El Primero de Mayo nos interpela un año más con una disparidad de mensajes que evidencia la distancia entre las legítimas aspiraciones de los trabajadores y la cautela del tejido productivo. Mientras los sindicatos ponen el acento en la recuperación del poder adquisitivo y el acceso a la vivienda, las organizaciones empresariales advierten sobre la incertidumbre económica y los crecientes costes que amenazan su competitividad. Ambas visiones, lejos de ser excluyentes, conforman las dos caras de una misma realidad que exige, hoy más que nunca, altura de miras y la restauración de los cauces de diálogo y negociación colectiva como pilar de nuestro modelo de bienestar. Es de justicia reivindicar el papel histórico del sindicalismo. Durante siglo y medio, su lucha ha sido el motor de avances irrenunciables en la consolidación de derechos y en la dignificación de las condiciones laborales. No obstante la evolución habida, persiste demasiadas veces una dialéctica de la confrontación como único mecanismo de progreso con una visión anclada en un pasado que no se compadece con la realidad contemporánea. El marco actual lo definen un modelo social y democrático de Derecho y normativas garantistas que deben ser el punto de partida del acuerdo, no del enfrentamiento. Un sindicalismo fragmentado, que sectorialice y alimente la diferenciación del sector público para que sea ariete de modelos laborales que, en términos prácticos, difícilmente puede absorber la actividad privado, acarrea el riesgo de confrontar a unos colectivos con otros, debilitando la cohesión social. Frente a esa dinámica, es preciso un compromiso de todas las partes: de las organizaciones empresariales, para no caer en la tentación de retroceder en derechos consolidados, y de las sindicales, para comprender que sus demandas deben ser compatibles con la sostenibilidad de un tejido productivo que es la garantía del empleo. El Primero de Mayo no puede quedar reducido a una fiesta ideológica hermética, de autoafirmación. Debe ser un emblema de la necesaria concordia, cooperación y convivencia que han construido el modelo de bienestar y derechos; la jornada en la que se renueve el compromiso colectivo por alcanzar objetivos justos y sostenibles para el conjunto de la sociedad en Euskal Herria. No es un desafío pequeño.
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