bilbao. La crisis financiera y el debate fiscal abierto sobre temas como el Impuesto de Sucesiones o el de Patrimonio afecta de una manera importante a la figura de la empresa familiar que es un componente esencial del tejido empresarial vasco y de la generación de riqueza. Aunque la empresa familiar siempre tiene la espada de Damocles de la sucesión del fundador -solo un 15% de las empresas llega viva a la tercera generación, según datos de la Cámara de Comercio de Bilbao-, su flexibilidad le permite adaptarse mejor a la complicada situación actual.
Según los expertos que trabajan con este sector, a las empresas familiares, a su supervivencia, les afecta más que la crisis en sí la inadecuada planificación de la sucesión en la compañía. La profesionalización de la gestión, la separación adecuada de lo que es la familia y lo que es la empresa, y el dejar, o intentar al menos, un liderazgo definido son elementos claves a considerar para tener un mayor número de elementos que permitan asegurar en la mayor medida posible la viabilidad de la compañía.
Dada la importancia del tema, en fechas recientes, tanto las organizaciones empresariales vascas, SEA, Cebek,... como las Cámaras de Comercio han tratado la especial problemática de este tipo de empresas que configuran la espina dorsal del tejido empresarial de Euskadi.
El presidente de la Comisión de Empresa Familiar de la Cámara de Comercio de Bilbao, Unai Artetxe, del Grupo Electrotécnica Arteche Hermanos, destaca que el 70% del entramado empresarial vasco es de carácter familiar y aporta un gran beneficio social al país. "De esta forma, la relevancia que en el empleo y en el compromiso con el territorio adquieren las empresas familiares, junto con la estabilidad que dan al tejido empresarial por su visión a largo plazo, justifican la trascendencia que para la economía de Bizkaia y de Euskadi tiene este tipo de empresas".
Para hacerse una idea de su importancia no hay que olvidar, según datos de la Cámara de Comercio de Bilbao, que en la Comunidad Autónoma Vasca existen unas 115.000 empresas familiares, -desde el pequeño negocio o la tienda, a las multinacionales-, que sustentan unos 475.000 empleos, en cifras de Lanbide.
Las empresas familiares suponen el 65% del Producto Interior Bruto (PIB) de la CAV, generan el 60% del empleo privado y, aunque en buena parte son pymes, representan el 65% de las exportaciones.
"Las empresas familiares están mejor preparadas para sobrevivir en tiempos de crisis. De hecho, en muchos casos se podría afirmar que son un modelo a seguir por el resto de empresas". Y es que, a pesar de que soportan los mismos vaivenes de los mercados que el resto de negocios, tienen un importante aliciente: un alto compromiso con el proyecto empresarial. Eso es al menos lo que señala Manuel Bermejo, director de Programas de Alta Dirección y Empresa Familiar de IE Business School.
Para numerosos expertos económicos, las empresas familiares poseen ciertas características que las permiten sobrevivir a los cambios actuales en mayor medida. Normalmente, a partir de un cierto tamaño, son más prudentes financieramente, ya que se gestionan con visión a largo plazo para el traspaso a las generaciones venideras. A esta ventaja hay que añadir determinadas características propias de estos negocios como son: una mayor flexibilidad, rapidez y experiencia en la toma de decisiones, así como la implicación de la familia para superar las dificultades y el esfuerzo por mantener la plantilla.
El problema es que esa mayor capacidad de adaptación a la crisis choca, en ocasiones, con la supervivencia de la empresa a la marcha de su fundador. La sucesión, si no se hacen las cosas bien, es un problema más fuerte que la crisis. De hecho, los datos son claros: Según la Cámara de Comercio de Bilbao, la importancia de planificar adecuadamente la sucesión de la empresa familiar en el tránsito de la primera a la segunda generación es vital, el 70% de las compañías familiares desaparecen o dejan de ser familiares en ese momento. Es el momento más peligroso para la supervivencia de las mismas.
Siete de cada diez desaparecen entre la primera y segunda generación, por lo que tan solo un 30% llega a la segunda generación. Un 15% desaparecen entre la segunda y tercera generación, por lo que tan solo la mitad de las que llegan a segunda pasan a tercera. El resultado es que solo un 15% de las empresas fundadas por el abuelo llegan a los nietos. Eso no significa que el 85% restante no sobreviva, pero pueden hacerlo ya fuera de la familia, cotizando en Bolsa o en manos de cualquier gran grupo empresarial. Con todo, las empresas familiares representan el genuino espíritu emprendedor tan necesario para crear empleo por lo que precisan el mayor reconocimiento social.
Según un estudio de la Cámara de Comercio de Bilbao para el territorio vizcaino, pero extrapolable al resto en buena medida, las empresas familiares vascas son mayoritariamente pymes, o sea compañías de menos de 50 empleados y facturación inferior a 5 millones. Son empresas con una gestión muy artesanal, ya que tan solo el 55,6% de las ellas dispone de presupuesto y tres de cada cuatro no dispone de un Plan Estratégico.
Un dato que demuestra una cierta pérdida del espíritu emprendedor en Euskadi es que las empresas familiares son longevas ya que en su mayoría están en segunda generación (el 78% de las empresas familiares cuentan con entre 10 y 50 años de antigüedad y la segunda generación predominante entre las empresas vizcaínas, el 61,4%, coincide con una edad media de las empresas de unos 26´5 años).
Estos datos confirman que el 65% de las empresas tendrán que resolver un proceso de sucesión en menos de diez años y solo el 11% tiene definido el proceso.