Valentino Rossi ha contado con múltiples rivales a lo largo de su exitosa carrera deportiva. Si bien, esta laureada trayectoria le ha granjeado numerosos enemigos, uno de ellos Sete Gibernau, quien durante años se erigió como la principal amenaza, especialmente cuando el italiano protagonizaba sus primeros compases en la categoría reina del motociclismo.
Más de dos décadas después, Gibernau ha aprovechado el podcast Gypsy Tales para recordar su rivalidad con Rossi, a quien ha atacado por sus formas dentro de la pista. “Nunca había hablado de todo esto, y quizá era el momento de hacerlo”, comenta el catalán, que ha guardado silencio quizás para invocar a la serenidad.
Critica la permisividad con Rossi
Gibernau se muestra dolido por los hábitos que se adquirieron durante la época en la que enfrentó numerosos duelos con Rossi. A su juicio, al italiano se le concedió una permisividad excesiva. En concreto, en situaciones en las que hubo contacto entre motos. El paradigma de esta situación se dio en 2005, en Jerez como escenario, cuando se celebraba la primera del curso, que se decidió en la última curva tras un precioso duelo entre ambos. “Sí, me golpeó en la última curva. Terminé fuera de la pista”, evoca Sete el subcampeón de 2003 y 2004. “No recibió ningún castigo. Fue entonces cuando empecé a perder la fe en este deporte”, confiesa.
El suceso fue uno más de la lista, pero para Gibernau era la confirmación de una dinámica impuesta por Rossi y que Dirección de Carrera consintió en demasiadas ocasiones. “Siempre fue así. En 2003 Vale y yo, en 2004 Vale y yo, y en 2005 otra vez. Y no podía entender cómo esto no era considerado un deporte de contacto”, repasa sobre lo que a su juicio fue una tónica peligrosa para la competición, ya que considera que el italiano trascendió del reglamento vigente.
Un mal ejemplo para las nuevas generaciones
“De alguien como Valentino, que es una superestrella, ¿por qué aceptarlo? Creo que estuvo mal. No tenía por qué hacerlo”, valora Gibernau, que considera que aquella permisividad dio pie a una nueva manera de correr, más peligrosa. “Los chicos lo vieron y dijeron: así se hace. Y luego Marc se lo hace a este, y el otro se lo hace al otro, y te matan en las carreras”, juzga.
Para Gibernau, aquellos duelos con Rossi han dejado en herencia unas situaciones que deberían estar erradicadas. “No es un deporte de contacto. Ya es lo suficientemente peligroso como para poder decir que puedes golpear a alguien y llamarlo valentía”, considera. “Si yo fuera un padre mirando la televisión, no querría que mi hijo estuviera en un campeonato así”, añade.
Partícipe de un proyecto que hizo ganadora a la Ducati
Agotado de verse en la estela de Rossi, en 2006 decidió cambiar de aires en búsqueda de nuevas oportunidades de alcanzar su primer título de la máxima cilindrada. Así, puso rumbo a Ducati. “Reuní a todo el equipo y les dije: ‘Vengo aquí a ganar la primera carrera y el campeonato; eso es lo que quiero’”. El cambio pareció surtir efecto cuando en Jerez rubricó la pole. Pero un error mecánico alteró sus planes de futuro. “Uno de los mecánicos olvidó apretar un tornillo de la caja de cambios, y en la primera vuelta me caí. Ese día, mentalmente, me retiré de las carreras”.
Entonces llegó la frustración. “Me había esforzado muchísimo para luchar contra mis demonios y contra uno de los mejores pilotos de la historia. Y pensaba: Valentino ni siquiera necesita hacer lo que hace para ganar, y nadie dice nada”, recuerda. Todo ello pese a que Ducati estaba en el camino hacia la gloria, como se demostraría en 2007, cuando Casey Stoner dio el primer título de la historia a la fábrica de Borgo Panigale.
“Habíamos hecho una moto completamente nueva, creo que era un segundo y medio más rápida que las demás”, lamenta. Aunque para aquel entonces, su destino ya estaba fijado. “Habría continuado solo por el dinero, y dije: ‘No, me voy’. Ya estaba retirado mentalmente”.
Feliz y orgullos de su pasado
Pese a ello, no se muestra arrepentido. “Ahora puedo decir que habría hecho las cosas de otra manera. Es un proceso de aprendizaje. Estoy feliz, orgulloso y agradecido. Nunca pensé que sería capaz de luchar así contra uno de los tres mejores de la historia”, comenta.
De este modo, Gibernau colgó el mono a los 33 años, con 9 victorias y 30 podios a sus espaldas desde que debutara en 1992. Si bien, en 2009 regresó para disputar una nueva temporada que se prolongó durante ocho carreras. Mucho más tarde, en 2019, disputó seis carreras del Campeonato del Mundo de MotoE.