final de copa

Cuando te dejan el trono en bandeja

el valencia, bien ordenado en defensa, se lleva su octava copa tras aprovechar los errores de un barcelona que reaccionó demasiado tarde

09.02.2020 | 04:07
La plantilla del Valencia celebra el título de Copa que ganó ayer ante el Barcelona.
El Valencia conquista la Copa

El Valencia, bien ordenado en defensa, se lleva su octava Copa tras aprovechar los errores del Barcelona

Barcelona1

Valencia2

BARCELONA: Cillessen, Semedo (Min. 46, Malcom), Piqué, Lenglet, Jordi Alba, Arthur (Min. 46, Arturo Vidal), Busquets, Rakitic (Min. 76, Aleñá), Sergi Roberto, Messi y Coutinho.

VALENCIA: Jaume, Wass, Garay, Paulista, Gayà, Carlos Soler, Coquelin, Parejo (Min. 65, Kondogbia), Guedes, Rodrigo (Min. 88, Diakhaby) y Gameiro (Min. 72, Piccini).

Goles: 0-1: Min. 21; Gameiro. 0-2: Min. 33; Rodrigo. 1-2: Min. 73; Messi.

Árbitro: Alberto Undiano Mallenco (Comité Navarro). Amonestó a los barcelonistas Busquets y Arturo Vidal, y a los valencianistas Gayà y Kondogbia.

Incidencias: Unos 54.000 espectadores en el Benito Villamarín.

bilbao - Marcelino señalaba al reloj, Parejo llamaba a la calma y Undiano apuraba a Jaume. La locura estaba incrustada en el Villamarín cuando el encuentro moría y el Valencia sorprendía al Barcelona de Leo Messi. El conjunto culé quería arreglar en diez minutos los errores de toda una mitad. Los blaugranas asediaban y el Valencia achicaba agua. El tiempo corría y los bostezos de la primera mitad se convirtieron en prisas. En impaciencia. El argentino subió de marcha, maravilló en una baldosa, pero estaba demasiado solo. Apenas Malcom le ayudaba. Y el Valencia también jugaba con ganas en el año de su centenario. El estadio miraba al marcador, el tiempo corría y el Barça se quedaba sin vida. Echó el resto. A falta de Luis Suárez, Piqué se aposentó en el punto de penalti. Alba dio velocidad a su banda e incluso Busquets se animó desde la frontal. Pero no hubo manera. Coquelin estaba en todas partes, se echaba al suelo y volaba por los aires. Carlos Soler repelía cada amenaza. Intuía a Messi incluso antes de que el astro pensara el movimiento. Y, así, al Barcelona le fue imposible solucionar en un cuarto de hora todo el desastre de la primera parte. De esta forma, y a pesar de que Messi redujo la distancia con un gol, once años después, el Valencia volvió a levantar la Copa.

Y es que la primera mitad condenó a los de Valverde. En ella, el Barça tuvo la posesión y el Valencia, las ocasiones. El Barça puso la tranquilidad, convertida en desidia, y el Valencia, el veneno. Porque los blaugrana tenían ayer la ocasión perfecta para borrar los fantasmas de Anfield -y de paso, los del Olímpico de Roma-, pero acabaron enrollados en un centrocampismo eterno, sin ideas ni peligro. Durmieron al Villamarín y se durmieron ellos. Tocaron y tocaron, en horizontal y con Messi olvidado, solo en el área. Tocaron y tocaron y, en un bostezo, el Valencia aprovechó para hincarle el diente a la Copa. Para morderla, aferrarse a ella y no soltarla jamás. Los de Marcelino jugaron el fútbol que les ha llevado a la Champions. Ordenados atrás, se mostraron cómodos con tanto blaugrana por el medio. Sin un nueve claro al que cubrir, defendió sin apuros.

Hasta que Lenglet se equivocó. El central francés, recientemente convocado por Deschamps, se adormiló con el somnoliento juego de sus compañeros; así que cuando el balón le llegó, apenas lo vio. Tuvo que irse al suelo para controlarlo, pero lo que quiso ser un pase a Piqué se convirtió en un despeje al centro de la defensa. Justo donde estaba Rodrigo, el pillo de la clase, el listo del Valencia, que no le tembló la pierna para regatear a Cillessen en el uno contra uno y marcar a placer. La grada del Valencia enloqueció. Piqué se llevó las manos a la cabeza y Messi escupió de indignación. Se veía venir. Pero es que el castigo a la desgana no terminó ahí. Porque Marcelino tenía a pares justo algo que le faltaba a la plantilla de Valverde: delanteros. Y Gameiro se sumó a la fiesta del primer tiempo.

Porque si bien en defensa los de Mestalla fueron intratables, en ataque vivieron de los errores del rival. Y el Barcelona ayer tenía regalos de sobra. Así que Busquets falló lo que casi nunca suele fallar y Paulista le robó la cartera, alzó la cabeza y lo vio claro. Pase en largo a la carrera de Gayá, que controló como los ángeles y cedió a Gameiro. El delantero vio por el retrovisor que Jordi Alba aceleraba, así que pisó la pelota y le esperó. Supo que el lateral se iba a pasar de frenada y, cuando sucedió, soltó la pierna para hacer el segundo ante un Cillessen al que se le hizo grande la portería del Barcelona.

Cambios tardíos La segunda parte comenzó con 0-2 en el marcador y con Valverde moviendo banquillo. Rectificó con la entrada de Vidal y Malcom y el Barça volvió a latir. Messi volvió a ser Messi y el peligro se instaló en la portería de Jaume. Pero ya era tarde, ni siquiera el tanto del argentino en el rechace de un córner pudo compensar los errores defensivos. Y eso que en los últimos diez minutos, el Barcelona pudo forzar la prórroga en varios infartos. Aunque también es cierto que Guedes, solo y a puerta vacía, podía haberles hecho una avería.

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