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Movilidad eléctrica

¿Y si el próximo medio de transporte que uses tiene balones… en vez de ruedas?

Todo el mundo coincide en que el invento de la rueda cambió la historia de la humanidad para siempre y que se antoja complicado que algún día aparezca algo similar que revolucione la sociedad de la misma manera. No sabemos si logrará esta idea de la que te vamos a hablar pero, desde luego, va a llamar mucho la atención.

¿Y si el próximo medio de transporte que uses tiene balones… en vez de ruedas?Facebook James Bruton

La escena parece sacada más de un laboratorio de película que de un centro de investigación del mundo real: una estructura ligera, un motor eléctrico y, en lugar de ruedas, una esfera del tamaño de un gran balón de playa que sostiene todo el peso del vehículo y de su conductor. El experimento existe, funciona y es obra del británico James Bruton, un creador conocido por explorar conceptos de ingeniería que (por desgracia) rara vez salen del terreno teórico.

Su última propuesta es un artilugio eléctrico que se desplaza sobre una sola bola y se gobierna con un manillar: un planteamiento que se aleja mucho de cualquier otra propuesta de movilidad personal (y eso que ya las hay de lo más extravagantes, como lo monociclos) y que abre un espacio de reflexión sobre cómo podrían evolucionar los vehículos experimentales en los próximos años.

El proyecto parte de una idea aparentemente sencilla: sustituir las ruedas por un sistema de equilibrio basado en una esfera omnidireccional (es decir, que ‘como buena esfera’ puede moverse horizontalmente en todas direcciones). Este tipo de mecanismos se ha utilizado en robots de investigación y en plataformas de movimiento para laboratorios, pero casi nunca se ha aplicado a un vehículo que deba soportar (de forma segura) a una persona

La razón es evidente: mantener la estabilidad sobre un único punto de contacto con el suelo exige un control extremadamente preciso. Para lograrlo, Bruton ha recurrido a una combinación de sensores, motores y algoritmos que ajustan la posición del vehículo en tiempo real. El sistema funciona de forma similar a un robot autoequilibrado, pero con una complejidad mayor, ya que la esfera permite desplazarse en cualquier dirección sin necesidad de girar el chasis.

La estructura del prototipo está construida con piezas impresas en 3D y componentes de fácil acceso, una característica habitual en los proyectos de Bruton. El motor eléctrico impulsa la esfera mediante rodillos internos que transmiten el movimiento en distintos ejes. Cuando el conductor se inclina hacia adelante, el sistema interpreta la señal y acelera; si se inclina hacia atrás, reduce la velocidad.

El equilibrio lateral se mantiene mediante correcciones constantes que evitan que el vehículo pueda volcar y acabar con el conductor por el suelo. Este tipo de control (que combina acelerómetros, giroscopios y un software de estabilización) es esencial para que la moto (por llamarlo de alguna forma) pueda mantenerse en pie sin apoyo externo.

Aunque el prototipo es plenamente funcional (no hay más que ver el enlace del vídeo que hay al final de esta noticia), su comportamiento todavía está lejos del de un vehículo convencional. La velocidad es limitada y la maniobrabilidad requiere práctica, ya que el movimiento omnidireccional no se parece al de una moto o una bicicleta; de hecho, sus reacciones son lentas en comparación con la de otros tipos de vehículos.

Sin embargo, el objetivo del proyecto no es crear un producto comercial, sino explorar los límites de lo que puede hacerse con tecnologías accesibles. Bruton suele trabajar con un enfoque experimental, en el que cada construcción sirve para aprender algo nuevo sobre mecánica, electrónica o control de movimiento. En este caso, el interés reside en comprobar hasta qué punto un sistema basado en una sola esfera puede sostener y desplazar a una persona de forma estable.

El uso de una bola como elemento de contacto con el suelo plantea ventajas, pero también muchos desafíos. Por un lado, permite una libertad de movimiento total, ya que el vehículo puede avanzar, retroceder o desplazarse lateralmente sin necesidad de girar. Esto podría resultar útil en entornos donde el espacio es reducido o donde se requiere una gran precisión en los desplazamientos. Por otro lado, la superficie de contacto es mínima, lo que complica la tracción y la estabilidad en terrenos irregulares (ya no digamos en superficies poco adherentes y en pendiente). Además, el desgaste de la esfera y de los rodillos internos es mayor que en un sistema de ruedas tradicional. Estos factores limitan por ahora su aplicación práctica, pero no restan interés al experimento como demostración técnica.

La curiosa moto con balón no parece muy ergonómica.

Bruton, que comenzó su carrera como ingeniero y más tarde se dedicó a la divulgación, se ha convertido en una figura destacada dentro de la comunidad de inventores que comparten sus procesos de diseño y construcción en plataformas abiertas. La moto de una sola bola no es su primer acercamiento a conceptos poco convencionales. 

En los últimos años ha desarrollado vehículos basados en mecanismos de tornillo sin fin (inspirados en los sistemas de locomoción utilizados en terrenos extremos), monopatines construidos íntegramente con piezas de Lego y robots que imitan el movimiento de criaturas reales. Cada uno de estos proyectos sigue una lógica similar: plantear un reto técnico, construir un prototipo funcional y documentar el proceso para que otros puedan aprender de él. Esta filosofía ha convertido su canal  de YouTube (con más de 1,4 millones de suscriptores) en una referencia para quienes buscan comprender cómo se combinan la ingeniería mecánica, la electrónica y el diseño digital en proyectos experimentales.

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En el caso de la ‘moto esférica’, el interés no reside tanto en imaginar un futuro en el que este tipo de vehículos circulen por las ciudades, sino en analizar qué puede aportar este enfoque a la investigación en movilidad electrificada (este invento no se podría entender con un motor de combustión). Los sistemas de equilibrio dinámico, los algoritmos de control y las estructuras ligeras son elementos que sí tienen aplicación directa en otros campos, desde robots de asistencia hasta plataformas de transporte autónomo. Los prototipos de Bruton funcionan como laboratorios móviles en los que es posible probar ideas que luego pueden adaptarse a soluciones más convencionales.