Euskadi afronta, no es la única, una realidad marcada por la incertidumbre y la transformación acelerada en un contexto global donde lo económico, lo político y lo social se entrelazan de forma cada vez más compleja. Las tensiones geopolíticas, la volatilidad de los mercados energéticos, los cambios en las cadenas de suministro y la transición hacia nuevos modelos productivos dan forma a un escenario exigente en el que la capacidad de adaptación se convierte en un factor determinante si se quiere mantener una posición en el futuro.
En este entorno, por tanto, las empresas vascas se enfrentan al reto de mantener su competitividad sin perder de vista la necesidad de evolucionar hacia un modelo más innovador, digital y sostenible. Y todo esto con los vaivenes de un espacio globalizado que no para de cambiar.
Una velocidad que, como quedó patente en el encuentro organizado ayer por DEIA, obliga a actuar con anticipación y a no quedarse como mero espectadores de lo que sucede a su alrededor.
En este entramado, la innovación y la digitalización ya no son elementos diferenciales, sino condiciones necesarias para la supervivencia empresarial. La incorporación de nuevas tecnologías, la automatización de procesos y la apuesta por la economía del dato están redefiniendo la forma en que las empresas producen, compiten y generan valor.
Al mismo tiempo, la sostenibilidad ha dejado de ser una opción para convertirse en un eje estratégico, impulsado tanto por la regulación como por las demandas sociales y del mercado.
Estos fueron solo algunos de los esbozos que se trataron en la mañana de ayer jueves en el Palacio Euskalduna en la jornada “Euskadi Horizonte 2026: Ecosistema de ayudas a la empresa vasca”, un encuentro que sirvió para reunir a representantes institucionales, expertos económicos y agentes empresariales con el objetivo de analizar el presente y anticipar el futuro del tejido productivo vasco.
Ellos fueron Noël d’Anjou, consejero de Hacienda y Finanzas del Gobierno Vasco que se encargó de la apertura de la cita; tras la cual tuvo lugar una interesante mesa redonda donde participaron nombres tan relevantes como Iñaki Alonso, viceconsejero de Hacienda del ejecutivo autonómico; Amaia del Villar, directora general del Instituto Vasco de Finanzas; Marta Alonso, vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Bilbao y directora Territorial BBVA Norte e Ignacio López Tamayo, socio de PKF Attest. Todos ellos tuvieron su espacio de reflexión bajo la moderación y la batuta de Iñaki González, director de DEIA.
La realidad económica vasca
En este contexto, Euskadi parte de una posición sólida. Su tejido industrial, su tradición exportadora y su apuesta histórica por la innovación le han permitido construir una base competitiva relevante en el ámbito europeo en este sentido. Sin embargo, los desafíos actuales exigen reforzar esa posición a través de una estrategia que combine resiliencia, inversión y transformación. La capacidad de las empresas vascas para adaptarse a los cambios, superar crisis y reinventarse se presenta como uno de los principales activos del territorio.
La incertidumbre exige respuestas ambiciosas, basadas en la colaboración entre entes públicos y entidades privadas
Ante esto y desde las instituciones, el mensaje es claro: el éxito de Euskadi se construye desde la empresa, como reconocía el consejero de Hacienda y Finanzas en sus palabras, al tiempo que remarcaba que su capacidad para invertir, innovar, crecer y generar empleo de calidad es el motor que impulsa el desarrollo económico y social.
Por ello, el acompañamiento al tejido empresarial se sitúa en el centro de la acción pública, sobre todo cuando estamos hablando de un escenario global e internacional cada vez más complejo y convulso.
Un marco propio
Uno de los pilares fundamentales de este acompañamiento es el Concierto Económico, un instrumento que otorga a Euskadi una capacidad de autogobierno única en el ámbito fiscal. Este modelo reconoce a las instituciones vascas competencias para diseñar y aplicar su propio sistema tributario, equiparándolas, en la práctica, a cualquier Estado en esta materia.
Se trata de un sistema de descentralización del poder tributario singular, especialmente relevante en el marco de la Unión Europea, donde la política monetaria está centralizada y las políticas de gasto están condicionadas por estrictas reglas fiscales.
