Desbarres por el corte de coleta de Pablo Iglesias

El cambio de imagen del dimitido líder de Podemos provoca análisis grotescos cargados de mala leche

13.05.2021 | 07:10
Pablo Iglesias posa en La Vanguardia tras cortarse su cambio de imagen

Estuvo entretenida ayer la tarde tuitera entre los de mi gremio a cuenta de si era o dejaba de ser noticia que un político dimitido cambiara de look. Los encendidos argumentos en contra en nombre la pureza del oficio chocaban con agresivos razonamientos a favor basados en que estamos en el tercer milenio. Este servidor, eterno equidistante, se limitó a contemplar la refriega con media sonrisa,  anticipando la abundante cosecha que recogería hoy en la prensa diestra a cuenta del asunto. No me equivoqué como van a comprobar si siguen leyendo.

Y empezaremos por La Razón, que lleva a su portada la ya celebérrima imagen sobre este titular: "Pablo entierra a Iglesias". Ocurre que al ir a buscar la información en la página interior anunciada, lo que el lector encuentra es un comentario pretendidamente guasón de Manuel Calderón: "El destino de esa coleta incorrupta no es guardarla en un camafeo en memoria –histórica, en este caso– del amor ido: ni que fuera una leyenda de Bécquer. O encontrar en la cómoda, entre ropa íntima y banderas viejas, su postizo trenzado. Ese penacho ahora cercenado merecería estar, en aplicación de la Ley de Memoria Democrática, y haciendo una merecida excepción, en el Archivo Nacional de la Guerra Civil Española".

Como los clásicos no fallan, en su artículo de la última página, Francisco Marhuenda le dedica su prosa rasposa al paso de Iglesias por la peluquería. "Iglesias se corta la coleta", es el nada original titulo, bajo el que leemos la peculiar interpretación del hecho del director de La Razón: "En esta reinvención quiere aparecer como un intelectual y profesor abandonando al antisistema fanático y radical de los últimos años. Es un posado que busca su blanqueamiento, algo muy humano, porque es lo que necesita en esta nueva vida llena de rumores personales y profesionales de lo más variopintos. Iglesias deberá ir con cuidado si no quiere acabar protagonizando programas de corazón y participando en realities y talent shows. La izquierda mediática, siempre temblorosa ante los ataques de las huestes podemitas en las redes sociales, está ansiosa de ayudar en el blanqueamiento. Hay que rescatarlo y la foto es el primer paso".

No se crean que es el único sesudo análisis a lo Umberto Eco que me he encontrado. En El Español hay dos larguísimas tesinas de semiótica parda. Una de ellas la firma Luis Casal bajo el título "La foto 'revolucionaria' de Pablo Iglesias y el mensaje oculto que lanza con el libro que sostiene". Un tanto pomposo, el planteamiento. Y más, cuando todo se resume en un subtítulo con intención: "Su primera foto tras dejar la política le muestra sin coleta, con una pose que recuerda a un cuadro de Stalin y leyendo un provocador ensayo sobre cine".

El otro sesudo estudio sobre la foto lo firma Lorena G. Maldonado, que también tira de titulo más prometedor de lo que luego se desarrolla: "La fuerza perdida de Sansón: lo que esconde el corte de pelo de Pablo Iglesias". ¿Y qué esconde? Atiendan a la profunda explicación de la autora: "Un corte de pelo radical es un símbolo, una declaración de intenciones para amantes y enemigos: ya no soy el que era, ya no soy la que era. Ya no me encontraréis. Ya no me cazaréis. Estoy superando el pasado. Es el caso de Pablo Iglesias, que si con su sonado corte de pelo nos está diciendo algo es que acaba de vivir un divorcio, una clausura emocional: a Pablo quien le ha dejado es España, su novia ya lejana a la que ahora debe sorprender -como efectivamente ha hecho- con los numeritos típicos del recién soltero". El texto va acompañado de una viñeta de Tomás Serrano en la que vemos la coleta en el suelo diciendo: "¡Por fin me he cortado a Pablo Iglesias!".

