Ezkurdia 22-16 Altuna

Iruñea - En el caos y en el vacío creció Joseba Ezkurdia como pelotari. Y en mitad del frontón Navarra Arena, engalanado con un vestido con faltas, pues se dejaron de vender cerca de 500 entradas para la final del Cuatro y Medio, volvió a reinar. En el maremoto, cuando la cátedra auguraba un trabajo a contrapelo -se cantaron posturas de doble a sencillo a favor de Jokin Altuna-, con el viento en contra, el de Arbizu, campeón en curso del acotado, se convirtió en un junco en el ventarrón, que se dobla pero jamás se doblega, que se mueve, que soporta el vendaval, pero que no se rompe. Nunca. No hay huracán para el gigante Ezkurdia. No hay terremoto que le inquiete. Menos aún cuando la tormenta barre también a un adversario como Altuna III, atado e incómodo durante toda la final, desconocido después de transitar por el Olimpo en un campeonato en el que coleccionó exhibiciones. Pero el pasado, que sirve para engordar las estadísticas y la confianza en las tablas de contracancha, no vale la lana. Ezkurdia, víctima antes del lanzamiento de la chapa, se convirtió en una atalaya dúctil y efectiva, pues su físico, sobre todo en el tramo final, fue lo que marco la diferencia en un encuentro que rozó los 300 pelotazos. Ezkurdia poderoso. Todos los tantos duros fueron a parar a manos del arbizuarra y se adaptó en los momentos de incertidumbre. Ambición. Un detalle: con 15-12 en el luminoso, Altuna III boqueó y Ezkurdia argumentó con piernas de maratoniano. Lo que vino después fue un martillo pilón. La txapela se dirimió en el yunque de Ezkurdia, que era un lobo con piel de cordero.

El físico de Joseba, providencial, marcó el devenir del partido, mientras el mágico Altuna perdía el norte y la chistera. La cuestión es que, a pesar de la pimienta de los primeros compases, donde se coleccionaron igualadas hasta el duodécimo cartón, el delantero de Amezketa naufragó y no encontró la belleza de su esencia de arquitecto funambulista, capaz de dotar de arte efímero cualquier pelotazo cerca del frontis. Atado y espeso, sin la alegría de su juego, asomó sin veneno ante un manista hecho a sí mismo. No fue capaz de darle velocidad al cuero y sucumbió.

Ezkurdia volvió a completar el sueño americano. Ezkurdia ganó su segunda txapela del Cuatro y Medio como profesional. Ezkurdia resistió las dudas, los instantes de zozobra. Ezkurdia se encontró en el espejo. Ezkurdia abandonó el diván. Ezkurdia es un titán. Ezkurdia rompió los pronósticos. Ezkurdia es el nuevo leviatán de la jaula. ¡Aquí estoy yo!

Ocurre que la mayor diferencia radicó en que Joseba se arrulló en el ritmo con unos pulmones como castillos. “Físicamente me sentía muy bien”, desvela. Su juego fue un soplo de furia. Su entereza le ayudó a sumar. Su camino se asfaltó de sueños y pisó realidades. Encontró el orden en el caos. Ya no hay agujeros negros. Ezkurdia conquistó el infinito a pesar de comenzar las hostilidades con un 0-3 en contra. Joseba le dio la vuelta. Estuvo tímido quizás en la creación entonces, pero solvente a la hora de defender cualquier embestida de Jokin, con el colmillo romo. El de Arbizu contrarrestó el inicio en ventaja de Altuna III con una tacada de seis tantos, duros, que anunció nubarrones de tormenta sobre el firmamento de Amezketa. El cielo puede esperar. Ezkurdia, no. Va a todo correr.

Una falta de saque del navarro devolvió la pelota a Jokin, quien, entrando en el cuerpo a cuerpo, no fue capaz de firmar una actuación de arte y ensayo, pero se enzarzó en una perpetua batalla por ocupar el centro de la cancha. Ese leit-motiv acompañó a ambos pelotaris en toda la contienda, pero fue el de Sakana el que terminó creciendo hasta límites insospechados a largo plazo. Un voleón de Ezkurdia puso el 7-5 y Jokin alumbró la reacción. El amezketarra talló un tanto de escuadra y cartabón y puso a su rival a bailar de lado a lado. Aun así, le costó terminar. Mala señal para un artista. Joseba se tragó un saque, dos saque-remates y cometió un error. En el 7-10 no parecía que Altuna III estaba confiado y con el dominio de la distancia. El 8-10 comenzó a marcar el viraje definitivo del partido. Pronto. Ezkurdia exprimió la volea, impuso la violencia y Jokin sufrió. Igualaron en el tanto diez y en el tanto once. Altuna III tuvo que hacerlo todo perfecto para llegar en ventaja al primer parón largo (11-12).

Al paso por el vestuario, Ezkurdia cambió el gesto. Altuna echó un zurdazo arriba y Joseba no perdonó. Puso en marcha el martillo pilón. Según se iba alargando la contienda, el de Arbizu dio un paso adelante. Se adueñó del centro de la cancha, convenció con un físico enorme y generó el desplome de su rival, quien se tornó un títere en las manos poderosas del bicampeón. Con todo, tras el 16-12, dos saques consecutivos de llevar de Altuna metieron el miedo en el cuerpo al navarro, al que no abrasó la presión. Tras el segundo descanso largo, al que se llegó con la volea de Ezkurdia rompiendo el frontis, incómodo Altuna, Joseba impuso su fortaleza con una tacada fabulosa. El poder de Ezkurdia. Directo a la txapela. Directo a la pléyade de manistas en el Cuatro y Medio. ¡Ya está! Él mismo dijo que era la final de la consagración.