La virtud de la sencillez

09.03.2020 | 01:37
Jonathan Rousselle se dispone a dejar una bandeja en el aro del Monbus Obradoiro.

El Bilbao Basket sigue explotando su atractiva propuesta para conseguir que el rendimiento colectivo no se resienta y sumar victorias, incluso cuando hay que incorporar a toda prisa a dos nuevos jugadores

EN pocas ocasiones el público de Miribilla habrá disfrutado una victoria tanto como la de ayer. No porque sirviera para celebrar el vigésimo aniversario de la creación del club, sino porque volvió a dejar claro que este Bilbao Basket escribe la palabra equipo con letras mayúsculas, esté quien esté en la cancha. Los hombres de negro ofrecieron ayer una actuación impecable desde el primer minuto en las dos mitades de la cancha, algo que no suele ocurrir muy a menudo, y lograron una contundente victoria ante un rival como el Obradoiro que siempre es incómodo. En los cuartos impares los de Álex Mumbrú amasaron una diferencia de 34 puntos y aunque cedieron los otros dos nunca estuvieron por detrás en el marcador.

Las prestaciones ofensivas del Bilbao Basket para rozar el centenar de puntos no sorprendieron porque en los partidos de casa promedia casi 87 puntos por partido. Sí fue significativo que todos los jugadores, salvo Tomeu Rigo, aportaran puntos sin que ninguno tuviera que jugar más de 23 minutos y medio ni acaparar demasiadas posesiones. Había dudas y un cierto temor a cómo iba a compensar el equipo los 30 puntos que perdió al quedarse sin Brown y Bouteille. Pues la respuesta llegó gracias a que Tyler Haws y Quentin Serron sumaron 22 sin que se notara que llevan menos de un mes junto a sus compañeros. Tiraron cuando debían hacerlo y lo hicieron con buenos porcentajes.

El Bilbao Basket juega un baloncesto sencillo, coloca a sus jugadores en posiciones idóneas y eso ayuda a que los nuevos puedan sentirse cómodos y confiados y acelerar su adaptación. El estadounidense y el belga no son estrellas, pero el colectivo les puede arropar y hacer brillar en lo que queda de temporada. Mumbrú no ha tardado en buscar alternativas y se confirmó que Sergio Rodríguez va a ser una opción más habitual en el poste bajo al modo de lo que el técnico era cuando estaba en activo, que Emir Sulejmanovic recibirá más balones cerca del aro y que Rousselle también tiene licencia para explotar su velocidad en situaciones de llegada.

En definitiva, todos tienen sus oportunidades de anotar y la orden de no renunciar a cualquier tiro en buena posición siempre que pongan el máximo esfuerzo en la cancha. Iván Cruz, el último en aparecer ayer en el parqué, mostró que ese mensaje está grabado a fuego en la plantilla al no renunciar a correr un par de contraataques que le permitieron sumar cuatro puntos cuando el partido ya estaba sentenciado. Esa energía, ese deseo de reivindicarse como grupo por encima de individualidades, por más brillantes que estas hayan sido, se manifestó en el excelente trabajo defensivo que hizo ayer el Bilbao Basket y que marcó la diferencia.

intensidad y dureza Ante un equipo como el Obradoiro es fundamental pasar los bloqueos con intensidad y dureza para no conceder tiempo a sus tiradores para armar el brazo ni dejar espacios a las continuaciones de los bloqueadores. Cada jugador tuvo muy clara su responsabilidad individual y así dos piezas claves en el ataque de los gallegos como Fletcher Magee y Dejan Kravic quedaron inéditas. Cuando Moncho Fernández colocó tres grandes en cancha y quiso jugar un triple poste de otros tiempos para buscar la ventaja de tamaño, la defensa del Bilbao Basket estuvo firme en el uso del cuerpo y en las ayudas para proteger la zona y asegurar los rebotes. En el segundo cuarto, con la aparición de Kostas Vasileiadis y una acumulación de errores en el banco local, fue cuando el Obradoiro estuvo más cerca, pero enseguida los hombres de negro, sobrados de confianza, recuperaron el control para lanzarse a por la victoria a un ritmo inalcanzable para su rival.

Total, que ya son catorce victorias las que lucen en el casillero del Bilbao Basket y que le colocan tan cerca del tercer puesto como del noveno y con las aspiraciones de jugar el play-off intactas. Si algún seguidor tenía la tentación de dejar de creer, deberá abandonar esa idea porque su equipo va a seguir dando que hablar y no va a ser sencillo descabalgarle en la que ya es una de las mejores temporadas del equipo en sus veinte años de historia, sobre todo si se tienen en cuenta los recursos disponibles. Tiene mucho mérito seguir ganando cuando casi todo el mundo piensa que va a ocurrir lo contrario.

Todos los jugadores tienen sus oportunidades para anotar y la orden de no renunciar a cualquier tiro en buena posición

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