La OCU aclara los mitos sobre la kombucha: menos azúcar que un refresco, pero “sin beneficios milagro”
La organización recuerda que se vende como probiótico, pero advierte de que ese término no garantiza efectos saludables y pide revisar el etiquetado antes de comprarla
La OCU ha publicado un vídeo para aclarar qué hay de cierto en la popularidad de la kombucha, una bebida que se ha hecho habitual en supermercados y cafeterías con una imagen asociada a lo “saludable”. Según explican, "la kombucha es té fermentado con una colonia de microorganismos llamada SCOBY (bacterias y levaduras), y su sabor cambia en función del tipo de té y del tiempo de fermentación" y se comercializa a menudo como un probiótico. La OCU matiza ese punto clave: “probiótico es más un término descriptivo que una garantía de beneficios para la salud”. Es decir, que tenga microorganismos o se presente como “probiótica” no implica automáticamente mejoras demostradas en el organismo.
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Los mitos más repetidos
En el vídeo se repasan cinco supuestos beneficios que suelen atribuirse a la kombucha: “Mejora la digestión y ayuda a equilibrar la flora intestinal”, “refuerzo del sistema inmunológico”, “propiedades antioxidantes”, “desintoxicación del hígado” y “reducción del colesterol malo y aumento del bueno”. Sin embargo, la OCU insiste en que, más allá del discurso habitual, “no hay evidencia científica que garantice estas propiedades más allá de su acción hidratante”. Su conclusión es que no es un producto “milagro”, y su valor no está en las curas o mejoras que pueda asegurarnos obtener, sino en que puede ser una opción más ligera, sobre todo en cuanto a azúcares, frente a otras bebidas.
Dónde sí puede tener sentido
La organización reconoce el punto a favor más evidente de la kombucha: “sigue siendo un buen sustituto de los refrescos azucarados por su bajo azúcar”. En ese marco, la kombucha puede encajar para quien busca una bebida con burbujas y sabor, pero con menos carga de azúcar que un refresco clásico.
La OCU recomienda fijarse en que el azúcar sea “menor de 3 gramos por 100 mililitros”, evitar que lleve edulcorantes, apostar por listas de ingredientes sencillas y consumirla con moderación “para evitar molestias digestivas”. Según afirma la OCU, “la kombucha es una alternativa refrescante, pero no es un producto milagro. Más allá de hidratar, no hay beneficios demostrados”.
¿Cómo se elabora?
La kombucha se elabora a partir de una base muy sencilla de té, agua y azúcar, a la que se añade una colonia de bacterias y levaduras conocida como SCOBY. El proceso comienza preparando una infusión de té (normalmente negro o verde) que se endulza con azúcar, necesaria para alimentar a los microorganismos durante la fermentación. Una vez la mezcla se enfría, se incorpora el SCOBY y se deja fermentar a temperatura ambiente durante varios días o semanas. En ese tiempo, las levaduras transforman parte del azúcar en alcohol y las bacterias convierten ese alcohol en ácidos orgánicos, lo que da lugar a una bebida ligeramente ácida, efervescente y con menos azúcar que al inicio.
El sabor final depende del tiempo de fermentación y, en algunos casos, de una segunda fermentación en botella con frutas o especias, que aporta aromas adicionales y gas natural.
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