La sede de la OTAN en Bruselas ha sido este jueves el escenario de un ejercicio de equilibrismo diplomático. Mark Rutte, secretario general de la Alianza Atlántica, ha comparecido ante los medios para presentar el informe anual de la organización en un clima de extrema tensión internacional. Entre los ecos de la guerra lanzada contra Irán el pasado 28 de febrero y las feroces críticas del presidente de EE.UU., Donald Trump, hacia sus socios europeos, Rutte ha intentado ejercer de puente, validando la "frustración" de Washington mientras justifica el lento despertar de las capitales europeas.
La "frustración" de Trump
La comparecencia de Rutte ha estado marcada por las recientes y explosivas declaraciones de Donald Trump. El inquilino de la Casa Blanca ha vuelto a cargar contra los aliados transatlánticos, tildándolos de "cobardes" y acusándolos de cometer un "error muy tonto" al no implicarse de inmediato en la ofensiva militar. Para Trump, Europa no ha hecho "absolutamente nada" para ayudar contra lo que define como una "nación lunática", refiriéndose a un Irán que, según sus palabras, se encuentra ahora "militarmente diezmado".
Rutte, lejos de entrar en una confrontación directa con el mandatario estadounidense, ha optado por una postura estratégica de empatía. El secretario general ha reconocido públicamente que comprende la "frustración" de Trump ante lo que Washington percibe como una falta de apoyo en una guerra que EE.UU. lidera de forma unilateral. Y ante esta falta de apoyo, Trump advierte de manera contundente que Washington "no olvidará" quién estuvo a su lado y quién no.
La falta de aviso
Uno de los puntos más críticos de la rueda de prensa ha sido el reconocimiento por parte de Rutte de que EE.UU. no avisó a sus socios europeos de la intervención militar iniciada hace casi un mes. Esta falta de comunicación, que en otros tiempos habría provocado una crisis de confianza irreparable, ha sido sorprendentemente defendida por el exprimer ministro neerlandés bajo el argumento de la seguridad operativa.
Según ha explicado Rutte, existía una "buena razón" para mantener la operación del pasado 28 de febrero en absoluto secreto: evitar filtraciones. "EE.UU. no pudo consultar con sus aliados para asegurarse de que nadie supiera lo que iba a ocurrir aquella mañana de sábado", señaló el jefe de la Alianza. El riesgo de que una información sensible llegara a oídos de Teherán en un momento en que el objetivo era "eliminar a los líderes iraníes" era, a ojos de Rutte, un "motivo de peso".
EE.UU. no pudo consultar con sus aliados para asegurarse de que nadie supiera lo que iba a ocurrir aquella mañana de sábado
Sin embargo, el secretario general también ha admitido el "inconveniente" de esta estrategia. Al no ser informados, a los países europeos les ha llevado mucho más tiempo organizarse y reaccionar a las peticiones de Washington, especialmente en lo que respecta a la seguridad en el estrecho de Ormuz.
Hacia una respuesta coordinada en Ormuz
Pese a los reproches de Trump, quien llegó a asegurar que no necesita "la ayuda de nadie", Rutte ha querido lanzar un mensaje de optimismo y unidad en construcción. La "buena noticia", según el secretario general, es que la maquinaria diplomática europea ha comenzado a moverse. Bajo el liderazgo de países como Reino Unido, Francia, Italia, Alemania y los Países Bajos —con el apoyo externo de Japón—, ya son más de 30 los Estados que han acordado reunirse para debatir "el qué, el dónde y el cuándo" de una misión conjunta.
El objetivo prioritario es garantizar que las rutas marítimas permanezcan abiertas y seguras, respondiendo así a la petición original de Trump. Esta iniciativa busca desbloquear el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el comercio mundial que se ha visto afectado por el conflicto.
Misiles y el ataque a Diego García
Para contextualizar la dureza de la ofensiva estadounidense, Rutte ha recordado la creciente peligrosidad del régimen persa. La OTAN mantiene la postura sobre el hecho de que Irán no debe alcanzar capacidades nucleares ni de misiles. Como prueba de esta amenaza, el secretario general ha citado el ataque sufrido por la base británica y estadounidense de Diego García, que fue blanco de un misil iraní capaz de alcanzar los 4.000 kilómetros de distancia.
"La conclusión lógica es que Irán cuenta ahora con capacidades cada vez más peligrosas para los aliados", ha subrayado Rutte, recordando que la OTAN ha interceptado con éxito misiles balísticos iraníes hasta en tres ocasiones distintas. En este contexto, la Alianza justifica las acciones de EE.UU. como un esfuerzo por mermar ese arsenal que pone en jaque la seguridad internacional.