Visto lo visto ¿es Europa un objetivo para el Athletic?
Liberado de amenazas en la clasificación, no solo se presta a la duda que el equipo esté en condiciones de aspirar a una plaza continental sino también que lograrla sea conveniente
Una vez certificada la victoria a costa de Osasuna, queda una sensación un tanto extraña y quizá sea por culpa del desproporcionado tratamiento dispensado al partido en las vísperas. Era evidente que la obtención de los tres puntos otorgaba una notable dosis de tranquilidad, pero el resultado, fuese el que fuese, en absoluto podía catalogarse de decisivo para la suerte del Athletic. Por dos razones: su posición en la tabla no era desesperada y el calendario incluía la celebración de seis jornadas más, quedaban pues otros 18 puntos por disputar. En fin, que los condicionantes que rodeaban al derbi no daban para catalogarlo de final, término muy sobado en el fútbol actual.
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Desde luego, la coyuntura sugería la conveniencia de ganar, aquí no hay discusión posible, es mejor caminar sin lastres, pero el mundo no se acababa si el desenlace era distinto al ideal. Por eso, estaba plenamente justificado analizar desde la perplejidad el cúmulo de iniciativas adoptadas desde el club en su intento por asegurarse un ambiente caldeado en San Mamés. La campaña de concienciación empezó tocando el bolsillo (con descuentos), siguió apelando a las esencias e historia rojiblancas y culminó con un mensaje institucional a cargo del reelegido presidente. Sus promotores dirán que fue un completo éxito.
El solitario gol de Guruzeta ratificaría dicha conclusión, aunque nadie podrá negar que el encuentro supuso una nueva ración de fútbol sin gracia, sudor a chorros, estrecheces, nervios, bajo nivel propio y ajeno, y la enésima demostración de la calidad individual de Simón. Su único problema a lo largo de la temporada ha radicado en el déficit de colaboración del colectivo un día sí y otro también, y la nefasta estadística a que ha dado pie semejante dinámica.
El primer tiempo fue de mínimos, con Osasuna insistiendo en hacer el gamba y el Athletic aferrado a su concentración para funcionar coralmente en tareas de contención. El segundo, de máximos, pero de incertidumbre y agitación por el lento correr del cronómetro. El Athletic extravió el control ejercido previamente, agarrotado por esos miedos alimentados los días anteriores (ni las charlas de caseta en Lezama confesadas por el entrenador sirvieron de antídoto) y menos mal que, portero aparte, el rival no estuvo fino y, pese a que la impresión acaso fuese distinta, con su impericia colaboró bastante para que la exigua ventaja local permaneciese intacta.
Así las cosas, habría llegado el momento de despejar una incógnita que no podía abordarse antes, pero ya con los 41 puntos en el saco resulta oportuno preguntarse: ¿y ahora qué? Eliminada del debate toda la parte enfocada a dudar y asustarse de los peligros clasificatorios que amenazaban a su espalda, falta por dilucidar si el Athletic va a mirar en serio hacia Europa, a las plazas que dan acceso a Europa, se entiende.
Sancet paga su mala temporada
La respuesta se irá contestando sola, a medida que se vayan consumiendo jornadas. Se entiende que las más inminentes porque sin una línea constante de puntuación en las visitas al Atlético de Madrid y el Alavés y en el cruce con el Valencia en casa, la posibilidad de enlazar un tercer año en el continente se presume complicada.
Es ridículo obviar que este Athletic no transmite señales que inviten a pensar en un premio de fin de curso. Sin embargo, a estas alturas del campeonato y no únicamente porque así lo permitan las matemáticas, que tenga sentido o, si se prefiere, sea viable colarse en el cuadro de honor de la división, demuestra que Europa está baratísima. Más que nunca.
Descartado que se pueda echar el lazo a los cinco primeros (el Betis figura quinto y se halla a ocho puntos de distancia), los otros equipos que anteceden al Athletic estarían a tiro. Pero estos cálculos solo podrían tomarse en serio a partir de que el comportamiento propio experimente un cambio sustancial. Sería preciso que en pleno esprint final los rojiblancos actúen con la convicción y el acierto que desde septiembre apenas han asomado en fechas sueltas o en fases esporádicas de algunos encuentros.
La cuestión a dilucidar es si, a punto de entrar en mayo, mentalmente está la plantilla en condiciones de modificar el paso y, recién diluidos los apuros, ponerse a pensar en grande. Porque eso de querer es poder, como eslogan sonará precioso en un cursillo o una terapia, pero aquí el asunto va de fútbol y de inercias negativas que ni el entrenador ni la plantilla, todos juntos, han podido alterar, siendo ellos los más interesados en ganar todos los partidos.
Y quedaría una tercera interrogante: ¿hasta qué punto interesa que el equipo regrese a Europa tras lo visto en la vigente campaña? Hombre, por la pasta gansa que conlleva, seguro que sí, pero por lo demás no estaría tan claro el beneficio. Encima de la mesa se acumula un número considerable de aspectos a revisar o, directamente, modificar.
