Equipo de División de Honor

En Zamudio se bebe mate

Cinco uruguayos y un argentino se enrolan en el equipo de División de Honor, categoría que arranca este fin de semana, para cumplir su sueño de jugar en Europa en busca de una oportunidad en el no siempre grato mundo del fútbol

09.02.2020 | 15:48

APARTADOS de los focos mediáticos, cinco jugadores uruguayos y un argentino serán la gran atracción de un Zamudio que se estrena en División de Honor el domingo en Basozabal frente al Sondika. Ezequiel, Alejo, Enzo, Brian, Nico y Rodrigo comparten un piso en Lezama que les ha puesto el club y solo tienen una idea en mente: cumplir su objetivo. "Vinimos en busca de un sueño. A mostrarnos en Europa. Esta temporada en el Zamudio y para que la temporada que viene podamos mejorar", cuenta Alejo, habitual en la banda izquierda. La historia nace en Fray Bentos, Montevideo y Paysandú, localidades uruguayas; y también en Ibicuy, Argentina. "Contactamos con un representante y vinimos en tandas. Dos vinimos a probar al Logroñés. Luego, otros dos al Barakaldo y, finalmente, dos más que han venido directamente al Zamudio y nos hemos juntado los seis", relata Ezequiel, que suele jugar de enganche o de extremo izquierdo.

Para algunos, la posibilidad de jugar en Segunda B (Logroñés o Barakaldo) era prácticamente una realidad, aunque no llegaron a pasar el último corte. "Yo tenía la chance de quedarme en Italia pero por circunstancias decidí venir a aquí. También pude quedarme en Uruguay, pero la situación del país no está muy bien y se ve que lo mejor está fuera, en Europa. Al final, lo del Logroñés no pudo ser y hay que seguir intentándolo. Venimos con mucha esperanza", cuenta Brian, quien juega de punta o media punta.

Su situación recuerda, aunque en otras circunstancias, a la cantidad de euskaldunes que labraron su futuro en la diáspora vasca de Montevideo en un tiempo no tan lejano. "A mí, en lo personal, esto es lo único que me salió hasta ahora", advierte Alejo. "Yo nunca jugué en el fútbol profesional de Uruguay", añade Ezequiel. Enzo, por su parte, cuenta con la gran experiencia de haber militado en la Primera charrúa. "No era un cuadro muy importante. Pero siempre se metía en la Copa y tenía mucho nivel. Acá es División de Honor, es mucho menos. Y hay mucha diferencia al comparar el fútbol profesional de Uruguay con el fútbol amateur de aquí", señala Enzo.

"Mal o bien, estamos en Europa", prioriza Brian. "Yo lo tomó como un avance. Acá no estoy en el Barcelona, pero en Uruguay tampoco estuve en Primera. Para mí estar en Europa es una vitrina y te pueden ver de todos los lados. Vamos a ver si andamos bien en los partidos y tenemos buen rendimiento", puntualiza. Alejo es de una opinión parecida: "Es un plus estar acá por el hecho de pegar el salto. Allá es más difícil".

Amables, honestos, hablan de asados con chotos, del chivito, de la playa Pocitos? Miran con recelo al vecino argentino y al mismo tiempo le veneran como hermano que es. "Tenemos los pies en Zamudio y no queda otra que demostrar; y si pensamos que somos buenos vamos a tener que hacer la diferencia para que nos vean otros equipos. Pagamos un precio, porque echamos de menos a la familia, tomar el mate con ellos, salir a caminar, las ramblas con amigos, los asados del domingo...", rememora Brian. "Aquí hay una carnicería en Lezama, pero no tenemos ni parrillero ni plata", cuenta Alejo entre risas. "La gente nos trata bien. Mejor de lo que pensábamos. Nos decían que el vasco era bastante cerrado", opina Ezequiel. "También nos advirtieron que no nos pusiéramos en contra de los vascos porque son muy rencorosos", descubre Brian. "Yo lo que más echo de menos es ir al prado, a la fortaleza, estar con la novia", repasa Enzo. "Vemos Europa como una salida y por más que te cueste tienes que aguantar igual lo que queda", remarca Ezequiel.

A doce horas de avión de sus casas, en un mundo sin fronteras, pero lejos de los suyos y con el insuficiente sueldo de una casa y comida, viven llenos de ilusiones renovadas en el mismo centro del Txorierri. Es ya es habitual verles a cualquier hora y en cualquier lugar con su imprescindible mate en las manos, que más que una bebida es un unificador social. "Tratamos de cuidar la hierba porque nos queda muy poco. Me lo manda mi madre", revela Brian. "El mundo a veces es ingrato. Pero en casa piensan como nosotros y nos apoyan. Eso es muy importante", comenta Ezequiel. "Va a ser un año para hacer grandes cosas. Tienes que pagar un precio y si no lo haces sabemos que si tenemos que comer un poco mal, extrañar? pero si lo hacemos y sale bien conseguiremos nuestro sueño", concluye Enzo.

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