También en el diario digital de Pedro Jota, Ferrer Molina apunta su hipótesis: "El individuo de la fiera coleta que aterrorizaba al barrio de Salamanca se ha convertido en el yerno que todas las Macarenas Olonas querrían. Un galán con ese peinado no es creíble convocando alertas antifascistas puño en alto. A lo sumo, podría pasar como socialdemócrata. Con ese aspecto se arriesga a que El Pirrakas no le reconozca si se lo cruza por Vallecas y hasta le calce una hostia. Sin la coleta contestataria y antifascista, Podemos es otra cosa. Casi es Más País".

Si prefieren algo con pretensiones todavía más intelectuales, les copio y pego el comienzo de la columna de José Antonio Zarzalejos en El Confidencial: "La estética es la ética del comportamiento, y acaso el corte de la cabellera de Pablo Iglesias implique la más radical transformación del personaje, más allá de sus decisiones políticas, que quizá su indumentaria y sus signos externos inequívocos —la coleta— suscitaban duda sobre su carácter meramente tentativo, aunque el toque de funerala en forma de obituario, premonitoriamente, se inició hace unos días y a ello quiero referirme con ocasión de ese taurino ademán que ritualiza la retirada del personaje". ¿Cómo se les queda el cuerpo?

Otro de los que se apresuró a teclear sobre el cambio de imagen de Iglesias fue Jorge Bustos. Ya a primera hora de la tarde difundió en las redes la pieza que hoy aparece en la versión de papel de El Mundo bajo el título: "El cielo se tomaba con tijeras". Les pongo un fragmento: "Pose de peluquería en ademán de lector coquetísimo, a puntito de una conversación del Sabadell, reprimiendo una risa triunfal a duras penas, feliz de ser por fin el crío completo, sin las imposturas a las que obliga la función representativa de la política adulta, con derecho a joder con la pelota de Roures todo lo que quiera y más. Iglesias, en fin, agitó un poco las paredes del 78, pero nunca fue un Sansón. Todos estaremos de acuerdo en que Isabel Díaz Ayuso ha sido su Dalila".

Los coletazos más ásperos

Me perdonarán el tonto juego de palabras de arriba, pero les voy advirtiendo de que responde a la verdad. Todo lo que hemos leído hasta ahora es casi almíbar comparado con la mala leche que vierten los columneros de Libertad Digital. Lean, por ejemplo, a Pablo Planas buscando a quién se le parece Iglesias ahora: "Pasa que a otra gente lo del cambio de look de Iglesias le recuerda al de Rodrigo Lanza, el tipo que mató a un ciudadano por llevar unos tirantes con la bandera de España. Lanza gastaba rastas, cresta, trenzas y expansores de lóbulos. Todo eso desapareció en favor de un corte de pelo como el que luce Iglesias ahora en el momento en el que se tuvo que sentar en el banquillo".

No muy lejos de ese desbarre, la brutal acometida de Zoe Valdés: "Al Rata Coletas le han hecho un corte de pelo de primera. Ya no tiene coleta, ahora deberá solucionar la manera de erguirse, de pararse y de aprender a caminar, pues da la sensación de que padece de orquitis. Además, deberá disimular la escoliosis aguda bajo buenas chaquetas a la medida, ni tan grandes ni tan ajustadas, sólo a la medida. Cambiar de aspecto no lo hará menos rata peluda y feroz, sólo se ha disfrazado, semejante al lobo de la abuelita, quizá para asustar lo justo por el momento, mientras espera la ocasión del siguiente zarpazo. Un comunista no se queda dado nunca".

Contamos hasta diez para recuperarnos, y termino con lo más atinado que creo haber leído a cuenta del episodio. Es una información de El Confidencial, aunque se basa en un tuit de Ramón Espinar: "El corte de pelo de Iglesias eclipsa a Belarra el día en que se presenta a liderar Podemos". Ocurrió tal cual.

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