Bilbao

En su empeño por luchar contra la corrupción en Brasil, la presidenta Dilma Rousseff se ha cobrado una selecta presa en un país en donde el fútbol es religión y que se encuentra en pleno fragor organizador del Mundial de 2014. Se trata de Ricardo Teixeira, presidente de la potente Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) hasta el pasado lunes, cuando presentó su dimisión del cargo después de ejercerlo durante 23 años, y también al de presidente del Comité Organizador Local (COL) del Mundial, aduciendo razones "de salud".

La misma línea argumental, aunque con otro propósito y dimensión bien diferentes, ha utilizado el exfutbolista Romario, o baixinho, valorando el mismo gesto: "Hemos exterminado un cáncer del fútbol brasileño", proclamó el exdelantero del Barça y Valencia, entre otros clubes, metido en política y actual diputado en el parlamento federal.

Ricardo Teixeira, de 64 años, seguirá siendo miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA, cargo que, al parecer, no es incompatible con su estado de salud. "Presidir pasiones no es una tarea fácil. El fútbol, en nuestro país, está asociado a dos imágenes: talento y desorganización. Cuando ganamos, destacan el talento. Cuando perdemos, destacan la desorganización. Hice lo que estuvo a mi alcance. Renuncié a mi salud. Fui criticado en las derrotas y subvalorado en las victorias", dejó escrito Teixeira en su carta dimisionaria, leída ese mismo lunes ante la prensa por su sucesor al frente de la CBF y del COL, José María Marin.

Con estas letras, Teixeira ha sucumbido a la presión que le apretaba, más visible a dos años del Mundial, un acontecimiento que, al margen de exhibir en la tierra del jogo bonito a los mejores peloteros del universo, se pone en juego la dimensión que Brasil está alcanzando como potencia emergente.

La renuncia de Teixeira confirma rumores que circulaban en la prensa desde el año pasado, y ocurre en momentos que el dirigente enfrenta múltiples sospechas de corrupción.

investigado La situación de Teixeira se complicó en febrero, cuando el diario Folha de Sao Paulo reveló que el expresidente de la CBF era investigado por la policía federal brasileña por sus vínculos económicos con una empresa acusada de cometer irregularidades en la organización de un partido amistoso que disputaron Brasil y Portugal en noviembre de 2008, en Brasilia. Se trata de Ailanto Marketing, regida por el presidente del Barcelona, Sandro Rosell, según la prensa brasileña íntimo amigo de Teixeira.

Las acusaciones de irregularidades no son algo nuevo para Teixeira, quien en 2001 fue blanco de una investigación del Congreso brasileño sobre supuestas irregularidades en el contrato de patrocinio de la selección brasileña firmado entre la CBF y la fábrica estadounidense de material deportivo Nike. Además, la BBC apuntó a Teixeira y su entonces suegro, Joao Havelange, expresidente de la FIFA, como beneficiarios de supuestos sobornos pagados por la fallida empresa de marketing deportivo ISL a miembros del comité ejecutivo de la FIFA en los años 90.

Junto a las sospechas de corrupción, Teixeira también se ha visto involucrado en el conflicto entre la FIFA y con el Gobierno de Brasil a cuenta de la preparación del Mundial'2014, cuando Jérome Valcke, secretario general de la FIFA, llegó a decir que los organizadores precisaban una "patada en el trasero" para "comenzar a trabajar en serio".

Dichas manifestaciones fueron asumidas por el Gobierno de Brasilia como una ofensa al país, aunque Valcke no estaba desencaminado en el fondo: existe un retraso alarmante en las obras, sobre todo porque el Congreso brasileño aún no ha aprobado una ley que debe regular todo lo concerniente al Mundial.