Del sueño a la pesadilla

El Euskadi-Murias nació en 2014 y en su singladura logró dos etapas de la Vuelta y ser el referente del ciclismo vasco

09.02.2020 | 16:43
Jon Odriozola.

A falta de la extremaunción que daría por finalizada la aventura del Euskadi-Murias, el recorrido del equipo vasco ha servido para subrayar la valentía, la determinación y el arrojo de una idea: devolver el ciclismo vasco al escaparate. La traumática desaparición del Euskaltel-Euskadi, icono, símbolo y banderín de enganche del ciclismo vasco y de la afición, generó un vacío que el Euskadi-Murias, entusiasta y rebelde, cubrió con dignidad. La formación, humilde en su génesis, nació en 2014 bajo la batuta de Jon Odriozola, la cabeza visible del proyecto, y el respaldo de la empresa Murias, que ha apostado con fuerza por dar estabilidad al equipo y promover de esta manera una formación que rescató en buena medida al ciclismo vasco. El Euskadi-Murias, que disputó su primera carrera en la Challenge de Mallorca de 2015, ha servido de correa de transmisión y de trampolín para impulsar a numerosos corredores, la mayoría de Euskal Herria, que de otra modo difícilmente encontrarían acomodo en el profesionalismo.

Aunque desde la modestia, en el Euskadi-Murias siempre contemplaron la idea de crecer. El equipo fue ambicioso desde sus inicios a pesar de los imponderables; la ausencia de un soporte económico poderoso que empujara la determinación de sus corredores. Imanol Estévez logró el primer triunfo del equipo en marzo de 2016. Ese logro otorgó visibilidad a un proyecto serio que enraizó en el humus del ciclismo a base de trabajo, orgullo y esfuerzo. Sobre esa arquitectura, encolumnados tras una misión, se expandió el Euskadi-Murias, que permaneció tres campañas en la categoría Continental antes de saltar a Continental Profesional. Era el paso necesario.

Después de agotar la etapa como formación Continental, el Euskadi-Murias elevó el listón. Sin apoyo institucional, reclamado en numerosas ocasiones, el Eukadi-Murias continuó adelante contra viento y marea. En esos dos cursos sobresalen las victorias logradas en la Vuelta. En su primera grande, Óscar Rodríguez tocó el cielo con un triunfo estruendoso en La Camperona. Eso ocurrió el pasado año, en el que el conjunto vasco también se hizo con el Tour de Turquía, una cita de categoría WorldTour. Si en lo deportivo el rendimiento del equipo era tremendamente satisfactorio, el músculo financiero siempre fue el quebradero de cabeza para la estructura. El notable rendimiento deportivo no ha encontrado su reflejo en el apoyo financiero necesario. La idea de fusión con la Fundación Euskadi tampoco prosperó. En agosto la situación era delicada, pero pareció subsanarse durante la Vuelta. El triunfo de Mikel Iturria en Urdax contenía un mensaje de esperanza, así como el discurso de la cena de cierre de la Vuelta. Sin embargo, la imposibilidad de cerrar un patrocinador pondría punto final a la bella e intensa historia del Euskadi-Murias.