“Contar la realidad de unos chavales de veintipocos ha llevado a poder reivindicar algo”
Tras pasar por el Aiara Fest en Amurrio, el grupo de música extremeño continuará por Euskal Herria con conciertos en Santurtzi, Cascante o Donostia
A muchos nos ha pasado lo mismo. Salimos de un instituto un mes de junio, con 18 años, sin saber dónde estaba nuestro destino. Y aunque “del terruño y de la espiga perfuma’os hemos nacío”, nos vimos obligados a dejar nuestra tierra en busca de oportunidades, convirtiéndonos en “aquellos amigos míos / que lejos un día emigraron / nunca olvidan a su tierra / que ansiona les está esperando”.
Esa es la historia de algunos, de muchos de nosotros, pero también la de Sanguijuelas del Guadiana, una banda de música conformada por tres amigos nacidos en la Siberia Extremeña, en Casas de Don Pedro: Carlos Canelada, Juan Grande y Víctor Arroba. Con una música por bandera pintada de verde, blanco y negro, viajan por todo el Estado con su propia Verbena en vena para que no se nos olvide que “pa’ no perder el camino / si no está to perdío / juro que volveré”.
Habéis donado a la Banda Municipal de Casas de Don Pedro, vuestro pueblo, 11.500 €. ¿Nace todo de vuestra ilusión por la música?
-Cuando tú has empezado en la música, ahí en esa banda, y has vivido esa falta de recursos de que necesitas instrumentos y no hay para comprarlos... Ya, que haya una Banda Municipal en un pueblo es algo muy importante, pero hay que entender que se llega hasta donde se llega siendo un pueblo tan pequeño. Nosotros siempre lo pensamos con la ilusión que a nosotros nos haría que, de repente, aparezcan allí unos timbales... Que el chaval que esté allí flipe y aprenda a tocarlos, o que llegue un saxofón de otra forma (barítono, tenor...) y pueda aprender a tocarlo... No sé, nos hace ilusión eso de que los niños y niñas del pueblo se motiven con la música y puedan volver a aprender cosas nuevas.
Es una ilusión compartida, ya que os homenajearon tocando Cien amapolas allí donde tenéis los azulejos...
-Sí, claro. Nosotros hemos empezado a tocar ahí. Te has dado cuenta de que te gusta la música por ese sitio y con esa gente, hay que estar agradecido de por vida con eso.
En Revolá cantáis: “Suerte la tuya de poder vivir onde naces”. Muchos nos fuimos a estudiar fuera y no volvimos, pero vosotros sí...
-Nosotros hemos tenido la oportunidad. Siempre lo decimos, estábamos en Madrid y decidimos volver a la casa de nuestros padres -al pueblo- para hacer un disco. Mucha gente no tiene esa oportunidad, porque tiene que quedarse trabajando ya directamente en la ciudad. Dijimos: “Vamos a echar un año en esto de la música, a ver qué tal sale... Vamos a probar suerte de estar las 24 horas del día haciendo música con todo destinado a este proyecto”. Hemos tenido la suerte de que ha podido funcionar hasta la fecha, y de poder seguir viviendo en el pueblo. Seguramente, si no nos hubiese funcionado, nos hubiésemos tenido que ir como la mayoría de jóvenes de nuestra edad.
No habéis perdido el acento, esta extremeña sí... Y eso que estáis girando por todo el Estado.
-El acento es algo que no se nos va. Siempre que hemos vivido fuera del pueblo..., (risas) Juan y yo hablábamos mucho de cuando vivíamos en Madrid, que muchas veces nos frustrábamos porque no se nos entendía. Teníamos que repetir las cosas muchas veces, prefieres hasta no hablar para no tener que repetir las cosas tantas veces. Las expresiones que usamos nos pensamos que se usan en todo el mundo, y también las usamos en las canciones. Entonces, es complicado. Pero vamos, que el acento sigue ahí.
El pasado 29 de mayo estuvisteis en el Aiara Fest de Amurrio, el año pasado en Bilbao y en Pamplona... ¿Cómo os recibe el público de Euskal Herria?
-La verdad es que siempre que hemos estado por allí han sido conciertos muy guapos, con gente que te acoge como en su casa. Deseando volver.
Volvéis este 15 de julio a Santurtzi, pasaréis por Donostia y en septiembre por Cascante con la gira Verbena en vena. ¿Cómo se vive esta experiencia en equipo?
