La estadística se parece a la música en que gráficos y partituras suenan diferente según quién los interprete. En el gremio del automóvil, el dogma de la electrificación suele alimentar afirmaciones tan rimbombantes como carentes de rigor, que consideran grandes éxitos los fuertes crecimientos porcentuales de este segmento, sin reparar que se refieren a cantidades mínimas, muy inferiores a las pretendidas. Sucede con la venta de coches eléctricos nuevos, y también con la de usados, cuya limitada oferta apenas encuentra compradores. De hecho, cae un 13% en el primer trimestre de 2023, en buena medida por culpa del elevado precio de los VO ofertados. Según la patronal de vendedores Ganvam, esa cotización toca techo en el País Vasco, donde un usado eléctrico alcanza un importe medio de 43.263 euros.

El dato linda en lo anecdótico, dada su nula trascendencia. Quiere decir, única y exclusivamente, que los contados turismos a pilas ofertados aquí de segunda mano son, al menos en las últimas semanas, de gama y tarifa superior a la media. En ningún caso significa que la clientela vasca sea especialmente sibarita a la hora de adquirir coches eléctricos. En realidad, buena parte de los modelos a batería disponibles en el mercado de segunda mano suele corresponder a unidades seminuevas, con pocos kilómetros y alto valor residual. A menudo proceden de flotas y son coches ‘demo’ de concesionarios o bien ejemplares procedentes de empresas de renting.

La inmensa mayoría de esas unidades VO eléctricas revendidas en los tres primeros meses del año (2.279) tiene menos de cinco años y cerca de 900 no llegan a los doce meses; el resto (332) supera el quinquenio de antigüedad. Ganvam admite que entre los motivos de ese bajo tirón comercial figura el precio elevado. Por eso pide a la administración que “el Plan Moves apoye los coches eléctricos de ocasión de hasta 36 meses, a fin de reducir la barrera de adquisición y dinamizar la demanda”. Considera que “incentivando su compra, se contribuirá a convertir el eléctrico en una opción viable para la mayoría de las rentas, lo que tendrá un efecto positivo sobre el rejuvenecimiento del parque y su electrificación, porque se aceleraría la consecución de objetivos y se garantizaría una transición justa en términos económicos y sociales”.