Síguenos en redes sociales:

Ahora, la soja

Alemania señala ahora a los brotes de soja de una productora de Baja Sajonia como el origen del brote de 'E.coli', aunque, como en el caso de los pepinos, aún carece de las pruebas definitivas del laboratorio, con lo que se incrementan las dudas

TRAS el tremendo fiasco al haber acusado a los pepinos andaluces como origen de la bacteria E.coli que ha causado una justificada alarma alimentaria en toda Europa, las autoridades alemanas han señalado ahora a un nuevo producto como causante de la expansión de la epidemia: los brotes de soja. Lo han hecho, de nuevo, sin las pruebas suficientes y tomando medidas drásticas, como el cierre preventivo de la planta donde se cree haber localizado el origen y la recomendación a la población de no consumir brotes. El problema es que, en efecto, los indicios -y de momento solo indicios- apuntan a esta factoría ubicada en Uelzen, al noreste de Baja Sajonia, como origen del brote de la ya denominada bacteria asesina, que ha causado la muerte hasta ahora a 22 personas, la mayoría de ellas en Alemania. Pero los resultados definitivos del laboratorio no se conocerán previsiblemente hasta esta tarde. No resulta sencillo, ni siquiera para la muy avanzada industria sanitaria e investigadora alemana, atajar una crisis como la que se está viviendo con la bacteria E.coli, pero la gestión que están realizando las autoridades germanas no es precisamente modélica. Es de esperar que, en esta ocasión, se haya acertado con el origen real del contagio -también se ha señalado a la carne, por ejemplo-, tanto porque eso supondría que la epidemia puede atajarse con garantías en un tiempo relativamente breve como porque podrían articularse desde el primer momento medidas preventivas sobre los productos potencialmente peligrosos y solo sobre ellos, evitando así un golpe brutal y de efectos desconocidos pero en cualquier caso con pérdidas millonarias para el sector agrario. Con todo, la planta de Baja Sajonia señalada como causante produce, además de soja, brotes de otras semillas como garbanzos, lentejas, ajo, brócoli y alfalfa, con lo que los efectos sobre estos productos van a ser, en cualquier caso, muy duros porque los consumidores, en buena lógica, se retraerán de adquirir esos artículos. Ello significa que, ya que la crisis afecta a todo el viejo continente, la Unión Europea, cuyos ministros de Sanidad se reúnen hoy para analizar el problema -más de una semana después de saltar la alarma-, deberá articular medidas no solo de control de los productos sino también planes de ayuda para los productores, cuyas economías van a sufrir un fuerte impacto negativo. No en vano, y pese a la nueva teoría que apunta a los brotes de soja, Alemania sigue manteniendo la recomendación de no consumir pepinos, tomates, lechugas y otras verduras crudas. A la espera de que se confirme el origen real de la contaminación de la E.coli y de las medidas que adopte la UE, lo cierto es que Alemania ha dado muestras de precipitación y desconcierto que han terminado por alarmar aún más a una población preocupada tanto por esta epidemia como por las continuas y recurrentes alarmas alimentarias.