Devociones, reliquias, milagros y misioneros: los conventos mendicantes de Vitoria-Gasteiz
Nacidos en el siglo XIII, se denominaron mendicantes por la importancia que daban a la mendicidad y la pobreza. Reyes, nobles, mercaderes y gente del pueblo financiaron sus funciones doctrinales, litúrgicas y caritativas
En el siglo XIII nacieron las órdenes mendicantes de San Francisco de Asís (†1226) y Santo Domingo de Guzmán (†1221). Se denominaron mendicantes por la importancia dada a la mendicidad, pobreza y predicación. Los tres primeros monasterios de la Comunidad Autónoma Vasca se fundaron en Vitoria-Gasteiz en el siglo XIII. Reyes castellanos, nobles, mercaderes y gente del pueblo financiaron sus funciones doctrinales, litúrgicas y caritativas. El monasterio de San Francisco de Vitoria-Gasteiz se fundó antes de 1236. Los frailes del convento creyeron a principios del XVII que en 1222. Así lo reflejaron en un letrero encima de la puerta principal. La rabia desatada contra los primeros franciscanos requirió del amparo del concejo vitoriano, que protegió a los frailes contra quienes les violentaran de las puertas en adelante (de la Casa), su iglesia y sus casas, bajo pena de muerte y confiscación de bienes. El monasterio femenino de Santa Clara se fundó en 1247. El cronista Juan López escribió que el monasterio de Santo Domingo se fundó en 1281. Las hipótesis de los historiadores se extienden entre 1225-1289. La celebración en Vitoria-Gasteiz en 1331 del Capítulo general supuso su reconocimiento en el seno de la orden. El convento de dominicas de Santa Cruz se fundó en el XVI. Lo patrocinó Fortún Ibáñez de Aguirre.
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Las dinámicas sucedidas en los conventos mendicantes europeos se reprodujeron en los vitorianos. La falta de espacio en el interior del recinto amurallado favoreció que los monasterios de San Francisco y Santa Clara, franciscanos, y el de Santo Domingo se construyeran fuera de la muralla. Dentro se edificó sólo el de Santa Cruz. Los monasterios se nutrieron de gentes de Vitoria-Gasteiz, Araba, Gipuzkoa, Bizkaia y Castilla. Su patrimonio lo constituyeron edificios rodeados de tapias por algunos lados, donaciones de tierras e inmuebles, limosnas, mandas pías, dotes de monjas y herencias de frailes y monjas.
La competitividad para captar rentas entre franciscanos y dominicos –se disputaron el convento de Aránzazu– y de estos con los cabildos parroquiales de San Vicente, San Miguel, Santa María, San Pedro y San Ildefonso fue habitual, pero la Iglesia se dotó de un entramado financiero que concordó al clero secular y al clero regular. La libertad de elección del lugar de enterramiento en un centro religioso conventual se acompañaba de mandas pías y donaciones para las iglesias regidas por el clero secular, que por otra parte percibía los diezmos y primicias de sus feligreses. Los testadores, con acuerdos previos, podían enterrarse en los centros monásticos o en las iglesias parroquiales.
Los dominicos y franciscanos compitieron por motivos espirituales. Se preocuparon por acceder a una buena formación religiosa, de captar y desarrollar devociones. Se enorgullecían de contar con reliquias, milagros y cofradías, y de su prestigio y fama como oradores. La pertenencia de bastantes frailes y monjas a linajes aristocráticos ricos o a familias de comerciantes acomodados contribuyó a reforzar su influencia en la localidad. Los conventos proporcionaban a las familias la colocación de sus hijos e hijas en sus monasterios y una religiosidad asimismo utilitarista, pues quien la practicaba ganaría enteros en ese proceso de evolución individual de los católicos que desembocaría, según sus creencias, en el Juicio Final, ese momento en que Dios elegirá a quienes se quedarán con él eternamente en el Paraíso, mientras que los demás estarían abocados al infierno.
Los dominicos, en su rumbo espiritual, potenciaron una religiosidad en torno al culto a la virgen del Rosario, extendido y monopolizado por la orden de Santo Domingo de Guzmán. En Vitoria-Gasteiz se produjo un punto de inflexión cuando la imagen de la virgen del Rosario, adquirida en Flandes por el mercader Diego Martínez de Maeztu, supuestamente hizo el milagro de salvar del naufragio a los pasajeros que viajaban en el barco de regreso a las costas del golfo de Bizkaia. A este milagro se añaden los de la multiplicación de la cera y otros veinticinco milagros realizados con la ayuda de la virgen del Rosario, que socorre a quienes le piden su protección librándolos de tempestades marinas, partos peligrosos o pluviosidad y sequía excesivas. Los milagros prestigiaron el convento e hicieron crecer los ingresos, necesarios para reformar edificios que habían sufrido un incendio devastador en el XV. Uno de los pilares del convento fue la cofradía de la Virgen del Rosario, nacida en 1513. También consiguieron tener una de las cinco capillas privilegiadas de Vitoria-Gasteiz.
El convento de San Francisco, inmerso en una línea devocional similar, ya había logrado en el siglo XIII que un milagro sucedido a uno de sus frailes se recogiera en las Cantigas de Alfonso X el Sabio. Excelente propaganda para el convento. Además, allí se fijó la sede de dos cofradías, la de la Concepción y la de la Misericordia. Asimismo, contó con la capilla privilegiada de la Anunciación. En cambio, en su seno resonó con más eco el enfrentamiento entre dos facciones, la claustral y la observante. Los partidarios de la reforma de la Observancia inclinaron la balanza a su favor a partir de 1496. La lucha atroz entre ambos grupos desembocó en violencias y amenazas en algunos conventos franciscanos vascos. Los sucesos fueron más graves en Bermeo, pero también se dieron en Vitoria-Gasteiz.
