EL BBLab, las jornadas divulgativas y educativas que promueve el Bilbao Basket, puso ayer el foco sobre el baloncesto femenino, justo en la primera temporada que tiene presencia en la estructura deportiva del club. Y lo hizo con una mirada amplia ya que contó con el testimonio de mujeres que ocupan distintos ámbitos dentro y fuera de la cancha y que aportaron su visión de la realidad de la modalidad deportiva con más licencias a nivel vizcaino, vasco y estatal y de las dificultades para que ese predominio se vea reflejado en la élite.

Teresa Laespada, diputada foral de Empleo, Cohesión Social e Igualdad, moderó una charla en la que se abordaron cuestiones como el abandono temprano de la práctica deportiva por parte de las jugadoras, la necesidad de ampliar los recursos para mejorar el día a día, tanto en las etapas formativas como en el profesionalismo, y la búsqueda de referentes que sirvan de atracción y de enganche para que el baloncesto femenino puede desarrollar una identidad propia.

Abandono del deporte

Todas las intervinientes destacaron los avances de estos últimos años, pero también lo mucho que queda por avanzar en busca de la igualdad de oportunidades. Isabel Iturbe, presidenta del Bilbao Basket, consideró fundamental que en los clubes se dirijan hacia “la profesionalización de sus canteras” y cultiven “un sentido de pertenencia” para que las chicas no abandonen prematuramente. En este sentido, Hanna Ballhaus, entrenadora y en la actualidad directora de competiciones de la Federación Española, apuntó que las razones de ese abandono son, básicamente, tres: “los menores recursos de las mujeres respecto a los hombres, la falta de apoyo del entorno y la falta de visibilidad y referentes. Es como una pescadilla que se muerde la cola”.

Azu Muguruza, entrenadora del IDK Euskotren, señaló las dificultades que encuentran las deportistas en los 15 o 16 años cuando pasan a bachiller y en el salto a la universidad para compaginar los estudios y el deporte. En ello estuvieron de acuerdo Itzi Ariztimuño, Juana Molina y Leyre Vindel, todas jugadoras, aunque ellas nunca sintieron que debían dejar el baloncesto. Sí coincidieron en que “hay que mejorar los recursos y condiciones de muchos clubes pequeños o de colegio, que son donde muchas jugadoras se forman y crecen”.

También se señalaron las diferencias entre entrenar a hombres y mujeres, aunque la mejoría física y técnica de las mujeres ha sido evidente en los últimos años. “No tenemos el mismo reconocimiento el mismo esfuerzo”, aseguró Iturbe, mientras que Muguruza comentó que “hay diferencias fisiológicas y humanas que obligan a entrenar de manera diferente”. Molina señaló que al llegar al profesionalismo “las condiciones son mejores y también la exigencia porque sin exigencia no hay rendimiento”.

La charla también apuntó a la parte del baloncesto femenino que tiene que ver con el negocio en tanto que parte de una industria. Mirenlur Santiago, responsable de marketing y relaciones institucionales del Gernika KESB, apuntó a las dificultades para atraer recursos hacia el baloncesto femenino “por falta de visibilidad”. De ahí, la importancia que apuntaron ella y Ballhaus de “tejer alianzas en las que nos apoyemos entre todos y saber qué producto queremos vender para llegar a nuevas audiencias”. En este sentido, Muguruza hizo autocrítica y apuntó que “las propias mujeres debemos convertirnos a consumidoras de deporte femenino. Sin eso, va a ser imposible”. En definitiva, la igualdad sigue siendo una aspiración legítima del baloncesto femenino, las jugadoras han visto mejoradas sus condiciones con un nuevo convenio, pero aún queda camino por recorrer. “Ojalá en diez años no hablemos de igualdad porque sea un hecho”, deseó la entrenadora donostiarra.