LA ciencia, a través de sus organismos reguladores, tiene la obligación de proteger a la ciudadanía de la desinformación y de los riesgos para su salud. Y eso es exactamente lo que acaba de hacer la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) al publicar un informe que debería resultar definitivo. El documento ha concluido “de forma categórica” que no existe ninguna evidencia científica que demuestre la eficacia de la homeopatía. El veredicto es concluyente sobre una práctica que genera un formidable negocio. El informe de la AEMPS no deja lugar a la ambigüedad. En primer lugar, subraya que los principios en los que se basa la homeopatía son sencillamente “incompatibles con el conocimiento actual en física, química y farmacología”. Después, constata que la supuesta eficacia observada en los productos homeopáticos es, en realidad, comparable a la de un placebo. Y, en última instancia y más importante, advierte de que los ciudadanos que optan por estos preparados pueden poner en grave peligro su salud si, a cambio, rechazan o abandonan los tratamientos que la medicina basada en la evidencia sí les ofrece. Esta contundente posición no es un hecho aislado, sino que se alinea con una tendencia internacional imparable. Francia eliminó su reembolso público en 2021, el Reino Unido dejó de financiarla y Alemania prevé suprimir su cobertura del seguro médico. Otros, como Australia, desaconsejan activamente su uso. Sin embargo, la realidad dibuja un panorama preocupante. A pesar de la falta de base científica, actualmente se comercializan casi un millar de estos productos. Se estima que unos 10.000 médicos los prescriben y más de 13.000 farmacias los recomiendan. Las cifras de consumo confirman su penetración, con un 32% de ciudadanos que aseguran haber utilizado estos productos en alguna ocasión o la última encuesta de Percepción Social de la Ciencia, en la que el 41,4% de la población confía en esta pseudoterapia. Un marketing eficaz y la percepción errónea de que son productos “naturales” e inocuos contribuyen a ello. Pero el riesgo es doble. En ocasiones se han notificado reacciones adversas graves, pero más peligroso es el abandono de tratamientos de eficacia demostrada. Es revelador que la mayoría de remedios homeopáticos se centren en dolencias leves o crónicas y no en cuadros agudos cuya curación sería fácilmente objetivable. Saben que su pretendida eficacia no resiste la prueba de una enfermedad grave.