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La importación de energía retrocede por la caída de los precios y la menor demanda

El gasto de la CAV en materia energética cae más de un 20% en un contexto de subida de la llegada de gas de Estados Unidos y caída de las compras a Rusia y Venezuela

La importación de energía retrocede por la caída de los precios y la menor demandaPankra Nieto

El acceso a una energía relativamente asequible se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las economías europeas. Mientras el resto de grandes bloques comerciales -Estados Unidos y Asia- son autosuficientes en materia energética o tienen asegurado el suministro por parte de Rusia a precios competitivos, los países de la Unión Europea deben hacer grandes esfuerzos negociadores -y no exentos de grandes equilibrios diplomáticos- para poder garantizarse la adquisición de energía. Euskadi, al igual que la mayoría del resto de regiones y Estados de la UE, se encuentra en una situación de franca dependencia energética. No obstante, las actuales circunstancias internacionales parecen estar forzando un cambio de tendencias.

El volumen monetario de las importaciones energéticas de la CAV descendió en noviembre un 3,4% en tasa interanual, mientras que en el acumulado de los once primeros meses del año retrocede un 22,4%. De esta manera, a finales de noviembre las importaciones de energía en la CAV ascendieron, hasta los 5.143 millones de euros, por los 6.623 millones acumulados en los once primeros meses de 2024. Se trata de cifras también más bajas que en años precedentes. Así, al final del año de 2024, las compras representaron un desembolso de 7.098 millones de euros, mientras que en el cómputo de 2023 alcanzaron un total de 6.825 millones.

Al mismo tiempo, se están produciendo importantes cambios en los mercados energéticos. Después de la invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, la Unión Europea empezó a cortar de forma paulatina las importaciones de gas por los gasoductos que conectaban las explotaciones de Rusia con las terminales de países como Alemania o Italia. En cambio, la Unión se hizo la remolona con las importaciones de GNL (Gas Natural Licuado), que han seguido llegando por vía marítima a los puertos europeos. No fue hasta el mes pasado que el Parlamento Europeo aprobó con una amplia mayoría una normativa para acelerar la desconexión de la UE del gas ruso, que prohíbe las compras de GNL de Moscú a finales de 2026 y exige una reducción gradual de las compras de gas bombeado por gasoducto hasta eliminarlas completamente en otoño del año que viene. Además de por razones de seguridad -Moscú financia la guerra en Ucrania con los ingresos de las ventas de gas y petróleo- ha surgido otro motivo: la presión de Donald Trump a Europa para que compre GNL a Estados Unidos. Según cifras del Ejecutivo comunitario, las importaciones de GNL y gas de gasoducto ruso han caído del 45% al inicio de la invasión rusa de Ucrania a un 13% actualmente, mientras que las adquisiciones de petróleo ha pasado del 26% al 2% y el carbón, del 51% a cero.

En cualquier caso, el gas ha seguido llegando a Europa, aunque desde otros países proveedores y a precios más asequibles para los compradores que los de los años 2022 y 2023. Así, las siete plantas de regasificación españolas -entre ellas la del Puerto de Bilbao- han recibido gas natural de 16 países diferentes, contribuyendo a una “amplia diversificación” del suministro y “reforzando a España como un punto estratégico de entrada de GNL a Europa”, ha apuntado Enagás, el gestor técnico del sistema gasista en el Estado. El principal suministrador en 2025 fue Argelia, con el 35% en una lista en la que también están países como Angola, Francia, Qatar, Noruega o Guinea Ecuatorial. Pero llama la atención que Estados Unidos es segundo -ya ha alcanzado el 31% del total-, mientras que Rusia que desplazada a la tercera posición, con el 10,6%. Y eso que la llegada de gas natural a España procedente de Rusia volvió a repuntar en noviembre, con 3.305 gigavatios, triplicando así los niveles mínimos de los últimos meses desde el estallido de la guerra de Ucrania en febrero de 2022, aunque muy lejos de sus cotas máximas previas. La mayoría del GNL que llega de Rusia procede de contratos a largo plazo con Yamal LNG, un consorcio liderado por la compañía privada Novatek -la estatal es Gazprom- y en cuyo accionariado hay capital europeo de otros países, una participación que ha dificultado el consenso en la UE para frenar esas importaciones. 

De hecho, las estadísticas anuales de Enagás recogen que el pasado año se descargaron en la regasificadora del Puerto de Bilbao un total de 53 barcos con GNL, un aumento frente a los 49 del año anterior. Por contra, la demanda convencional de gas natural destinada, la destinada a hogares y empresas, cayó en diciembre en la CAV un 4,9% en comparación con la del mismo mes del año anterior, una tendencia que se repitió en todos los meses del año pasado respecto al mismo mes de 2024. Además, la demanda de gas natural para el sector eléctrico también fue menor a lo largo de 2025 en comparación con el año anterior. El descenso de la demanda gasística explica el menor desembolso en importaciones vascas de energía y ejemplifica el crecimiento que están jugando las renovables en el mix energético actual. Por otra parte, el descenso del precio del petróleo también influye en la caída del volumen económico abonado, puesto que el precio del barril Brent ha caído desde los 76,7 euros de enero de 2025 a los 52,7 de diciembre. Muy lejos de por ejemplo, los 107 euros del mes de mayo del año 2022, cuando empezó a visualizarse la inflación derivada de la invasión rusa a Ucrania. El hecho de que no se haya producido una ola de frío intensa, así como la progresiva implementación de medidas para la eficiencia y el ahorro energético, son otras de las razones para el retroceso. Sin embargo, la otra cara de la moneda la representa el descenso en la exportación de productos energéticos (-38% interanual en noviembre), como el refino de petróleo, influida por el hecho de la situación en Venezuela, coincidiendo con la revocación por Estados Unidos de los permisos concedidos a varias petroleras, entre ellas Repsol, para exportar crudo desde el país latinoamericano.