Bilbao. La ciudad iraquí de Faluya, tristemente conocida por ser escenario de la batalla más cruenta que tuvo lugar durante la ocupación estadounidense, vuelve a estar en el punto de mira. El Gobierno del chií Nuri al Maliki prepara una gran ofensiva militar que podría producirse en los próximos días contra los militantes del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), ligado a Al Qaeda y que está sembrando el terror en ambos países. Todo comenzó hace una semana, cuando el grupo yihadista suní se hizo fuerte en la provincia de Al Anbar, que representa un tercio del territorio de Irak y hace frontera con Siria, especialmente en las ciudades de Ramadi y Faluya.

El Gobierno iraquí lanzó entonces varias operaciones militares para recuperar el territorio perdido a manos del grupo. Los enfrentamientos entre yihadistas, tribus locales y Ejército iraquí en ambos enclaves ha dejado ya más de 200 muertos. Asimismo, la población ha comenzado a huir de la zona, en la que escasean además los alimentos, los medicamentos y el combustible. Además, se producen continuos cortes eléctricos durante varias horas.

A través de un discurso leído en televisión, Al Maliki instó el pasado lunes a hacer un frente común ante el avance de ISIS en la provincia de Al Anbar, al tiempo que pidió a las tribus y a la población de Faluya, ubicada a setenta kilómetros al oeste de Bagdad, expulsar "a los terroristas" de la ciudad -las fuerzas del Gobierno colaboran con las tribus locales para tratar de contener la situación en Faluya y Ramadi-. Al Maliki manifestó también que las fuerzas aéreas no se retirarán de estas ciudades hasta eliminar a los grupos armados y restablecer la seguridad y la estabilidad. Mientras, el Ejecutivo prepara su gran asalto a Faluya.

Al Maliki prometió que el Ejército no atacará zonas residenciales de esta ciudad, que en 2004 quedó destruida tras sufrir dos asaltos por parte de los marines estadounidenses con cientos de civiles muertos. En aquel momento, como ahora, el objetivo era combatir los focos de resistencia suníes. Sin embargo, Estados Unidos ha dejado claro esta vez que no piensa intervenir militarmente en el actual conflicto. "He oído que miembros del Congreso creen que hay que enviar tropas a luchar y morir en Faluya. El presidente no está de acuerdo", manifestó el lunes el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney. Durante el fin de semana, los senadores republicanos John McCain y Lindsey Graham denunciaron que lo ocurrido en la ciudad iraquí era previsible desde que el Gobierno estadounidense decidió retirar las tropas de Irak, hace ahora dos años.

Equipamiento militar

El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, habló el lunes con el primer ministro iraquí, a quien expresó su apoyo en su lucha contra el terrorismo. Al mismo tiempo, la Administración Obama acelera sus entregas de equipamiento militar al país para combatir a ISIS. Estados Unidos planea el envío de partidas adicionales de misiles Hellfire, así como diez aparatos no tripulados de vigilancia ScanEagle y 48 drones Raven, entregas que tendrían lugar en las próximas semanas o meses.

"Estos misiles son un pequeño elemento para la estrategia, pero han demostrado su eficacia para evitar que ISIS establezca sus refugios en el oeste de Irak", explicó Carney. "Puedo añadir que además de esos misiles Hellfire, a través de nuestro programa de FMS también proporcionaremos diez drones ScanEagle de vigilancia en las próximas semanas y otros 48 modelo Raven de vigilancia a finales de este año", añadió el portavoz.

Ayer, Maliki pidió al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que apoye a su país en su "guerra contra el terrorismo" y lamentó que algunos Estados presten ayuda a los terroristas.