Alberto Garzón, linchamiento sin cuartel

08.01.2022 | 00:19
Alberto Garzón, pimpampum por decir la verdad. Foto: E. P.

¡Stalinista! – El ministro de Consumo, Alberto Garzón, puso el dedo en la llaga sobre las intolerables macrogranjas, y acumula cuatro días de bofetadas como esta de Francisco Marhuenda en La Razón: "Lo más sorprendente es que el ministrillo pretenda dar lecciones sobre ganadería, salvo que quiera trasladar a nuestro país la experiencia de la Nueva Política Económica y los desastrosos planes quinquenales de la Unión Soviética. No hay nada más inquietante que un comunista opinando sobre economía. Hay mejores lecturas que las caducas obras de Marx, Lenin y Stalin". La pieza llevaba por título "Las tonterías del frívolo Garzón".

Napalm verborreico – Descolgándose por una liana dialéctica muy similar, Pedro J. Ramírez se despachaba así contra Garzón en el editorial El Español: "Alberto Garzón se ha convertido en una amenaza de primer orden para la economía española. Prácticamente no hay sector esencial que no haya sido regado con el napalm verborreico de Garzón a lo largo de estos últimos dos años: los ganaderos, el turismo, la hostelería, la publicidad... ¿Qué ha de ocurrir, en definitiva, para que el pirómano Garzón sea de una vez cesado de todas sus responsabilidades?".

Tonto filarmónico – Con su finura habitual, Alfonso Ussía le colgaba en El Debate el baldón de tonto. Literal, como verán: "Es tan tonto, que ha calumniado e injuriado el trabajo y honestidad de nuestros ganaderos, ha indignado al sector, se ha situado en la diana de relevantes barones socialistas que temen por los votos que ha traspasado con sus majaderías a la oposición, y ha perdido el apoyo –ya muy deteriorado– del mundo del campo español, que es un mundo muy importante en las urnas. El tonto filarmónico es digno de ser cuidado por su escasez y singularidad".

Los hijos de Iglesias – Claro que la mayor pirueta fue la de Federico Jiménez Losantos en El Mundo. El latigador de Teruel parte de las palabras de Garzón para atizar, en realidad, a Pablo Iglesias. Y de un modo muy poco elegante: "Iglesias lo odia desde que peleaba con él por llevarle el botijo a Llamazares; y se vengó haciéndolo ministro. Pero ¿qué hombrecito pondría la mesa esta Navidad en Galapagar? ¿Quién dejaría carbón –sin azúcar– a los exhijos del Ausente?". Tracatrá.

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