Vascos en Caracas relatan minutos de miedo e incertidumbre tras los bombardeos: “En la calle hay un silencio ensordecedor”
Diferentes familias narran minuto a minuto su testimonio, coincidiendo todas en preservar su identidad, “para no sufrir represalias”
3 de enero, sábado. Era la una y cincuenta y cinco minutos en la metrópoli capitalina de Caracas. De pronto, del cielo llovieron bombas madrugadoras, ataque lanzado por el Gobierno Trump.
La comunidad vasca en la ciudad venezolana palpitó de más. Diferentes familias narran minuto a minuto su testimonio. Todas coinciden en preservar su identidad, “para no sufrir represalias”, argumentan e insisten: “Debemos tener cautela”. Pueden ser 7.000 personas con origen natural o de ascendencia de los siete herrialdes en la república americana a 7.100 kilómetros aéreos desde Bilbao.
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“Tras lo ocurrido, no sabes si minutos después tu vida se acaba aquí”, valora el residente en Caracas #1 consultado y tras un silencio matiza que “los objetivos eran políticos; no civiles. Y si ha fallecido algún civil, no creo que sea vasco”. Un grupo de mensajería que esta diáspora tiene en una red social confirma que están “todos bien”. Ninguno ha vuelto a dormir desde que despertaron sobresaltados en sus camas.
“Tengo la base aérea de La Carlota a un kilómetro. Si bien la primera vez he pensado que era un petardo grande de Navidad, con el segundo me ha quedado claro que no. Y el tercero ya tenía el silbido común de los misiles. Se ha generado una columna de fuego muy grande. Y entonces, se han comenzado a oír aviones y helicópteros. Habré contado entre 15 y 20 detonaciones”.
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El caraqueño #2, desde otro lado de la capital, sintió dos detonaciones “fuertísimas” y vio una columna de color rojo incandescente. Y escuchó, también, el estruendo de aviones y helicópteros. “Han sido objetivos estratégicos”, estima al tiempo que detalla que “mis hijas se despertaron y estuvieron llorando”.
Estados Unidos atacó, citan, la base aérea de La Carlota, el Fuerte Tiuna que alberga a altos cargos militares, el aeropuerto de Higuerote, el puerto de La Guaira –muelle al que arribaron vascos exiliados de la guerra de 1936-, el cuartel de La Montaña –mausoleo de Hugo Chávez-, antenas repetidoras de telefonía en El Volcán y el Palacio de Miraflores, sede del Gobierno de Venezuela, donde se ubica el despacho del presidente Nicolás Maduro, quién según un mensaje de Trump en la red X, hubiera sido “capturado y trasladado” a Estados Unidos.
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El Centro Vasco, en El Paraíso, no sufrió ataque alguno y permanece cerrado. “En la calle hay un silencio ensordecedor, hasta los oídos me pitan tras el ruido de los aviones y helicópteros”. Este informador confiesa que en su casa se sintieron “cagados totalmente. Quizás la siguiente bomba era el fin de todo esto. No nos hemos vuelto a dormir. Aquí no se ha informado sobre muertos”.
La comunidad vasca ante la ofensiva
A continuación, salió a la calle a un “auto-mercado” para abastecerse de productos de primera necesidad “porque no sabemos esto qué va a deparar”, precisa y echa la vista atrás a su infancia: “Me estaba acordando en esos momentos de lo que nos contaba nuestra ‘amuna’ de los bombardeos que sufrieron en sus pueblos en la guerra en Euskadi y de cómo veían llegar a los aviones bombardeando. Ella decía que había alarmas que avisaban de ello. Aquí, en Caracas, esta noche no ha habido alarmas”.
El miembro de la diáspora vasca #3 reside en las cercanías del aeropuerto La Carlota. “Ha sido un ruido tremendo que nos ha despertado, dándonos un susto enorme”. Mientras las detonaciones continuaban, “un grupo de muchachos en la calle han gritado diciendo que Maduro y su mujer habían sido raptados. Aquí casi todo está cerrado, y muy poca gente en la calle”, relata con cierto temor una persona que siendo menor sufrió un famoso bombardeo vasco y que insiste en permanecer en el anonimato.
