tHOMAS Piketty es un economista francés que ha generado un gran debate mundial con su libro publicado en septiembre del año 2013 El capital en el siglo XXI. Todavía no ha sido publicado en español, pero en Estados Unidos ha generado una gran controversia. El libro habla de la desigualdad, expone una gran cantidad de datos estadísticos y demuestra cómo después de unos años de bajada la desigualdad está volviendo a aumentar.

Es curioso lo de la desigualdad. Se calcula mediante un indicador estadístico llamado Índice de Gini y su valor oscila entre cero y uno. Así, si vale cero, todos tendrían la misma riqueza. Si vale uno, una única persona tendría toda la riqueza del país. Lo que ocurre es que según se valore (por países, por zonas de países, ciudades?) su valor puede oscilar. Vamos, que eso hace que para unos economistas (los más) la desigualdad está aumentando y para otros (los menos) esté pasando lo contrario. Estadísticas, estadísticas. Ya se sabe, “si tienes un conjunto de datos y los torturas lo suficiente acaban demostrando lo que quieres”.

Volvamos a Piketty para comprender su tesis central. Para ello, pensemos en una empresa que desea crecer, para lo cual pide dinero prestado a un tipo de interés r, por ejemplo el 3%. Si lo hace, es debido a que espera tener una rentabilidad mayor del 3%, ¿no? En caso contrario su negocio se va a la ruina.

Traslademos este argumento a los países. En este caso, lo que esperamos no es una rentabilidad, claro está, lo que queremos es una mayor tasa de crecimiento económico g. Si la economía crece más del 3% es rentable pedir prestado, ya que habrá más movimiento de dinero y no tendremos problemas para pagar la deuda. Un ejemplo estándar de este supuesto viene dado por el plan PIVE, que son las subvenciones que da el Gobierno cuando una persona se va a comprar un coche. Aunque es razonable gastar dinero para sostener un sector económico estratégico, todavía es mejor si lo que recupero vía impuestos es mayor que lo gastado, ¿verdad?

Y así hemos llegado al punto central de la discusión. Como el crecimiento económico (g) es menor que el tipo de interés medio (r), lo que ocurre es que vamos a estar pagando intereses de forma perpetua (casi mil euros por cabeza en España). Ahora bien, esa cantidad de dinero, ¿dónde va? Pues a los grandes bancos y a los fondos de inversión. Así, la desigualdad aumenta de forma perpetua e irreparable. Es cierto que parte de ese dinero revierte a las clases medias (ahorros o planes de pensiones privados) pero la mayoría va a hacia arriba. Más aún, la injusticia todavía es más lacerante para las clases más bajas, las formadas por las personas que no pueden ahorrar ya que sólo aspiran a pagar su hipoteca y a tener una mínima pensión pública. Resulta que parte de lo que pagan de impuestos son rentas de ahorro para las clases más altas. Es el efecto de Robin Hood al revés.

Piketty ha recibido críticas enormes ya que ha sugerido para arreglar el problema unos impuestos enormes a las rentas más altas, entre el 70% y el 80% de la renta. Entiendo que eso es discutible, pero ya se sabe que “cuando una mano apunta a la luna el necio mira el dedo”. Y el problema central es el que es: como r es mayor que g, las desigualdades aumentan.

Así estamos en el gran dilema de las políticas económicas actuales: si gasto más, me endeudo y tengo que pagar unos intereses enormes en el futuro, intereses que acaban siendo muchas veces la deuda inicial. Si gasto menos, muchas personas se quedarán sin recursos presentes y tengo graves altercados sociales.

Una solución muy sencilla sería que el Banco Central Europeo preste a los gobiernos al tipo básico, ¿no? Lo que ocurre es que los bancos se quedan sin sus ganancias regaladas y eso no puede ser. En fin, eso es un debate al que habrá que volver en alguna otra ocasión.

A partir del próximo 22 de septiembre, el tráfico de drogas y la prostitución entran en el cálculo del Producto Interior Bruto, PIB. Una forma muy elegante de generar crecimiento económico, sí señor. Pero no hay que olvidar un requisito fundamental: debe ser un intercambio libre. Francia considera que muchas mujeres son víctimas de la explotación sexual y, en consecuencia, como no se cumple ese requisito, no va a incorporar ese dato a sus cuentas.

Muchas prostitutas tienen deudas con las mafias que les han traído hasta Europa. En la calle controlan todos sus movimientos y sus ingresos. Además, las mafias les venden todo lo que necesitan para vivir, de manera que idean mecanismos para que las prostitutas no dejen nunca de pagar la deuda de manera que así el negocio es eterno.

Si ahora comparásemos países endeudados con prostitutas, ¿qué diríamos?