Y es en este contexto, donde referirse a la capacidad tributaria es hacerlo también de la principal herramienta de política económica como coincidieron los cuatro ponentes reunidos en la cita de ayer. Euskadi puede definir una fiscalidad adaptada a su realidad, orientada a incentivar la inversión, la innovación y el desarrollo empresarial.
Pero, más allá del diseño normativo, uno de los elementos que refuerzan su atractivo es la estabilidad normativa y la seguridad jurídica. En un entorno internacional marcado por la incertidumbre, la previsibilidad y la confianza en las reglas del juego son factores clave para atraer y consolidar inversiones empresariales.
Esta combinación de autonomía fiscal y estabilidad institucional permite, además, una respuesta más ágil cuando se da el caso de situaciones extraordinarias. Así se ha demostrado en los últimos años, donde las instituciones vascas han utilizado su capacidad tributaria para mitigar los efectos de crisis como la pasada pandemia, las disrupciones energéticas o las tensiones geopolíticas que vivimos en la actualidad con la guerra de Oriente Medio como la última de ellas.
En estos escenarios, la actuación se ha orientado especialmente a proteger a los colectivos más vulnerables, como autónomos y pequeñas empresas, ofreciendo una respuesta diferencial respecto a otros entornos.
Junto a este marco fiscal, Euskadi ha apostado por reforzar los instrumentos de colaboración público-privada como palanca de transformación en este sentido y como respuesta a la incertidumbre y el impacto de los conflictos bélicos que marcan el mapa internacional.
En este epígrafe, la Alianza Financiera Vasca, impulsada el pasado año, se traduce como un paso decisivo para articular un modelo en el que las instituciones y los agentes financieros trabajen de forma coordinada en torno a proyectos estratégicos. El objetivo es claro como quedó patente en la mesa de debate que centró la jornada de ayer organizada por DEIA y que no es otro que movilizar recursos, reducir riesgos y acelerar la transformación del tejido productivo en Euskadi.
Esta iniciativa se complementa con el Plan Euskadi Eraldatuz 2030, que actúa como hoja de ruta para canalizar la inversión hacia sectores clave y proyectos de alto impacto. A través de este plan, el Gobierno Vasco ha comprometido recursos significativos con el objetivo de generar un efecto multiplicador que impulse la participación del capital privado. Se trata de una apuesta por la inversión transformadora, capaz de redefinir el modelo económico y garantizar su sostenibilidad a largo plazo.
Fortaleza y adaptación
En todo este proceso, la resiliencia empresarial se configura como un elemento esencial. Las empresas vascas han demostrado en múltiples ocasiones su capacidad para adaptarse a contextos adversos, pero el reto actual va más allá de resistir: implica anticiparse, innovar y liderar el cambio.
La competitividad ya no se mide únicamente en términos de costes, sino también en la capacidad para generar valor añadido, incorporar tecnología y responder a las demandas de un mercado global en constante evolución.
Y en este punto conviene no olvidarse del factor humano, que adquiere una relevancia creciente con ese fin. La disponibilidad de talento cualificado, su retención y su alineación con las necesidades del tejido productivo serán determinantes para el futuro económico de Euskadi.
La formación, la capacitación continua y la conexión entre el ámbito educativo y empresarial se presentan como elementos clave para sostener el crecimiento y el futuro de una Euskadi que encara los próximos desafíos desde una posición que combina fortalezas estructurales con una clara conciencia de los retos que tiene por delante (y los que vendrán).
El Plan Euskadi Eraldatuz 2030 funciona como hoja de ruta para canalizar la inversión hacia sectores clave y proyectos
La volatilidad del contexto global exige respuestas ambiciosas, basadas en la colaboración entre entes públicos y entidades privadas, la innovación y la acción decidida. El Concierto Económico, la estabilidad normativa, la Alianza Financiera Vasca, el Plan Euskadi Eraldatuz 2030 y esas alianzas público-privadas son ejemplos de una estrategia que busca no solo resistir los cambios, sino convertirlos en oportunidades.
Por eso, el mensaje que trasladan las instituciones es contundente: Euskadi no puede ser espectadora. La transformación está en marcha y requiere del compromiso de todos los agentes. Ir de la mano con los actores privados, ambición y acción se consolidan, así como los ejes sobre los que construir el futuro económico y empresarial del territorio, con el objetivo de reforzar su competitividad, garantizar su sostenibilidad y seguir generando bienestar para la sociedad.