Maite Larburu, compositora: “No sé escribir canciones que le gusten a todo el mundo”Cedida
La violinista profesional Maite Larburu (Hernani, 1979) es una de las artistas más singulares de la actual escena musical vasca. Una rara avis. Tras vivir 15 años en Ámsterdam, donde se hizo un hueco en el circuito de música clásica antigua, regresó a Euskal Herria en 2018. Y, poco a poco, sin premeditarlo, sus proyectos han ido virando hacia la creación musical en las artes escénicas, los pódcasts y el mundo audiovisual. Su carrera como cantautora es realmente interesante. Bebe de la tradición, pero no se cierra a introducir algunos matices más modernos, como demuestra en Maizter, el tercer álbum de su carrera en solitario, a caballo entre el folk intimista y el pop.
¿La vida de la música freelance es de todo menos un camino de rosas?
-(Ríe). A veces, sobre todo al principio, puede ser un camino de rosas. Después, a medida que te vas haciendo mayor, se vuelve más complicado salir fuera y tocar. A veces te cuestionas cuánto tiempo más puedes seguir así… Casi no te puedes ni poner enfermo. La vida del autónomo te ofrece cierta libertad; en mi caso, me contratan aquí y allá y luego me dedico a hacer mis discos y composiciones propias. En ese sentido me siento libre. Pero también cae toda la responsabilidad sobre uno mismo y a veces es muy difícil de gestionar el tiempo, porque al final acabas haciendo un poco de todo: el trabajo burocrático, el de oficina, componer, escribir, tocar los instrumentos, viajar…
"Ya lo dijo Lehonard Cohen: el éxito en la música es la supervivencia”
Se ha convertido en la artista del Renacimiento, ¿qué esperaba cuando regresó a Hernani?
-En realidad, los artistas del Renacimiento o del Barroco no tenían estatus de músico; eran, sobre todo, sirvientes, como podían ser los cocineros reales, y hacían lo que les mandaban. Sus labores no se limitaban a tocar el violín: tocaban muchos instrumentos, improvisaban, componían, hacían un poco de todo. Hasta se fabricaban sus propios instrumentos. Después de la Revolución Francesa y de la creación del conservatorio, el estatus del músico o compositor subió y eso es lo que ha prevalecido. Un artista del Renacimiento se acercaba más a la labor que realiza hoy un músico folclórico. Es lo que creo que se refleja en mi labor de cantautora.
Viaje a Finlandia
Maite Larburu, en formato trío (guitarra, bajo y batería), formó parte del cartel del importante festival Womex de músicas del mundo que se celebró en Tampere, Finlandia, a finales de octubre de 2025. “Nunca habíamos hecho un concierto internacional. Fue divertido y estuvimos a gusto. Vino a vernos el director del festival, que nos dedicó unas palabras muy entrañables”, cuenta la artista vasca sobre la experiencia escandinava. Allí, en Finlandia, Maite detecto “cierta sensibilidad” especial hacia las lenguas minorizadas, lo que ayudó a empujar su delicada propuesta musical. A pesar del puntazo que supone que unos desconocidos aplaudan tus canciones a miles de kilómetros de casa, espera continuar presentando los temas del disco Maizter, ya sea en formato trío o en solitario, en gaztetxes, clubs o salas de Euskal Herria.
¿Qué es el éxito de una autora independiente? ¿Vivir de su trabajo?
-La supervivencia. Es algo que una vez se lo escuché decir a Leonard Cohen cuando se lo preguntaron ya de mayor y las estaba pasando canutas económicamente. En un sentido más general, la supervivencia, existir es lo que le da sentido a nuestras vidas, a no ser que vuelvan los dinosaurios y nos coman o el calentamiento global erradique al ser humano de un plumazo. A la supervivencia le añadiría, en mi caso, amar lo que haces. El amor y la honestidad. Si no, esto no tendría ningún sentido. Hay que tener cierta devoción por la música porque esta profesión no te lo pone nada fácil. Hay músicos que se hacen ricos, otros viven medianamente bien y a otros muchos les cuesta llegar a fin de mes.
¿Alguna vez se ha hartado?
-De la música no. Con el violín he tenido una guerra muy grande. Soy una música de institución que ha pasado por el conservatorio y que, como mucha otra gente de mi generación, sufrí una educación musical un poco rancia que venía del franquismo, con una disciplina muy militar, y que se impartía exclusivamente en castellano. Me parecía muy bizarro. Aprendíamos con un enfoque muy autoritario, repetitivo y negativo. Siempre te acababan señalando lo que haces mal y es muy difícil convivir con eso. Se sofoca tu libertad. Es horrible.
Como en la película Whiplash.
-Sí. Es muy difícil encontrar a un profesor que sea capaz de ver el pequeño diamante que tienes escondido dentro de ti. A lo mejor, con suerte, das con uno que ayuda a desarrollar tus habilidades. Yo tuve un profesor que me ayudó a dirigir mi camino al movimiento historicista y supo encontrar lo que tenía dentro de mí: una violinista a la que le gusta cantar y escribir canciones.
¿Trasladar su campamento base de Ámsterdam a Hernani no fue un cambio demasiado brusco?
-Fue un cambio brusco que además no estaba planeado. En un principio, iba a ser algo temporal. Durante 15 años estuve viviendo en Ámsterdam en una antigua casa okupa de tres pisos con dos cocinas, jardín y un total de 8 personas dentro. De repente, me tuve que marchar y dejar la casa y me instalé en Hernani mientras viajaba todo el tiempo a Holanda, Alemania, Francia… Cada vez que volvía a Ámsterdam sentía que mi ciclo allí había terminado. Así estuve dos años. Aquí echo un poco de menos el circuito de música antigua europea. Pero cuando estoy por Europa también echo de menos mis propios proyectos, por lo que estoy muy contenta de trabajar aquí.
¿Es posible ser comercial sin renunciar a la complejidad?
-No sé si te puedo responder a esto. Mi padre me preguntó una vez por qué no escribía canciones que le gustasen a todo el mundo y yo le dije que no sé hacer eso. La música que hago sale de la necesidad de buscar respuestas. Ni Björk ni Radiohead hacen en un principio música que pueda gustar a las masas, están fuera del mainstream, pero tienen éxito.
¿Con Maizter ha querido experimentar y probar distintas sonoridades partiendo del folk?
-Maizter surge estando yo de inquilina en un pabellón industrial en el que hay un estudio y me digo a mi misma: “Voy a grabarlo yo sola”. Va a ser un disco bastante desnudo”. Después de una incursión muy intensa en el teatro, quería hacerlo a mi aire y grabar canciones que fueran como nanas. Los primeros temas que surgieron eran muy folk. Como el pabellón está al lado del río, salía mucho a pasear y me puse a grabar sonidos de la naturaleza. Si lo escuchas con cascos, algunas canciones tienen un tratamiento sonoro binaural. Al final, el disco es también como un paseo.
Se declara fan del café. ¿A favor o en contra del café de especialidad?
-A favor. Hasta que llegó el café de especialidad a Holanda la calidad del café era horrible allí. Pero no soy una talibana del café. El que más me gusta es el de cafetera italiana con cardamomo, como lo hacen en Turquía. Me encanta moler el café en casa.