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El brillo del titanio, la fuerza del acero

La estrecha alianza forjada por la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao, que tiene su norte en la construcción de país, contrasta con las reticencias del Gobierno López a varios proyectos clave y con su empeño por diluir la identidad vasca

EL titanio que da lustre al museo Guggenheim y el acero que integra el código genético del Palacio Euskalduna, su aleación, su mezcla, su vecindad a orillas de la ría, constituyen la ejemplificación perfecta de la alianza tejida por la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao en los últimos años, más intensa y prolífica que nunca en la última legislatura, la de la segunda revolución de la capital vizcaina. Desterrados los afanes de protagonismo y las aspiraciones personales de otros tiempos y otras latitudes, la sintonía y complicidad que rigen la relación entre el diputado general, José Luis Bilbao, y el alcalde, Iñaki Azkuna, desbordan el ámbito de lo personal para traducirse en progreso, riqueza, bienestar y ocio para el contribuyente, fines que deben guiar los pasos de la acción política. Esto ocurre hoy en Bilbao y en Bizkaia, hecho que aporta como prueba de su certeza infinidad de realidades y proyectos.

Los beneficios que la colaboración entre las dos principales instituciones vizcainas ha reportado (y reportará) a sus ciudadanos en las últimas décadas (y en los próximos años) se cuentan por decenas: Guggenheim y Euskalduna, el metro (sin el que hoy sería imposible comprender Bilbao y Bizkaia) y su imparable expansión, el tranvía, la recuperación de la ría como espacio de vida, disfrute y esparcimiento, la inminente Supersur, el flamante polideportivo y el rotundo frontón de Miribilla, el nuevo y vanguardista campo de San Mamés, los accesos a Bilbao por Olabeaga (incluida la supresión del vial de Sabino Arana), las avenidas Zumalakarregi y del Ferrocarril... Conquistas de cemento que no han distraído a Diputación y Ayuntamiento de su misión más trascendente, el que compete al tejido humano. En un entorno de masiva destrucción de empleo y deterioro social, Bilbao y Bizkaia están logrando capear el temporal, manteniendo cotas de empleo, riqueza y solidaridad envidiadas en nuestro entorno.

El último fruto de esta fecunda colaboración lo constituye la nueva estrategia turística común de Diputación y Ayuntamiento. Se llama BI2 y consiste en algo tan sencillo (pero efectivo) como ir de la mano a la conquista del mundo; en dar a conocer, allá donde se juega el gran partido del turismo internacional (Shanghai, Singapur, Nueva York, Milán...), la enorme riqueza natural, cultural, gastronómica, deportiva y humana que atesoran Bilbao y Bizkaia; en actuar sin localismos ni provincianismo, pues el bien del uno será el bien del otro. Esta apuesta por hacer país colisiona frontalmente con el empeño, casi obsesivo, del Gobierno vasco por diluir, también en lo turístico, la singularidad vasca. Para ello, Lakua ha vinculado (y subsidiado) la oferta turística de la CAV a la de España ("I need Spain"), sin importarle la evidente fagocitación de la marca Euskadi. BI2 es todo lo contrario: consiste en poner en valor el enorme potencial de los bilbainos y de los vizcainos. Y de los vascos, por supuesto.