No es la primera vez que Niño de Elche, el gran verso suelto del flamenco, se cruza con Iban Urizar y su proyecto Amorante. La extraña pareja no lo es tanto. Para empezar, ambos son dos iconoclastas que utilizan un alias artístico. Ya hace 10 años, en el EP del debut homónimo de Amorante, Niño de Elche colaboraba en el primer tema del disco, Oroimenaren fruitu. También en 2016, el trompetista y multiinstrumentista de Elgoibar abrió el concierto del conocido cantaor ilicitano (su nombre real es Francisco Contreras) en la sala Dabadaba de Donostia. El evento le rompió los esquemas a más de uno y mostró el camino directo a cualquiera que quisiera expresar su arte libremente. 

Como su vecina eibartarra Mursego (alias de la artista Maite Arroitajauregi), con Amorante se diluyen los géneros musicales en una carrera musical marcada por la búsqueda. Sus canciones son difíciles de encasillar porque, precisamente, huyen de la ortodoxia de las etiquetas. Sobre el próximo disco, que se lanzará a la vuelta del verano, Amorante afirma que será reconocible y “coherente” con su trayectoria musical. Pero también hay novedades. La tendencia hacia la electrónica se afianza “más si cabe” y salvo la trompeta y algún piano suelto “apenas hay instrumentos acústicos”. Será un trabajo, asegura, “más visceral”. O no. “No me atrevo a decirlo porque luego cada uno lo ve de una manera distinta. A ver si conectan con el disco”, confía.  

Amorante vuelve a reencontrarse con Niño de Elche en su regreso, Aspaldiko orroak, el tema de adelanto de su próximo álbum que verá la luz en octubre. El músico vasco dice que cuando grabó el tema bajo la supervisión del productor Johannes Buff (hermano del batería y músico Felix Buff) se miraron a los ojos y dijeron al unísono: “¡Guau!”. La letra va sobre un hombre antiquísimo, de otro tiempo. La trompeta, que tiene un épico aire de Semana Santa, o incluso militar, parte en dos la canción. Niño de Elche sale cantando en euskera la última parte del tema, que, por su hondura y fuerza interpretativa, recuerda un poco a aquel experimento conjunto con Los Planetas que se llamó Fuerza Nueva. “Le admiro como artista y le quiero como persona y me encajaba que él formara parte de la canción”, dice Amorante.

Amorante Jon Garate Ondarre

Pero donde él se encuentra realmente en su salsa es en el laboratorio improvisado de sus directos. Nunca hay dos conciertos iguales. Cambian dependiendo del día, la inspiración y el lugar. En mayo estuvo por primera vez en la República Checa donde actuó en las ciudades de Brno y en la capital, Praga. Fue una experiencia “superbonita”, asegura. El 10 de julio Amorante actuará en Itsas etxea auditoriuma de Hondarribia. 

Le gusta la música tradicional, pero no hace música tradicional. ¿Cómo se lo explicaría a alguien que no conoce su mundo?

-Es tradicional (ríe). Es difícil de explicar porque la siento como muy mía. Yo me tengo a mí mismo como un oyente ecléctico y todo ese eclecticismo se fundamenta en los diferentes estilos, manifestaciones musicales y tradiciones que convergen en mi forma de entender las cosas, ya sea a la hora de hacer un disco o en directo, que son dos universos que se tocan pero que son diferentes entre sí. Invito siempre a que primero vengan a verme actuar, que es mi ecosistema más natural, y que, si eso les convence, escuchen mi música en casa. 

Parece que si no metes a 5.000 o 10.000 personas en un recinto, tu música tiene menos valor”

¿Qué tal fue la aventura en la República Checa? ¿Con qué se encontró?

-Superpositiva. No sabía muy bien con qué me iba a encontrar y qué tipo de público iría a los conciertos. Había una parte de expats españoles que viven en la República Checa, pero la mayoría eran aficionados a la música locales de generaciones y edades diferentes. Di dos conciertos, en Brno, donde fue menos gente y Praga, que funcionó superbién. Conectaron muchísimo con lo que hacía, lo que me confirma que ni mucho menos el idioma es una barrera y que también puedo viajar por el mundo y enseñar lo que hago. 

Suele improvisar bastante en directo. El guitarrista de jazz Path Metheny decía que nada le resultaba más interesante que escuchar cómo la gente improvisa.

-Soy de esa misma escuela. Vengo de la tradición más académica, soy trompetista de formación, pero he tenido la oportunidad de tocar en infinidad de bandas y de hacer mucha improvisación libre. Eso te da, no sé si seguridad es la palabra, pero sí un bagaje que te va curtiendo para luego llevarlo al directo. La composición tiene otros códigos, otros tiempos. Para mí, tocar en directo es un poco como andar sobre una cuerda sin red. Me pone muchísimo.  

Amorante Jon Garate Ondarre / Cedida

¿Cuál es su opinión acerca de la actual escena vasca? Mucha gente destaca la riqueza de estilos y variedad musical que se puede encontrar. 

-La escena vasca es ecléctica, pero últimamente se están hegemonizando propuestas musicales de las cuales me siento bastante ajeno y que están bastante más emparentados con el mainstream. Parece que, si no metes a 5.000 o 10.000 personas en un recinto con escenarios móviles y unas luces de la leche, tu música tiene menos valor. Si lo emparentásemos con los estratos sociales, la clase media ha desaparecido (de la escena musical vasca). O haces música mainstream y lo súperpetas o simplemente te toca mendigar conciertos. 

No es un buen panorama.

-Es un poco triste. Creo que la industria musical manda demasiado y la gente está demasiado pendiente de lo que nos indican que tenemos que escuchar en casa, lo que va en detrimento del eclecticismo que tenemos. Nos hemos vuelto perezosos. En Euskal Herria, por suerte, tenemos a gente haciendo maravillas, aunque cuesta que eso llegue al público y cada vez es más difícil lograr sacar bolos. En este sentido, me siento un privilegiado porque tengo oportunidad de tocar aquí y fuera de aquí, siempre para un público muy reducido.  

Me siento un privilegiado por tocar, aunque sea para un público muy reducido”

Con el cantautor Gartxot tiene una estrecha conexión personal y musical.

-Gartxot dice que soy como su padre y yo le digo que, como mucho, sería su hermano mayor (ríe). Nos separan unos años, yo ya tengo 51 palos. Es una persona con la que conecto mucho con su universo y su forma de crear y, aunque no soy nada objetivo porque he participado en él, me parece que ha sacado un discazo (Bizirik gaude). Todo lo bueno que le pasé a Gartxot lo tiene súpermerecido. 

En una entrevista reciente reconocía que mantiene una relación de amor-odio con Elgoibar. Esa dualidad con las localidades natales suele ser muy recurrente.

-Para mí también es recurrente. Yo siempre digo que hago herri musika (música de pueblo) y que si viviera en una ciudad seguramente haría otro tipo de música. Lo de amor-odio no es por nada concreto. Elgoibar es un pueblo que no tiene costa y es industrial. A veces pienso en irme, pero también me siento un privilegiado por vivir aquí. Está cerca de la playa y de muchos sitios a los que me gusta ir o me toca ir.