superior a la media.

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