En 2018 Force India entró en concurso de acreedores tras acumular deudas con alrededor de 450 empresas. El consorcio liderado por Lawrence Stroll aprovechó la ocasión para hacerse en propiedad con un equipo de Fórmula 1 que pasó a denominarse Racing Point. La adquisición fue objeto de burlas. Papá ha comprado una plaza para su hijo, Lance, en la Fórmula 1, afearon. En 2021 el magnate canadiense convirtió a la escudería en Aston Martin tras una inversión en la compañía británica cifrada en más de 180 millones de euros. Ahí nació un ambicioso proyecto predestinado a alcanzar títulos. 

Durante este tiempo Aston Martin ha invertido cerca de 2.000 millones de euros. Reclutó a Fernando Alonso para liderar el proyecto en pista y a Adrian Newey para diseñar un monoplaza campeón. La temporada 2026, con la llegada de un profundo cambio en la reglamentación técnica, marcaba el gran desafío. Era el año en el que todas las mejoras y novedades introducidas debían converger para lograr victorias. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Cuatro meses de retraso en el desarrollo

Una de las grandes apuestas de Aston Martin de cara a 2026 fue establecer un binomio con Honda. El equipo de Silverstone apostó por la firma japonesa como suministrador de unidades de potencia. Honda había logrado sentar la última gran época de dominación motorizando al Red Bull de Max Verstappen, uno de los coches más sobresalientes de la historia y cuyo diseño corrió a cargo de Newey. Las expectativas se dispararon. Pero las piezas, esta vez, no han ensamblado como se esperaba. “No se puede comprar un título”, censuró Bernie Ecclestone. Este invierno parecía llamado a ser tiempo de optimismo. Pero hace apenas un mes, Newey se pronunció por primera vez sobre el estado del proyecto. Lo hizo a través de una entrevista publicada por Aston Martin. El ingeniero confesó que el desarrollo del coche había comenzado con cuatro meses de retraso respecto al resto de proyectos. Sonaba la primera voz de alerta. 

Una pretemporada desastrosa

La pretemporada confirmó el desastre. Aston Martin fue la escudería que menos rodó: 2.115 kilómetros. Cadillac, el segundo coche con menos vueltas, completó 3.935 kilómetros. Mercedes, a la cabeza de los ensayos, probó durante 6.202 kilómetros. Es decir, el proyecto necesitado de rodaje perdía oportunidades para progresar. La preocupación apuntaba a Honda. El motor, mitad de combustión y mitad eléctrico, no aportaba fiabilidad, lo que impedía desatar toda la potencia. Además, la electricidad llegó a fluir descontrolada y el coche tuvo que ser detenido para evitar descargas en los pilotos.

Pese a la sucesión de argumentos pesimistas, el corporativismo imperaba entre Aston Martin y Honda. Nadie parecía asumir la responsabilidad de la situación. La dinámica parecía un asunto global. El tiempo había atropellado a todo el proyecto. 

Australia desata la tensión 

Y con este contexto se presentó la hora de la verdad, el Gran Premio de Australia que abre al telón del Mundial. Entonces, ante el requerimiento de explicaciones porque ya se había agotado el plazo de pruebas, comenzaron a volar los cuchillos. Newey, como buque insignia de Aston Martin, ejerciendo funciones de director del equipo, declaró en Melbourne que el motor no casa con el resto de componentes, lo que provoca unas vibraciones que causan problemas de fiabilidad. Asimismo, esas vibraciones se trasladan al chasis y en consecuencia, los pilotos no puedan realizar tandas largas. “Fernando cree que no puede dar más de 25 vueltas consecutivas sin correr el riesgo de sufrir daños permanentes en los nervios de las manos”, señaló ayer Newey en su primera comparecencia antes los medios de comunicación en Australia.

Adrian Newey, jefe de Aston Martin, en Melbourne. EFE

La primera jornada de entrenamientos ha reafirmado hoy un desastre que invita a pensar que Aston Martin no estará en condición de completar la carrera dominical o incluso tomar la salida. 

En el primero de los dos ensayos, Alonso ni siquiera ha salido del garaje, mientras que Lance Stroll apenas ha completado tres vueltas. En el segundo entreno, el asturiano ha dado 18 vueltas para firmar el vigésimo tiempo, a 4,9 de mejor crono. Stroll, por su parte, ha sido vigésimo primero, a 6 segundos del líder, tras 13 abrazos al circuito. Solo Sergio Pérez, a bordo del Cadillac, ha quedado por detrás. El mexicano ha sufrido dos averías y no ha registrado ningún tiempo.

Newey ha expresado tras el estreno que “en este momento hay una tarea muy clara: reducir la vibración que emana de la unidad de potencia”. “Están trabajando en ello, no va a ser una solución rápida... No puedo comentar con qué rapidez podrán lograrlo, pero tiene que ser la prioridad”, ha explicado proyectando pesimismo sobre los plazos.

Comienzan las críticas internas

Y por primera vez, el jefe de Aston Martin ha sacado los cuchillos a pasear y ha señalado a la otra parte implicada en el proyecto. “Solo nos quedan dos baterías, que están montadas en los coches. Si perdemos una, sería un gran problema”, ha desvelado. Es decir, Honda también adolece de falta de recambios.

Newey también ha revelado que no descubrió los graves problemas de experiencia y personal en Honda hasta noviembre, y que de haberlo sabido antes, Aston Martin no hubiera cerrado un acuerdo con la fábrica japonesa. “No, no hubiéramos firmado con Honda de haberlo sabido”, ha sentenciado, y ha instado a que “Honda debe empezar a trabajar en el motor de 2027”.

Alonso, que ya vivió una aciaga etapa con Honda cuando era piloto de McLaren, tampoco se ha mordido hoy la lengua. “Es decepcionante cuando solo suministras a un equipo y no tienes repuestos ni existencias”, ha expresado en relación a Honda, antes de confirmar que “seguimos en un punto cero, casi de salida”. Un drama.

Las duras declaraciones han encontrado réplica en Stefano Domenicali, presidente de la Fórmula 1. “No se puede aceptar señalar con el dedo. Somos un deporte de equipo y la única forma de reaccionar positivamente y lo más rápido posible es trabajando juntos”, ha declarado, aunque ha admitido que la situación es “decepcionante”. Cuando la presión atenaza, vuelan los cuchillos en Aston Martin, que ve cómo su gran objetivo se difumina a las primera de cambio y el clima se enturbia.