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El 'decluttering', la filosofía de vida que te ayuda a ordenar tu casa y tu mente

Deshacerse de lo innecesario no solo libera espacio en una vivienda, sino que también reduce el estrés, mejora el bienestar y aporta claridad mental

El 'decluttering', la filosofía de vida que te ayuda a ordenar tu casa y tu mente

Una de las claves para encontrar lafelicidad está en cómo organizamos nuestra vida y nuestrarutina diaria. Casi sin darnos cuenta, llega un momento en el que las cosas empiezan a ocupar más sitio del que deberían y no solo en casa, sino también en nuestra cabeza. Y, en medio de ese caos, surge una técnica que va ganando terreno: se trata del decluttering, una filosofía de vida que invita a poner orden en casa, pero no solo por estética, sino también por salud.

El término, que podría traducirse como deshacerse del desorden, se ha popularizado a raíz de figuras como la gurú del orden Marie Kondo, pero va más allá de doblar camisetas o de reorganizar estanterías. Su planteamiento es sencillo y consiste en reducir, despejar y organizar todo lo que poseemos, quedándonos solo con lo material que nos aporte valor y creando un espacio físico y mental que favorezca el bienestar.

La premisa de fondo de esta filosofía cuestiona la extendida idea de que acumular hace que nos sintamos mejor. Aunque pensamos que cuantos más objetos tengamos, más seguros estaremos y más felices seremos, la experiencia nos suele indicar lo contrario. Y es que el exceso no siempre suma, sino que a veces se convierte en una pesada carga.

Así, el decluttering lo que pretende es justamente lo contrario: hacer espacio y no solo en el hogar, sino también en las relaciones, en la agenda, en el entorno digital... Se trata de revisar, decidir y soltar y, sobre todo, de entender que no todo lo que llega tiene por qué quedarse.

Los espacios desordenados provocan estrés y saturación mental.

Cómo aplicar el 'decluttering'

Ahora bien, llevar el decluttering a la práctica no siempre es fácil y es importante, antes de comenzar, estar en paz con uno mismo, estado que podemos alcanzar a través del mindfulness.

El proceso suele empezar por espacios muy concretos como, por ejemplo, un armario en el que se acumula ropa que no se usa y que se convierte en una pequeña fuente diaria de ruido; una despensa en la que los productos caducados o duplicados revelan compras olvidadas, o un espacio de trabajo, en el que si hay muchos objetos a la vista será mayor la distracción. En el entorno digital, carpetas, archivos o correos provocan también un desorden invisible, pero constante.

Si quieres aplicar la técnica del decluttering, el método de las cuatro cajas te puede echar una mano. Debes usar una caja para lo que quieres tirar, otra para lo que vas a donar o a regalar, una tercera para lo que vas a guardar y que no se va a usar de inmediato, y una última para lo que deseas conservar, pero bien organizado.

Detrás de todo ello hay una idea que se repite: no se trata de tener una casa perfecta, sino una vida más ligera. En esa línea se mueve el mensaje que popularizó Marie Kondo, cuando insistía en que el orden no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para vivir de forma más consciente.

Ropa perfectamente ordenada en bandejas y cestas en el interior de un armario.

Beneficios

Los beneficios que se asocian a esta práctica van precisamente en esa línea. Un entorno más ordenado reduce la sensación de estrés y de saturación mental porque hay menos distracciones y ruido. Gracias a esa menor distracción, tanto la concentración como la productividad serán mayores. Además, esta filosofía te hará vivir de una forma más consciente porque te obliga a preguntarte constantemente qué es lo realmente importante para ti.

También permite ahorrar tiempo, porque al haber menos cosas habrá menos para limpiar y ordenar, y dinero, ya que disminuirán las compras impulsivas, que muchas veces son más producto del desorden que de una necesidad real.

Otro efecto del decluttering es la sensación de control. Y es que ordenar lo que nos rodea suele hacer que veamos las cosas con más claridad y no porque los problemas desaparezcan, sino porque el entorno deja de sumar confusión.

El decluttering, en el fondo, no va solo de tirar cosas sino de decidir qué merece la pena quedarse y, sobre todo, de entender que cada objeto que se mantiene ocupa algo más que un espacio físico: ocupa también atención, energía y tiempo. Así, quizá una de las claves del éxito de esta técnica sea que ordenar lo de fuera se convierta a su vez en una forma eficaz de reorganizarse por dentro.