-Es lo que tú dices, es un logro de todo un equipo, no solo de la gente que se ve tocando. Es un logro de la gente que ha apostado por esto, renunciado a muchas cosas, como nosotros. Cuando la cosa empieza a funcionar, toda esa gente que ha estado allí desde el principio se siente parte de lo que está pasando. La gente de nuestro pueblo también es como si fuese de la banda, con cada cosa que pasa se sienten más orgullosos que nosotros de lo que está pasando.
En Llevadme a mi Extremadura rendís homenaje a otros artistas extremeños como Los Cabales de los 80. Sois un puente entre generaciones.
-Queríamos usar una canción con la que bailaban nuestros padres y abuelos. No queremos que eso se quede en el olvido, sobre todo para la gente joven, ¿sabes? Esto tiene que ser algo actual, porque es música como cualquier otra, y creemos que tiene unos valores que mucha música de ahora no tiene. Queríamos hacerla a nuestra manera y la verdad es que ver que ahora los chavales jóvenes pueden escuchar esa canción, pues nos llena de orgullo también.
Temas que por desgracia se asocian con Extremadura como la despoblación están presentes en vuestras canciones. ¿Vuestra intención es visibilizarlos para que algo cambie o es puro entretenimiento?
-Siempre decimos que nosotros lo único que queríamos era hacer una banda y hacer canciones. Luego, esas canciones hablaban de nosotros. Habernos quejado de cosas ha sido una consecuencia de hacer esas canciones. Lo único que queríamos era contar la realidad de un pueblo de mil habitantes, como puede ser en Extremadura o en Burgos... Entonces, contar esa realidad de unos chavales de veintipocos años en ese pueblo ha llevado a poder reivindicar algo, pero no era nuestra intención.
Yo me he bañado en el Ruecas y nunca me ha atacado una sanguijuela. De vosotros no sé si se puede decir lo mismo...
-(Risas). A ver, hay sanguijuelas de vez en cuando, pero cuando éramos pequeños, nuestros padres no querían que nos bañásemos solos. Siempre que íbamos a la orilla nos decían: “Venidse pa’ aca’, que vais a salir llenos de sanguijuelas”. Y a nosotros nos daba como miedillo, pero era más una cosa de nuestros padres, para que no nos bañásemos solos cuando éramos pequeños.
¿Abrís el horizonte para hacer colaboraciones en un futuro con otros artistas?
-Sí, a nosotros nos encantaría. Cualquier persona con la que notemos que tenemos sintonía y que podemos hacer cosas guays, nos encantaría. Claro que sí.
¿Habéis notado grandes choques culturales cuando habéis venido a Euskal Herria?
-No es tan distinto como la gente dice que es. Hay mucha cultura de ir de bares, de pintxos, de gente bastante unía en to’s laos... Tampoco vemos que sea una cosa distinta. Más pa’ bajo hay gente bastante campechana, pero allí también, y hacen lo que puedan porque estés bien. Creemos que es bastante similar, aunque la gente lo pinte distinto.
Para aquellos que están lejos y que sienten esa revolá al escuchar vuestras canciones, ¿qué mensaje les queréis dar?
-Que la gente se pare a pensar si se va fuera, o lleva fuera ya tantos año, porque de verdad se ha tenido que ir, o porque se le educó en esa cosa de que se tenía que ir fuera si quería prosperar en la vida. A nosotros lo que nos pasó fue un poco eso: llegan los 17 o 18 años y te vas de tu casa, y a lo mejor no te querías ir... Pero como se te educó en eso directamente, no te paras a pensarlo. Luego, está claro que hay gente que para dedicarse a lo que quiere tiene que vivir fuera, y no sé si es tu caso, pero eso es una pena. Ojalá pronto se pueda en un pueblo por lo menos vivir, ya ni estudiar lo que quieres..., pero a lo mejor poderte dedicar a ello desde un pueblo.
Como habéis conseguido vosotros desde la buhardilla, ¿no?
-(Risas). Claro, entre las buhardillas y las cocheras.
Temas
Más en Música
-
El Reggaeton Beach Festival cancela todas sus citas en el Estado
-
Quevedo amplía a 16 los conciertos en Barcelona y Madrid y agota las 215.000 entradas
-
Miguel Ríos suspende sus próximos conciertos tras sufrir un accidente doméstico
-
El rapero Morad, denunciado tras empujar a un hombre que le llamó "moro de mierda" en Barcelona
