En un giro que marca un respiro en la asfixiante situación energética de la isla, el petrolero ruso Anatoli Kolodkin ha atracado este lunes en el puerto de Matanzas, a unos 100 kilómetros de La Habana. El buque, cargado con 100.000 toneladas de crudo (equivalentes a más de 700.000 barriles), representa el primer suministro de petróleo que llega a territorio cubano en los últimos tres meses, rompiendo el férreo cerco energético impuesto por la administración de Washington.
La llegada de este cargamento, confirmada por el Ministerio de Transporte de Rusia y la agencia Interfax, no es solo un hito logístico, sino un movimiento diplomático de alto calado. El Anatoli Kolodkin, perteneciente a la corporación Sovkomflot —empresa sancionada por EE.UU. desde 2024—, partió del puerto ruso de Primorsk el pasado 9 de marzo. Su travesía ha culminado con éxito tras recibir el inesperado "visto bueno" del presidente estadounidense, Donald Trump, a pesar de la vigencia de las sanciones.
La entrada del crudo ruso se produce tras una filtración al diario The New York Times, que adelantaba que Washington permitiría la entrada del buque por razones humanitarias. El propio Trump confirmó esta postura el pasado domingo en declaraciones a reporteros a bordo del avión presidencial.
"¡Tienen que sobrevivir! (...) No tengo ningún problema con que Cuba reciba crudo ruso", aseguró el mandatario estadounidense. "Tienen un mal régimen, un liderazgo malo y corrupto, y si les llega o no un barco de petróleo, eso no importa".
Sin embargo, estas palabras contrastan con la orden ejecutiva que Trump firmó el pasado 29 de enero, la cual amenazaba con aranceles severos a cualquier entidad que suministrara petróleo a la isla. Washington ha mantenido desde enero un bloqueo estricto con el objetivo declarado de forzar al Gobierno cubano a negociar reformas económicas, una estrategia que se intensificó tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Sin embargo, en esta ocasión, Trump ha manifestado que "prefiere" dar un respiro al bloqueo porque "la gente necesita calefacción, aire acondicionado y las cosas básicas para la vida".
Moscú y su "deber" con La Habana
Desde el Kremlin, la respuesta ha sido de satisfacción pero también de firmeza. Dmitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, admitió en su rueda de prensa diaria que la autorización para la entrada del Anatoli Kolodkin fue abordada "con antelación" en contactos directos con representantes de la Casa Blanca.
"Rusia considera su deber no mantenerse al margen y ofrecer la ayuda necesaria a nuestros amigos cubanos", afirmó Peskov. El portavoz subrayó que la "desesperada situación" de la isla no deja indiferente a Moscú, que ha prometido seguir trabajando en el suministro de ayuda humanitaria para paliar la crisis.
Este envío es especialmente significativo dado el historial reciente, puesto que la última vez que Rusia logró suministrar una cantidad similar de petróleo a Cuba fue en febrero de 2025. Desde entonces, varios barcos de la denominada "flota fantasma" rusa han sido interceptados en alta mar por guardacostas occidentales, lo que había reducido el flujo de combustible a casi cero.
Cuba al límite de sus fuerzas
El impacto de este bloqueo en la vida diaria de los cubanos es crítico. Cuba requiere diariamente unos 100.000 barriles de petróleo, de los cuales solo produce 40.000 a nivel nacional. El déficit de 60.000 barriles diarios se ha traducido, en los últimos meses, en apagones sistemáticos y una parálisis casi total de la actividad económica.
Según estimaciones de la prensa especializada, las 100.000 toneladas del Anatoli Kolodkin podrían satisfacer las necesidades de la isla durante varias semanas. Además, la ayuda no se detiene aquí; según informó el Financial Times, un segundo petrolero ruso, el Sea Horse, navega ya con destino al Caribe con otras 27.000 toneladas de combustible.
Aunque el gobierno de Trump insiste en que el régimen cubano está "terminado", esta concesión temporal —que levanta las sanciones para el petróleo en tránsito que partió antes del 12 de marzo— ofrece un balón de oxígeno a una población sumida en la oscuridad.