Alerta mundial por el coronavirus

Reconocible hasta el último día

26.06.2020 | 00:24
Jonathan Rousselle, el mejor del Bilbao Basket en la fase final de Valencia, trata de taponar a su excompañero Axel Bouteille.

el bilbao basket ha manejado la dura fase final sin perder sus señas de identidad y no ha abandonado su idea de equipo

EL Bilbao Basket metió su baloncesto en la maleta y cogió las vacaciones después de su paso por la fase final de la Liga Endesa, un esfuerzo exigente de nueve días en los que ha dejado el sello de la personalidad que ha forjado desde que Álex Mumbrú está en su banquillo. No era fácil manejar la situación con dos jugadores de baja por lesión, otros dos que se añadieron a la enfermería durante el torneo y con la mitad de la rotación disponible formada por jugadores que sabían que su futuro no estará en Bilbao. Además, ya se asumía antes de viajar a Valencia que aspirar a llegar lejos era una quimera, pero la imagen de los hombres de negro ha sido la misma que el resto de la temporada: competitivos, solidarios, esforzados y con ratos de muy buen baloncesto colectivo en las dos mitades del campo. No ha habido tentación de salirse del guion, de buscar el brillo individual, porque el técnico la cortó de cuajo en cuanto la detectó.

Así ha sido toda la temporada y en los cinco partidos en la burbuja de la Fonteta no había motivos para que fuera diferente. Las ausencias de Brown y Kulboka han llevado a Mumbrú a elevar la presencia en cancha de Rodríguez, Rigo y Cruz y el reparto de minutos en las otras piezas ha sido muy parecido al de la temporada normal. Balvin y Lammers se han repartido los minutos de cinco casi a partes iguales y Sulejmanovic y Cruz, la de cuatro. Rousselle ha acabado asumiendo más protagonismo por la lesión de Schreiner y entre Rafa Martínez, Serron y Rigo han cubierto la plaza de escolta y la tarea de ayudar en la dirección ya que el técnico no ha querido exponer más de la cuenta al junior Miguel Ruiz. Jugar con tres pequeños ha sido un recurso inevitable, aunque la falta de tamaño y de un base puro durante muchos minutos ha creado algunas dificultades en la circulación y ha provocado demasiadas pérdidas de balón. En cambio, el Bilbao Basket ha controlado bastante bien su rebote, lo que habla de su buena organización colectiva.

El formato obligaba a poner la lupa con cuidado, pero había interés en seguir las evoluciones de algunos jugadores. En este sentido, ha salido reforzada la figura de Jonathan Rousselle. El base galo empezó la temporada con titubeos, pero desde mitad de la primera vuelta mejoró sus prestaciones y en Valencia ha sido el mejor jugador del equipo y ha demostrado que ya ha entendido el juego de la Liga Endesa y está preparado para asumir la responsabilidad de llevar el juego del equipo. No tendrá a su lado a Thomas Schreiner, que dejará huella, sino a Ludde Hakanson, más físico y ritmo para la posición de base.

También había curiosidad por ver a Quinton Serron, más que nada porque apenas había podido jugar un puñado de minutos en dos partidos y apenas había dejado su conocimiento del oficio. Aguantó el confinamiento sin rechistar y se ha ganado un hueco para el próximo curso. El belga tiene buenas piernas para defender, entiende el juego y puede generar puntos y ayudar en el manejo. El tiro lejano no parece su mejor virtud, aunque el desgaste físico y el hecho de tener que asumir más tiros de lo habitual en su carrera pueden dar una versión distorsionada de sus cualidades.

Las bajas dieron un papel más importante a Sergio Rodríguez, Iván Cruz y Tomeu Rigo, que han alternado errores y aciertos y a ratos se han mostrado dubitativos, sobre todo en ataque. El canario y el madrileño no van a seguir, sus plazas serán ocupados por dos jugadores que, como ellos, subirán desde la LEB, pero no quita para que también hayan sido partícipes de la brillante campaña del equipo. El balear sí va a seguir y puede consolidarse en un papel de especialista defensivo que complete a Serron, sobre todo en una temporada en la que habrá más partidos y tendrá más oportunidades para pulir su juego ofensivo, tanto con balón como sin él.

Con Brown y Kulboka inéditos, el resto de los jugadores se han movido en su línea de todo el curso, aunque el paso de los partidos ha provocado altibajos lógicos. Balvin estará de vuelta y tendrá que hacerse más importante, sobre todo si se marcha Ben Lammers, que ayer, casualmente o no, jugó su peor partido en bastante tiempo. Emir Sulejmanovic ha ofrecido lo mejor de su repertorio cerca de los tableros, aunque tiene que seguir trabajando para ganar rango de tiro en ataque. Y, en fin, Rafa Martínez ha promediado 10 puntos con buenos porcentajes y muchos le piden que alargue su carrera. Hasta el último día el veterano cumplió con su cometido, como todo el equipo. El Bilbao Basket no ha abandonado su camino, tampoco en Valencia, y nadie le puede exigir más de lo que ha hecho. La página de la campaña 19-20 pasa y ya mismo se empieza a escribir la siguiente con una caligrafía reconocible.

No ha habido tentación de salirse del guion, de buscar el brillo individual, porque el técnico la cortó de cuajo en cuanto la detectó

Rousselle ha salido reforzado de esta fase final y ha demostrado que está preparado para asumir el peso de conducir al equipo

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