La comunidad vasca permanecía ayer pegada a su teléfono móvil y siguiendo tanto las declaraciones de Trump de las cinco de la tarde, como el partido Osasuna-Athletic. Guruzeta empataba en el Sadar al tiempo que el presidente americano amplificaba al mundo aquello de que “vamos a dirigir Venezuela hasta que haya una transición. Estamos preparados para tomar el país”, y el petróleo.
El caraqueño #4 asiente: “Estamos esperando qué acontecerá próximamente”. Mientras en Euskal Herria anochecía ayer, en algunos lugares no había luz, entre ellos, el Centro Vasco, como también en El Valle, Coche, Fuerte Tiuna y algunas zonas del centro de Caracas. “La Euskal Etxea estuvo cerrada el 31 de diciembre y el 1 de enero. Se reabrió el 2, pero con estos acontecimientos se ha vuelto a cerrar. Y hoy está sin suministro eléctrico”, notifican.
Silencio en tensión y solidaridad
Con el olor en el aire aún de las bombas, Caracas pestañeaba intranquila con el paso de las horas. Se solapaban los breves comunicados de la diáspora: “Dicen que la gente está haciendo cola en mercados, supermercados y abastos”. “El paso desde La Guaira a Caracas está restringido por la autopista”. “Las vías de comunicación totalmente solas a primeras horas”.
Mientras se redacta la noticia, desde otro país americano una mujer de Bizkaia aporta un dato. “Un amigo azafato nos ha dicho que desde hace un mes la cosa está muy mal para viajar a Venezuela. De hecho, para venir a Ecuador hay que sobrevolar Venezuela y para llegar a Quito no pasamos por Venezuela ni lo vamos a hacer hoy para regresar a Madrid y de allí a Loiu. Se hace otra vía”.
Esta comunicación la confirman desde Caracas: “Sí. Desde hace un mes es difícil salir en avión de Caracas, se ha podido desde otras regiones. Sabemos de, al menos, unas 12 familias que están en lugares de Venezuela, pero que no pueden volver por estos sucesos.
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Según van pasando las horas, la comunidad vasca permanece unida y sus miembros coinciden en que hay un “silencio en tensión”. Comparten un mensaje en su grupo: “Egun on! Solo escribo para saber si todos están bien. No salgan si no es estrictamente necesario. Ya saben: a cuidarse”. Otros responden que se están informando de lo que les ocurre en calles adyacentes a través de medios de comunicación vascos y españoles.
El habitante de Caracas #2: “Aquí todos los medios son del gobierno y leemos también lo que publican en las redes sociales”, a diferencia del suministro eléctrico, el de internet ha funcionado bien a pesar de los bombardeos. “Los canales de ahí saben mucho mejor de lo que ha pasado esta noche, que nosotros, que seguimos sin dormir”, agrega el caraqueño #3.
Tras las dos explosiones más fuertes, algunos de estos vasco-venezolanos han sacado algunas fotografías. “Las hemos tomado un poco después, porque al principio ha sido toda una sorpresa que no se esperaba, aunque Trump ya venían diciendo cosas al respecto desde hace un tiempo. Ha sido una columna de fuego tremenda. Luego el silencio absoluto”. Y no escuchaban el tráfico de a diario. “Hoy no. Hoy cada mucho tiempo igual se oía pasar un carro y a las guacamayas, nada más”.
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También ha habido quien ha tenido un sueño profundo y ha descansado ajeno a la calificada como “ofensiva”, por los Estados Unidos. Así lo relata el caraqueño #6. “Yo no oí nada de nada. Me enteré de todo esta mañana al despertarme. Siempre, lo primero que hago es ver el celular –teléfono móvil- y tenía miles de mensajes sobre lo acontecido en la madrugada. Pero yo desde mi casa no escuché absolutamente nada”.
Según relatan, existen en las calles los “colectivos armados”, una organización paramilitar chavista “impune, a quien el gobierno permite hacer lo que quieran en los barrios. Y a esos se les teme porque son delincuentes”, valoran algunos de los consultados. No obstante, aseguran que tanto los vascos, como los venezolanos, son “personas muy solidarias que se van a cuidar entre sí mucho para todo aquello que haga falta”.
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