Resulta que para que sea delito estafar a Hacienda hay que defraudar un mínimo de 120.000 euros al año. ¿Se imaginan cuántos cientos de miles de euros hay que ganar al año para poder defraudar más de esa cantidad? Pues precisamente el último escándalo de la Agencia Tributaria relacionado con en el caso Nóos ha sido validar una facturas que previamente había dado por falsas para que la cantidad defraudada por la infanta y su cónyuge no sobrepasase los 120.000 euros. Y si este caso ya le costó el cargo a la directora de la Agencia por los errores en la venta de propiedades con el DNI de la hija menor del rey, que finalmente acabaron achacaron a los notarios, ahora salta a la luz otro polémico caso al cesar a una inspectora de Hacienda por querer sancionar con una multa de 450 millones a la multinacional Cemex, lo cual provoca que su jefe directo dimita en señal de apoyo y unos días después dimite el director de Inspección Financiera por desacuerdos con el nuevo director general del organismo, lo cual provoca a su vez otra cadena de ceses de altos cargos y su sustitución por afines al nuevo director.

Y ya para rematar, resulta que la mitad de los inspectores son puestos a dedo por el partido gobernante como cargos de confianza, supongo que confiando en que no les investiguen, y que 214 inspectores de Hacienda de los que obtuvieron el cargo por oposición piden la excedencia para pasar a trabajar para las mismas empresas que investigan.

Puede que Hacienda seamos todos, pero está visto que unos más que otros y que al final siempre pagamos los mismos...

Jonathan Calvo Rueda