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Un gobierno de contención

La muy limitada reforma de su Ejecutivo planteada por Zapatero responde más al condicionante de la estabilidad frente al acecho de los mercados que a un adelanto electoral que dependerá de la evolución económica a la vuelta de las vacaciones

LA muy limitada reforma del Gobierno español anunciada ayer por José Luis Rodríguez Zapatero para solventar la salida del Ejecutivo de quien pretende sucederle, el hasta ahora ministro de Interior y portavoz, Alfredo Pérez Rubalcaba, se ha tratado de explicar en la seguridad de que Zapatero (y Rubalcaba) habría decidido adelantar a la última semana de noviembre las próximas elecciones generales, previstas en principio para el mes de marzo del próximo año. Esa posibilidad se ha alimentado incluso desde las mismas filas socialistas aduciendo a la inconveniencia de mantener durante ocho meses y medio un gobierno que se sabe caduco y que, a lo sumo y como mal menor, podría no contribuir a ahondar más la crisis política y electoral que llevó al PSOE a la debacle el pasado 22 de mayo en las elecciones municipales y autonómicas en el Estado. Y en la esperanza de que los próximos cuatro meses sean suficientes para separar a su candidato y al PSOE de ese desastre. En ese supuesto, no sorprende ni la elección del segundo de Pérez Rubalcaba en Interior para suceder a este al frente del Ministerio ni que José Blanco, quien ya había ejercido siquiera en funciones hasta el advenimiento de Pérez Rubalcaba a la portavocía, se haya hecho con el micrófono tras los Consejos de ministros, aunque sí llame la atención que lo haga justo después de que el ahora candidato socialista entregará la responsabilidad de su campaña a Elena Valenciano en detrimento del propio Blanco, quien había liderado los otrora éxitos electorales de su partido. En cualquier caso, se demuestra que el feeling entre Zapatero y Ramón Jáuregui, teórico principal candidato a la portavocía, es tan limitado como la propia reforma. Sin embargo, en la contención con que Zapatero ha paliado la marcha de Pérez Rubalcaba ha influido -y quizás mucho más que el presumible adelanto electoral- la situación económica en el Estado y en Europa con la escalada de la prima de riesgo, que ayer alcanzó récords históricos por encima de los trescientos puntos básicos, con los mercados acechando a Italia y a España como no hace tanto acechaban a Portugal y por tanto con la necesidad de ofrecer la mayor estabilidad posible, o la imagen de mayor estabilidad posible, tanto en Bruselas como a los mercados. Una reforma de mayor calado, además de poco operativa a ocho meses vista -menos si el horizonte es de cuatro meses- no hubiera contribuido a ello. De ahí también el respaldo, mínimo pero respaldo, de Zapatero a la ministra de Economía, Elena Salgado, quien pasa de vicepresidenta segunda a vicepresidenta primera; lo que no solo la refuerza dentro del propio Gobierno sino, especialmente, de cara al exterior. Porque, pese a todo, que el fin de la legislatura llegue en marzo o en noviembre dependerá de la evolución de la economía en el Estado y en Europa a vuelta de vacaciones.