¿Qué decir de las reliquias? Las monjas de Santa Clara aseguraban tener una reliquia del santo en la ermita del monasterio. Se trataba de una piedra en la que Francisco de Asís dejó las huellas de sus manos cuando supuestamente pasó por Vitoria-Gasteiz. Igualmente, el monasterio de San Francisco contaba con el lignum crucis, donado junto con su relicario por Berenguela López de Haro, que financió reformas en determinados edificios y en la iglesia.
Política local
En el plano político, Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya y de la Cofradía de Álava, se reunió con sus vasallos en el monasterio de San Francisco a finales del XIII, el concejo en los siglos XV-XVI –los franciscanos lo consideraron una carga– y en el XVI las Hermandades de Araba, que depositaron allí su archivo. En el monasterio de Santo Domingo se reunieron más excepcionalmente. A su vez, dominicos y franciscanos interfirieron en la política local en un doble sentido: acogiendo puntualmente a delincuentes (franciscanos) o participando activamente en negociaciones para evitar el asedio y ataque de la ciudad por el conde de Salvatierra (dominicos).
Nos queda el misionero vitoriano fray Pascual de Vitoria, empeñado en convertir infieles al catolicismo. Describe su empresa evangelizadora en una carta singular que no olvida las indulgencias por visitar Asís e ir a misiones evangélicas a Tartaria. Desde Armalek (Afganistán), el 10 de agosto de 1338, envió una carta al guardián y frailes de la Custodia de San Francisco de Vitoria. Narra el trayecto recorrido, los medios de transporte, su duración y refiere sus vicisitudes. El viaje, una aventura peligrosa de más de 7.000 kilómetros, lo inició en Vitoria-Gasteiz en compañía de fray Gonzalo de Trastorna. En Aviñón recibieron la bendición del Ministro General de la orden. De Aviñón fue a Asís para ganar indulgencias. De Asís fue a Venecia, tomó una carraca, atravesó el Adriático y Helesponto, y conversó con el vicario de Catay. De Gálata, cerca de Constantinopla, tomaron otro barco con griegos, pasaron el mar Negro y llegaron a Gazaria en el Imperio de Tartaria. Un nuevo navío le llevó al puerto de Tana, de donde se dirigió a Saray –ciudad mogola próxima a la desembocadura del Volga– en un carro de caballos con griegos. En esta población aprendió la escritura vigúrica y la lengua Camanica, hablada en el Imperio de Tartaria, Persia, entre Caldeos, Medos y Catays. A partir de ese momento predicó a los moros y a los cristianos cismáticos y herejes sin intérprete. En la ciudad sarracena de Saray residió un año.
Luego embarcó con unos armenios. Navegó doce días por el río Tigris y por la ribera del mar Batuk hasta atracar en Sarachuk. Allí subió a unos carros de camellos que le llevaron en cincuenta días a Urgantz, en los confines del Imperio de Tartaria y Persia. La guerra civil a raíz del asesinato del rey por su hermano determinó su permanencia allí veinticinco días “declarando a los moros la ceguedad y engaño de su falsa ley y profeta” y predicando la palabra de Cristo. Diariamente Pascual, “auxiliado por el Espíritu Santo”, disputaba en público con el cadí a las puertas de la mezquita sobre la falsedad del Corán y otros libros. Una versión de la carta dice: “aquellos canes” procuraron que abandonase la fe de Jesucristo. Le prometieron “muchos deleites del mundo y de casarme con doncellas hermosas y darme muchos dineros, posesiones, ganados y quanto yo quisiese”. Se negó a aceptar sus proposiciones, pese a que padeció suplicios. Le apedrearon, le quemaron cara y pies, y le arrancaron la barba “diciéndome tantas vilezas, vituperios y palabras feas y bestiales, quantas se les venía a sus brutales y sucias bocas”.
En Urgantz se enroló en una caravana de camellos conducidos por moros agarenos con destino a Armalek. Sólo Pascual y otra persona eran cristianos. En dicho trayecto, le quisieron envenenar y ahogar. Agrega en la carta que no le importaba lo que había padecido y que era capaz de sufrir mucho más en nombre de Dios.
En 1342 le cortaron la cabeza en Armalek. Rechazó las órdenes de los nuevos mandatarios que obligaban a los cristianos y neoconversos de origen musulmán a la conversión al Islam. Murió como un mártir, pero no alcanzó la santidad.
Algunas de estas ideas las desarrollo en el artículo Órdenes mendicantes y elites de poder en Vitoria-Gasteiz a fines de la Edad Media, en Agurtzane Paz, Ernesto García, Ana Galdós, Ismael García, Mª Consuelo Villacorta, Emiliana Ramos y José Ramón Díaz de Durana Libros de cámara del concejo. Actas Municipales de Vitoria (1480-1481). UPV/EHU, Bilbao, 2025.
El Autor: Ernesto García Fernández. (Elvillar–Araba), historiador vinculado a Vitoria-Gasteiz, ciudad donde ha desarrollado labores docentes e investigadores en la Facultad de Letras (EHU).